EDITORIAL

Columna

De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA

"Cuando un pobre no trabaja dicen que es porque es güevón. Cuando un rico no trabaja dicen que es porque está deprimido. Pos yo voy de deprimido pa' güevón que vuelo". Eso declara un cierto amigo mío, acomodado en vías de desacomodarse. En efecto: será la pandemia, será Putin, será Wall Street, será el sereno, pero lo cierto es que en estos últimos tres años casi todos los mexicanos nos hemos empobrecido. El costo de la vida se ha elevado considerablemente; padecemos una carestía general a la que  no dudo en aplicar el calificativo de feroz, aunque se enoje. Tengo amigos empresarios y amigos proletarios, y con ambos platico muy sabroso. Ya lo dice el antiguo proverbio castellano: "Vino viejo qué beber. Leña vieja qué quemar. Viejos libros qué leer. Viejos amigos para conversar". En nuestras charlas mis amigos coinciden en decir que hemos pasado crisis graves, pero ninguna como la que vivimos ahora, pues en ella se conjugan virus, inseguridad y problemas económicos con un régimen de caudillismo errático. Lo peor de todo es que tenemos Morena para rato, a pesar de que el morenismo acaba de mostrarse como el cochinero que es. Se necesitan ciudadanos con educación y cultura para detectar a un líder populista y con visos de dictatorial, y la inmensa mayoría de los mexicanos carecen de esos dones. Por eso han hecho un ídolo de López Obrador; por eso y por las dádivas en dinero que de él reciben. No se dan cuenta de que lo que les da lo pierden con la carestía y la inflación. Como en el lloroso tango -todos los tangos son llorosos; si no lo fueran no serían tangos- vamos cuesta abajo y de rodada. Compadezcamos a este infeliz joven, Meñico Maldotado. Madre madrastra -la expresión es de Neruda- fue para él la naturaleza, pues lo dotó paupérrimamente en la región de la entrepierna. Esa minusvalía, sin embargo, no fue óbice para que encontrara novia y la desposara. La noche de las bodas él se puso frente a su dulcinea, que lo esperaba ya en el tálamo nupcial, y dejó caer la bata de popelina verde que para el efecto le había confeccionado su mamá en la Singer. Lo novia vio a su maridito y exclamó. "¡Caramba! ¡Ojalá haya algo bueno en la tele!". (Por fortuna era domingo, y había dos excelentes programas: "Domingos Herdez" y "Estudiantinas que estudian"). El señor llegó de un viaje y se encontró con que su señora no estaba en la casa. Le preguntó a la mucama: "¿Salió de compras?". Respondió la fámula: "Por la forma en que iba vestida yo creo que más bien salió de ventas". Terminó uno más de los trances amorosos, y el Lobo Feroz le hizo una sincera confesión a  la guapa Caperucita Roja: "No voy a negarlo, linda: alguna vez sentí la tentación de comerte. Pero luego creciste y.". Dos tipos bebían en el Bar Ahúnda. Le preguntó uno al otro: "¿Por qué nunca te casaste?". Relató el otro: "Tuve una novia. Pero cuando andaba yo ebrio a ella no le atraía casarse conmigo, y cuando andaba sobrio a mí no me  atraía casarme con ella". Avaricio Cenaoscuras es el hombre más cicatero y ruin de la comarca. En cierta ocasión su esposa le sugirió tímidamente: "A ver qué día de estos vamos a comer por ahí". "¡Insensata! -clamó el cutre-. ¡Por ahí no se come!". Don Trisagio y doña Letanita, esposos, se hallaban en el Cielo, pues ambos fueron en vida buenos y devotos. Estaban juntos en la morada celestial, con su aureola y sus alas, cuando pasó frente a ellos una angelita de esculturales formas. De inmediato se le cayó la aureola a don Trisagio y sus alas se pusieron más firmes y elevadas. Doña Letanita le dijo con  tono de reproche: "A mí no me engañas, Tri. Tuviste un mal pensamiento". FIN.

Escrito en: De política y cosas peores será, amigos, pues, vamos

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