EDITORIAL

No hagas cosas buenas...

El clima

ENRIQUE IRAZOQUI

Claro que en La Laguna todos miramos de reojo lo que está sucediendo en la zona metropolitana de Monterrey respecto al agua. Esa grandiosa ciudad-estado que es Monterrey con sus municipios conurbados como Santa Catarina, Guadalupe, y el propio y rico San Pedro Garza García y otros tantos municipios parece que mueren de sed.

La realidad es que claro que los neoleoneses no se están muriendo por falta que agua que les falta para beber. Lo que es una realidad es que Monterrey con todos sus millones no está recordando a todos los mexicanos que la sequía del hemisferio norte, provocada o no por la deforestación y miles de acciones que nos han conducido al cambio global del clima, nos empieza a sacudir con toda la razón.

Hoy parece que va dependiendo de qué importan si a la raza de Monterrey y a su folclórico gobernador si ya encontró un yacimiento de agua potable para sus gobernados en esta profunda crisis de escasez de servicio de agua su población se quiera o no. El tema es que si ya les llegó a nuestros hermanos vecinos, irremediablemente nos llegará a todos.

El asunto de la sequía global no está en apariencia cayendo a los laguneros. Quien no se quiera dar cuenta la presa Lázaro Cárdenas -El Palmito, en el municipio de Indé, Durango- ronda hoy debajo de su almacenaje menos de 800 millones de metros cúbicos, apenas el 25% de su capacidad de su almacenaje regular, que ni siquiera alcanzaría a un ciclo agrícola regular, más penas la lastimosa acumulación de agua que tiene la presa reguladora de la Francisco Zarco, son claras señales que el cambio climático, y la sequía que consigo trae es para todos.

Con estos apenas pocos datos, lo que en estas líneas se pretende comentar es que La Laguna, más que como todo el hemisferio norte, estamos en mayor o en menor medida, pagando las consecuencias de lo que el ser humano ha hecho con nuestro ambiente. Si alguien tiene duda del cambio climático en el mundo, que se salga en esta tierra lo que estamos viviendo.

Ya no importan la carretada de memes que todo el mundo hace de Monterrey y de su carecían de agua. Las presas de El Cuchillo, La Boca y Cerro Prieto están en sus embalses casi extintas para saciar la gran urbe Monterrey y sus municipios conurbados.

Lo que preocupa y debe de ocupar es el gasto irresponsable del agua superficial que termina acumulándose en las presas; o el volumen de agua que se puede extraer del subsuelo sin dañar el equilibrio del medio ambiente y la legislación vigente, supere decididamente el equilibrio de lo que que debe captarse y lo que se tiene que entregar.

El llamado al final de cuentas es muy claro. Contamos con un subsuelo que suele según los estudios en la materia aceptados, se le extraen entre mil millones y mil cien millones de metros cúbicos anuales, mientras que las estimaciones por recarga de los mantos donde se extraen eso miles de metros cúbicos de volumen son aprovechados en la región.

El asunto está muy claro. Si alguien piensa que Agua Futura, el proyecto de mayor envergadura que jamás siquiera se ha planteado para la zona independientemente de su original filias o encono políticos.

Lo que cuenta ahora es señalar que el desequilibrio mundial económico ha llegado para quedarse, y que es menester aprender a vivir con ello. La sequía de hoy apenas es una lección de lo que como humanidad hemos hecho, y que si no trabajamos fuerte, la desolación ambiental más pronto que tarde nos golpeará.

En el corto es que llueva en la región, porque en caso contrario que no caigan las precipitaciones debidas, o sea que no llueva, pronto en carne propia los laguneros viviremos lo que hemos hecho con el clima.

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