EDITORIAL

columna

Aporofobia y existencia electoral

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ

"Bienaventurado el que no cambia el sueño de su vida por el pan de cada día".

-Facundo Cabral-

"Aporofobia" es un neologismo acuñado por Adela Cortina, insigne filósofa española en 1995 y adoptado por la Real Academia Española en 2017. Significa: "rechazo, aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio". Demarca una tendencia común a inclinarse abiertamente por los mejor situados económica y socialmente, aquellos de quienes podemos obtener algún beneficio; y estigmatiza e ignora a los más vulnerables, a aquellos que no pueden ofrecernos ventaja alguna inmediata.

Adela Cortina, cree que esta patología social es antónima de la reciprocidad que esperamos de los demás; no responde "al juego de dar y recibir resultados beneficiosos para el grupo y para los individuos que lo componen"; por ello se excluye a quienes no se les puede sacar ningún provecho; al marginado que no participa en ese juego del intercambio porque no parece que tenga nada que ofrecer a cambio, ni siquiera indirectamente.

Existe un discurso de odio aporofóbico generalmente disimulado por quienes lo utilizan, personas que simultáneamente aglutinan otras fobias como racismo, xenofobia, homofobia, gerontofobia, sexismo o exclusión social; aunque todas estas son idénticas en opresión o discriminación y llevan a la marginalidad y carencia de poder social y comunicativo.

Los políticos de todo el mundo, de todas las épocas en sus discursos criminalizan la pobreza y los ultraderechistas demonizan las ayudas sociales, sumiéndolas en una penumbra permanente de fraude. Se acusa al pobre de entregar su voto a ciertos sectores ideológicos, pero ellos son los únicos culpables al no haber generado un "Estado de Bienestar" que le hubiese protegido de esa tendencia.

También al pobre se le estigmatiza con la delincuencia, las adicciones, así como una amenaza para la seguridad y la convivencia social. Los medios de comunicación masiva agravan ese oprobio faltando al más elemental respeto a la dignidad humana; surge así un círculo vicioso que lo excluye, cosifica y deshumaniza. El trato finalmente se traduce en violencia verbal: burlas, insultos, vejaciones, o agresiones físicas, que provocan también afecciones psicológicas graves, sentimientos de vulnerabilidad, indefensión, miedo y hasta ideas de suicidio, mientras los aporofóbicos gozan con su sadismo.

Este fariseísmo adopta disfraces muy convenientes a sus intereses, por ejemplo, se adora a los turistas extranjeros cargados de dinero, a ellos se les abren todas las puestas y se les ofrece el país entero, pero aparecen oscuras borrascas sociales como la xenofobia cruzada con aporofobia hacía los migrantes, a quienes se les rechaza por pobres no por extranjeros. Idéntico repudio sufre el de diferente etnia, educación (incluso escuela donde estudió); lenguajes y costumbres, aunque vivan en la misma nación.

Otro ejemplo: Insisten furibundos aporofóbicos burdamente disfrazados de medioambientalistas que es más importante producir bebidas embriagantes y/o llenar albercas que entregar esa agua a los pobres para que puedan llevarla a sus hogares para sobrevivir. Así la soberbia plutocrática que ya ha sido burlada porque algunas empresas los sosegaron al decidir bajar su consumo de agua.

Pero los pobres no siempre, ni para todo, son ignorados y vilipendiados, parafraseando a René Descartes, en su sentencia: "pienso, luego existo" transcribiremos como parodia política: "voto, luego existo"; es decir, una marcada hipocresía entre quienes critican a un gobernante porque sus votantes todos son "pobres e ignorantes (sic)". Olvidan que son los mismos sufragantes que entregaron al PRI 13 elecciones presidenciales federales y 2 al PAN; además de miles en estados y municipios, así como senadurías y diputaciones. Hoy al pobre se le odia porque vota por el adversario político; pero antes se les enaltecía.

Los desamparados o indigentes no tienen nada que dar a cambio más que su voto y solamente valen en época de comicios; entretanto se abomina a quienes les dan "algo" permanentemente. Democracia y aporofobia son antagónicos; es aristocracia popularista o plutocracia menesterosa utilizar pobres como fuerza electoral. Adam Smith, padre del capitalismo aseveró: "Ninguna sociedad puede ser feliz y próspera si la mayor parte de sus ciudadanos son pobres y miserables. La pobreza lleva a las personas a vivir una vida de infelicidad y miseria...".

Escrito en: editorial LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ editoriales quienes, pobres, nada, pobre

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