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Agustín Yáñez

Agustín Yáñez, al filo de un legado literario

Intentó crear una literatura donde los personajes tuvieran esa identidad postrevolucionaria

(ARCHIVO)

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SAÚL RODRÍGUEZ

“Hay que leer a Yáñez, especialmente Al filo del agua (1947), por la sensación gratísima que es el contacto con la poesía. No una poesía de verso, sino una prosa lírica asombrosa”, el escritor lagunero Saúl Rosales responde sin titubeos sobre por qué habría que consumir la obra literaria del desaparecido autor y político jalisciense en el 118 aniversario de su natalicio.

La voz de Rosales contiene verdad y testimonio; en algún momento de su vida pudo cruzarse con Yáñez dentro de las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en ciudad de México, cuando este último era funcionario federal. Además, en diversas ocasiones ha viajado a Guadalajara para visitar la casa donde el autor de Las tierras flacas (1962) nació: un domicilio barroco marcado con el número 523, aún en pie sobre la calle que porta el nombre del poeta coahuilense Manuel Acuña, la zona conocida como barrio del Santuario.

“Mi admiración hacia él, como escritor, es tan grande que siempre que voy a Guadalajara. comento con mis amigos de por allá, que voy en peregrinación a la casa de Agustín Yáñez”.

Yáñez nació en el 4 de mayo en la llama Perla Tapatía. Cuando publicó Al filo del agua, marcó un parteaguas en literatura mexicana, por la incorporación de novedosas técnicas narrativas. Al igual que los grandes pintores del muralismo mexicano, intentó crear una literatura donde los personajes tuvieran esa identidad postrevolucionaria. Su obra, compuesta por novelas, cuentos y ensayos, lo hizo acreedor en 1976 al Premio Nacional de Letras.

El jalisciense también es recordado por su carrera política. De 1953 a 1959 fue gobernador de Jalisco y fungió como secretario de Educación Pública en el mandado presidencial de Gustavo Díaz Ordaz, siendo tal vez una de sus únicas manchas.

Pero, para Rosales, Yáñez siempre fue escritor antes que político. Comenzó a publicar sus libros mucho antes de que aparecieran los dos escritores más grandes de Jalisco: Juan Rulfo y Juan José Arreola.

“La obra de Yáñez está traducida tantos otros idiomas, por lo menos, como la de Arreola. Al filo del agua se empezó a traducir muy tempranamente, no sólo a lenguas de occidente, sino también a lenguas eslavas. Esa novela fue muy reconocida, porque fue una gran novela”.

En 2015, Saúl Rosales publicó el libro Mi iconografía del barrio de Yáñez / ¿Qué dónde nació Agustín Yáñez?, compuesto por un par de crónicas y fotografías impresas en 137 páginas, sobre los recorridos que el lagunero realizó por las calles tapatías del Santuario.

“Es un recorrido por su barrio, que por lo demás es un barrio muy bonito. Fue un barrio de la élite hace muchos años, digamos, por el tiempo en el que él era niño, aunque él vivía en una casa de renta”.

Premio Agustín Yáñez

Desde el año 2004, la Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco (SC) convoca al Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, uno de los más prestigiados en su género a nivel nacional.

Cabe destacar que este certamen ya fue ganado por un autor coahuilense, cuando en 2019, Luis Jorge Boone (Monclova, 1977), se hizo acreedor por su obra Suelten a los perros, publicado posteriormente por la editorial Era.

Agustín Yáñez murió el 17 de enero de 1980, a causa de un enfisema pulmonar. 

Escrito en: Agustín Yáñez Saúl Rosales Agustín, Yáñez, filo, barrio

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