EDITORIAL

Columna

2022: un panorama sombrío para los Demócratas, y para la democracia

ARTURO SARUKHÁN

Toda elección narra una historia, y las elecciones legislativas intermedias en Estados Unidos nunca han sido la excepción. La historia de algunas de ellas a menudo se vuelve más evidente en retrospectiva, pero sin duda en el caso de las de 2010 y 2018 hubo focos rojos parpadeantes en la antesala de los comicios que apuntaban a que el partido que controlaba la Casa Blanca se encaminaba a un varapalo en las urnas. Parecería que ese patrón se repite camino a las legislativas de 2022.

Pero aparte del pesimismo demócrata, ¿cuál es la historia de este año? ¿Qué motiva a los votantes? Lo que brinca es que EUA es hoy una nación cansada: es un país agotado por la política, por una pandemia que no se acaba. Está agotado por la incertidumbre y la inflación, que la administración inicialmente subestimó. Está agotado por un contexto internacional fluido. Y eso evidentemente no es idóneo para quien sea el que detente el poder. A la vez la nación se encuentra agitada por la posibilidad de que la Corte, escorada a la derecha, pueda dar al traste con el derecho al aborto. Si bien este último factor podría motivar y activar a la base de votantes demócratas camino a los comicios, posiblemente blindando por lo menos el control en el Senado, hay otro factor adicional -cardinal, quizá- camino a las urnas. Ese factor, que han vuelto a remachar los procesos primarios en cinco estados (particularmente en uno emblemático y clave, que es Pensilvania) la semana pasada y que debiera poner en alerta a la democracia estadounidense, es cuánto se ha radicalizado la base electoral del Partido Republicano.

El resultado sin duda más importante y perturbador es la decisión del GOP de Pensilvania de seleccionar, por un amplio margen, al senador estatal Doug Mastriano como su candidato a la gubernatura. Hay polos radicales, y luego está Mastriano, quien se encuentra a la derecha extrema de la extrema derecha. Es ferviente apóstol de la patraña de la "elección robada" de 2020 y desde entonces ha promovido un esfuerzo constitucionalmente quijotesco para descertificar al presidente. De ganar en noviembre como parte de una oleada republicana, esta nueva hornada de políticos no solo podría controlar, en el caso de Pensilvania, un estado que de nueva cuenta podría definir el resultado de la elección presidencial en el Colegio Electoral en 2024 sino que se sumarían a un núcleo de legisladores impresentables de extrema derecha en el Capitolio.

Biden y su partido debieran valerse de este creciente extremismo antidemocrático para convertirlo en el hilo conductor de la narrativa e historia de esta elección. Muchos políticos y estrategas demócratas esperan que hacia fines de este verano, las condiciones económicas hayan mejorado, particularmente en el frente de la inflación. Pero en una coyuntura en la cual estrategas electorales demócratas admiten que este ha sido el peor entorno político-electoral en mucho tiempo, con las mayorías tan estrechas como las que ostenta el partido en los recintos legislativos, hay muchas razones para que la Casa Blanca y muchos de nosotros nos encontremos tan preocupados como lo estamos en este momento, no solo cara a lo que ocurra el 8 de noviembre sino por la democracia estadounidense misma.

Escrito en: Editorial Arturo Sarukhán editoriales historia, camino, demócratas, democracia

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