EDITORIAL

Columna

Cerrando alternativas

CATALINA PÉREZ CORREA

Hace unas semanas, circuló en redes un video en el que se ve cómo varios carros del Ejército son perseguidos por civiles armados. Los hechos ocurrieron en Nueva Italia, Michoacán, y según algunas notas, se trataba del Cártel Jalisco Nueva Generación. El video causó indignación en redes sociales. Algunas personas denunciaron una política de protección de delincuentes. Otras señalaron que la política de seguridad (que creen aún es "de abrazos, no balazos") es un fracaso y la humillación que significa el evento para el prestigio de la institución. No faltaron tampoco políticos que señalaron el evento como una muestra de debilidad del gobierno, de falta de mano dura en contra de la delincuencia organizada. Ahí está el Ejército, "¿por qué no matan a los delincuentes?", parecían decir.

El presidente respondió defendiendo el actuar de los militares. "¿No le preocupa que en la política de no confrontación (…) estas situaciones se puedan replicar. Y que además hay un mensaje (…) de que pueden hacer lo que quieran y apoderarse de territorios (…)?", le preguntaron en la mañanera. "Tenemos que reconocer la actitud responsable del Ejército en estos tiempos", respondió López Obrador. "Antes eran constantes los enfrentamientos y perdían la vida los integrantes de bandas de delincuentes, también ciudadanos inocentes y soldados y marinos (…) antes era 'mátalos en caliente', y remataban a los heridos. Eran más los muertos en un enfrentamiento, que los heridos y que los detenidos."

El gobierno afirma haber optado por una estrategia que consiste, según sus asesores, en policializar al ejército. Surgen aquí varias preguntas: ¿Funciona esta estrategia para reducir la violencia?, ¿puede el ejército estar desplegado entre la población civil sin usar desproporcionadamente el uso de la fuerza letal?, ¿cómo afecta a la imagen del Ejército esta estrategia?

La verdad de las cosas es que AMLO, como Calderón, apostó por militarizar la seguridad pública. Pero lo hace a escondidas, disfrazando a los militares de policías y escondiéndose detrás del discurso de respeto a los derechos humanos.

Estudio tras estudio ha mostrado que la militarización no funciona. Los datos oficiales sobre Michoacán lo muestran. Según el informe de seguridad del gobierno federal, de enero a marzo se cometieron 756 homicidios en Michoacán, el segundo estado con más homicidios después de Guanajuato. El Estado ha presentado un aumento constante en el número de homicidios, a pesar de estar su seguridad en manos de militares.

Si bien los datos de Sedena muestran una disminución en el número de enfrentamientos, esos datos muestran un aumento en casi todos los indicadores del abuso de la fuerza letal, incluido el índice de letalidad. Las cifras de la CNDH también muestran el aumento de quejas en contra de la Sedena y de la Guardia Nacional. Es decir, los miembros del Ejército que patrullan las calles se comportan a menudo como miembros del Ejército, y no como los policías que el presidente quiere que sean. Tenemos hoy el peor de los mundos: un gobierno que busca hacer permanente la militarización, pero desprestigiando el respeto a los derechos humanos y la desmilitarización con su discurso vacuo. La militarización seguirá llevándonos a los mismo: más violencia, mientras que la desmilitarización habrá quedado descartada sin jamás haber sido intentada. Estamos pisando el acelerador y cerrando las salidas.

Twitter: @cataperezcorrea

Escrito en: editorial CATALINA PÉREZ CORREA editoriales Ejército, seguridad, aumento, política

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