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EDITORIAL

 
Columna

El Metrobús, un proyecto fallido

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ

El flamante teleférico de Torreón sigue campante volando a diario sobre una porción del cielo de Torreón, luego de superar un largo aplazamiento de la fecha de su inauguración, lo cual generó sospechosismo ante la posibilidad de que hubiera fallas en el mecanismo y su instalación y la necesidad técnica de corregirlas a tiempo. Se confirmó que fueron otras las causas de la demora, y finalmente el aparato remontó el vuelo, un vuelo que va de abajo a arriba y de arriba abajo en línea recta de mil 437.5 metros, alcanzando una altura de 150 metros a una velocidad de cinco metros por segundo, sin más atractivo que los feos techos Y los viejos y antiestéticos edificios y casonas de la calle Treviño y arterias colaterales; las avenidas presidente Carranza, Hidalgo y Juárez, las vías del ferrocarril, la colonia la Nueva Aceitera y las torres tóxicas de la Peñoles. Pero no hubo fallas y el teleférico es hoy por hoy un balcón que invita al relajamiento. En cambio, el metrobús, un soñado transporte alternativo de mayor alcance interurbano, no despega y como proyecto, sigue varado en tierra. Dan pena sus penurias.

El teleférico nació entre desaprobaciones y aprobaciones, unos dijeron que se trataba de una mala idea, de una idiotez o de una indeseada muestra de las colonias desatendidas que se encuentran a su paso. ¿Y el drenaje pluvial? Se preguntaron otros y algunos cuantos se pronunciaron por la instalación de un zoológico, de un gran parque de diversiones y una fábrica armadora de automóviles, en lugar del teleférico. La seguridad del artefacto también quedó en duda, pues en los planes iniciales nunca se habló de ella.

Hechizado por el confinamiento virulento y desde mi casa en la colonia El Campestre de Gómez Palacio, mi ciudad donde el teleférico es pura ilusión, elaboré un plan B, clave del manual que previene con tiempo en el caso del teleférico, accidentes inesperados en el aire como serían el atascamiento de poleas por falta de grasas y aceites, desplazamiento de los cables provocado por turbulencias eólicas, apagones, bamboleos y paros sorpresivos a mitad de camino, sin descartar el agotamiento de los boletos por sobrecupo, la infaltable reventa en la estación terminal del Cerro de las Noas con la llegada de la noche, todo esto en el remoto caso de que el mentado teleférico se vuelva un transporte conurbado.

Y para los náufragos en las alturas, propone (el plan B) cursos de alpinismo para que puedan bajar con pies y uñas del cerro de las Noas o del cerro de Calabazas, otra terminal sugerida allende el Nazas cada vez que el teleférico suspenda sus operaciones por fallas imprevistas y se quede a medio camino del recorrido, ya sea de ida, ya sea de vuelta. Añoro, con esta última cita, al desaparecido tranvía eléctrico que ofrecía en tierra paisajes verdes, agrestes y serranos, con el rio Nazas como joya de esa belleza natural protegida por el Cerro de las Calabazas y más arriba por el Cañón de Fernández.

El plan B aborda a fondo el beneficio utilitario que tendría el teleférico como transporte de alcance regional -más tarde que temprano lo adoptarían Matamoros, San Pedro de las Colonias, Viesca, Gómez Palacio y Lerdo, digo, llevando y trayendo gente y carga entre las ciudades referidas principalmente a los automovilistas que se ponen nerviosos con los temerarios repartidores de pizzas y gorditas de chicharrón que corren en sus motocicletas como almas que le huyen al diablo, de los traileros que espantan en los libramientos de la periferia con sus monstruos de doble carga, los taxistas que se adueñan de las calles, los ciclistas que aparecen como fantasmas por el costado derecho de los vehículos y los atiborramientos de las vialidades urbanas en las temporadas del Buen Fin, los desfiles del 20 de noviembre, las peregrinaciones guadalupanas que comienzan con un mes de anticipación, las pre navideñas y vísperas de Año Nuevo. Los humos tóxicos que despiden los corroídos motores de los autobuses de Transportes del Nazas y Moctezuma, serían cosa del pasado. ¿Y Los gases de la Metalúrgica?...

Los laguneros contarían como una opción de transporte aéreo entre Lerdo, Gómez Palacio y Torreón, y por tierra el decantado metrobús, pero este último proyecto no arranca; sigue sumido en el injusto sueño de la imaginación. El autobús metropolitano que se menciona, igualito que el tranvía haría recorridos alrededor del cinturón conurbado y los potenciales usuarios prescindirían, sobre todo las damas de buen ver, de los truculentos uber. Por desgracia, el metrobús ya es un fantasma, con seis aplazamientos que ponen en duda su existencia. La propuesta del teleférico conurbado que nos lleve y nos traiga de Torreón a Lerdo y de Lerdo a Torreón, como idea no tiene cabellos, en fin...

Por su parte, los observadores de la plaza de armas de Torreón dudan que las autoridades de Torreón se unan con las de Gómez Palacio y Lerdo en la instalación de tranvías silentes y deslizantes en el espacio lagunero con todo y su cacareada conurbación. "Ni las manos metieron cuando desmantelaron el viejo tranvía que pudo haber sido conservado como reliquia utilitaria", reprocharon ex tranviarios incrustados en el grupo de filósofos banqueteros. En el ya fantasmagórico metrobús pasa lo mismo. 2021 acabó ya y los hermanos laguneros no se preocupan por revivirlo. ¿Se imaginan los lectores un estado de la Laguna, con teleféricos, metrobuses y tranvías? ¿Con autobuses del año cuyos choferes, limpios y peinados, harían el alto total para que los pasajeros suban o bajen sin prisas ni zangoloteos? ¿Sin patrullas de tránsito que esquilman a los paisanos que llegan año con año de EU? ¿A los ciudadanos propios y extraños? ¿Repartidores con conciencia vial?, ¿Reducción de accidentes? ¿Una movilidad más sustentable? Pero este es otro cuento.

En sus delirios los cegatones comentaristas brincaron de júbilo cuando sintieron sobre sus cabezas el vuelo de nubes cirrocúmulos que confundieron con un teleférico que enfilaba hacia la Ciudad Jardín. -¡Ya hay transporte aéreo!, dijeron e intercambiaron abrazos. "Aquella góndola transporta costales de papas y naranjas en redes; esta otra lleva lechugas y tomate; la de adelante quesos, cremas y leche de vaca con todo y vaca; seguro se dirigen al mercado Donato Guerra de Lerdo" "Y miren, miren, el metrobús descargando gente, con vinos y campechanas de Parras de la Fuente " y así, por el mismo estilo, fantasearon los jubilados de la plaza de armas. A la distancia, las proyectadas terminales del metrobús se elevan al cielo como un ingrato recuerdo de un malogrado plan de enlace camioneril conurbado. El teleférico de Torreón no podrá hacerlo; está confinado a su entorno exclusivamente semi urbano e interno y su misión no va más allá de sus cables rectos, directos, cortos y encapsulados, en una ruta que no admite desvaríos, es decir, desviaciones. (Ya estoy desvariando)

Escrito en: Metrobús Laguna teleférico, transporte, Torreón, metrobús

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