EDITORIAL

A la ciudadanía

El desabasto de agua se normaliza

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ

Durante estos últimos días realicé un ejercicio de encuesta aleatoria entre varias personas que circulaban por alguna calle, pasillo de mercado, oficina o plaza pública. Les hice tres preguntas: ¿sabe usted de donde proviene el agua que se le suministra por la llave de su vivienda? ¿sabe porque no sale agua, se la tandean o solo emana un chorrito de esa llave? ¿sabe cuál es la causa de este desabasto de agua? Aunque no es una encuesta basada en criterios estadísticos sobre los cuales se pueda inferir a una determinada población, me sorprende que la mayor parte de los entrevistados coincidían en sus respuestas.

Sobre la primera pregunta la mayor parte de las personas contestaron que el agua que se les provee en sus viviendas es bombeada de pozos que manejan el SIMAS o SIDEAPA (la encuesta se realizó en las ciudades de Torreón y Gómez Palacio). En la segunda pregunta las respuestas fueron más variadas, pero la mayor parte de los entrevistados dijeron que la poca, nula o casi nula agua que sale de sus llaves se debe a que las mangueras o redes de distribución de agua de las ciudades tienen fugas porque no las reponen, o porque el agua que se extrae de esos pozos se agota muy pronto y tienen que perforar nuevos que tendrán una suerte similar a los que caducan.

En la tercera pregunta también se dieron respuestas variadas, aun así, la percepción de las personas que habitamos en estas dos ciudades de la zona metropolitana indica que ya identifican la situación en que se encuentra la fuente de agua de la que se les suministra a sus viviendas, oficinas o locales comerciales: el agotamiento del agua del subsuelo porque se están extrayendo mayores volúmenes que los que se recarga, es decir, que se está sobreexplotando el agua de los acuíferos.

Si bien cualquier estudio sobre las percepciones que tienen las personas entrevistadas debe responder a criterios de probabilidad estadística, creo que las respuestas que dieron quienes contestaron estas preguntas no está alejada de la realidad, la gente, o una gran parte de los laguneros que aquí residimos nos damos cuenta que la crisis de agua responde a un mal manejo de los volúmenes almacenados en el subsuelo. El estrés que surge del desabasto como manifestación de esta crisis, provoca la inevitable reacción de molestarse y protestar, reacción entendible y justificable desde cualquier lado que se le vea.

Si bien no toda la gente sabe que en México el acceso al agua en cantidad y calidad suficiente es un derecho humano contenido en nuestra Constitución Política y la legislación en la materia, el simple hecho de que se te niegue ese acceso te provoca estrés: no tener agua para las labores domésticas básicas te hace sentir que viven en condiciones precarias, y de acuerdo a tu condición socio-económica serán las dificultades que tendrás para enfrentar y resolver ese desabasto.

Esta precariedad se suma a la ya crónica situación que enfrentamos desde hace medio siglo: la del agua contaminada con arsénico y flúor, agua de mala calidad que no podemos ingerir porque afecta nuestra salud, provoca padecimientos que incluso pueden ser letales, como el cáncer. Durante todo ese tiempo, por la fuerza de las circunstancias, nos acostumbramos a comprar agua embotellada, lo que ha sido una omisión del Estado mexicano de proveernos agua potable se ha convertido en una situación "normalizada", algo común en el día a día, y ahora parece que debemos acostumbrarnos al desabasto, a que con algo de suerte se nos suministre agua con pipas que envían los gobiernos municipales, o si tenemos capacidad económica adquirirlas con nuestro propio dinero, sin que por ello dejemos de pagar el recibo cada mes.

La crisis de agua que padecemos los laguneros, sobre todo durante los meses de primavera y parte del verano en que se eleva la temperatura y se incrementa la demanda, parece ser ya una constante, un hecho normal, la cual se espera mitigar al empezar a operar la potabilizadora que construye el gobierno federal con el programa Agua Saludable.

Sin embargo, debemos tener claro cuando menos dos cosas: por un lado, Agua Saludable es un programa que, esperemos, suministre agua al 1.6 millones de habitantes que hoy vivimos en la Comarca Lagunera y los 2.0 millones que viviremos en los próximos veinticinco años para los cuales fue diseñado, el cual, algunos creemos que no se debe basar solo en extraer agua de las presas porque ante una sequía nos sucederá algo similar a lo que ocurre en Monterrey, sino que sería más conveniente combine como fuente de abasto además del agua superficial almacenada en esos embalses, agua subterránea bombeada del subsuelo.

Por el otro, apostar solo a esta alternativa sin resolver el problema de la sobreexplotación de los acuíferos es muy riesgoso para la economía y la vida de la población, no solo por las posibles sequías que devengan en el futuro que limitarán la disponibilidad del agua superficial almacenada en las presas, sino porque debemos frenar ya de manera urgente la sobreexplotación para recuperar el agua almacenada en el subsuelo y crea reservas de agua para el futuro, la mejor forma de adaptarnos y mitigar los impactos que nos anuncia el cambio climático.

Los laguneros debemos ver en un horizonte con mayor longitud de tiempo, asegurar ese futuro que otras regiones o metrópolis norteñas ven nebuloso, pero para ello debemos cambiar el uso insostenible que hoy realizamos del agua, y no que lo normal sea que el agua disponible que nos ofrece la naturaleza sea escasa o contaminada como sucede hoy en día.

Escrito en: Gerardo Jiménez Editorial Gerardo Jiménez A la ciudadanía agua, debemos, solo, mayor

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