EDITORIAL

Invisibles

Diálogo

YAMIL DARWICH 20 de mayo de 2021

Tal parece que, para el actual gobierno, el grupo socioeconómico que denominamos "clase media" es invisible y AMLO, envuelto en su vorágine obsesiva, insiste en pregonar el lema: "primero los pobres", afectándolos permanentemente, más que a nadie.

Contrario a promover la unidad nacional, buscando distanciamiento entre los llamados ricos y pobres: fifís, nombre peyorativo de perros burgueses y chairos, calificativo despectivo, aplicado a desprotegidos e ignorantes. Todos ofendidos.

En su adoctrinamiento matutino repite los mismos conceptos con iguales palabras, llegando al extremo de negar la realidad nacional.

Para el caso, ante el cuestionamiento de un periodista sobre la caída de la productividad nacional, su respuesta es simple: "yo tengo otros datos", luego lo acusa de "neoliberal"; la denuncia repetida de padres cuyos hijos empeoran en su cáncer por falta de medicamentos: "no estaba enterado". Incomprensible en lo particular, provocador del clamor nacional. Inaceptable.

Va encajonando a la clase media, transparente para los planes de trabajo institucional o… ¿Intencionalmente olvidada?

Las personas de tal nivel socioeconómico, quienes dejan de recibir atención a sus necesidades y además son agredidas con violencia, corrupción, inseguridad y pérdida de su poder adquisitivo, cargadas de frustración encaran las amenazas a su patrimonio y/o esfuerzo laboral.

Los expertos definen tal estrategia mercadotécnica; ellos saben de la relación que existe entre temor, sentimientos de minusvalía y la falta de liquidez por la perdida del poder adquisitivo; también conocen que esos "exclasemedieros" representan minorías incapaces de mover las preferencias electorales; permanentemente contabilizan el control, midiendo efectos ante las mayorías empobrecidas.

Esos especialistas estudian sobre la relación entre felicidad y sentimientos de pertenencia de algún grupo social, caso de los olvidados "exclasemedieros", quienes van cayendo en la pobreza. Doloroso ser menospreciados y desatendidos.

Déjeme explicar porqué, para mí, tiene enorme y grave importancia tal realidad nacional:

Parece que el objetivo final es tomar control -absoluto de ser posible- de la nación; sin oposición se puede manipular el poder para orientarlo hacia la ideología político-social de preferencia y, para ello, hay necesidad de aplicar coercitividad en la libertad individual.

Hay que tomar en cuenta que la sensación de alza en el estatus social genera bienestar y simpatía de quienes son beneficiados; así, las mayorías empobrecidas por el neoliberalismo mal aplicado, transforman su rencor en votos de repudio.

Repartir dinero -"poquito porque es bendito"- entre las mayorías electorales, aturde la voluntad y ante la incomprensión del abuso padecido aceptan orientar su voto. Nada nuevo en Latinoamérica: Bolivia y Venezuela son ejemplos.

En México, al menos hay un 60% de pobres y de entre ellos el 40% pudieran definirse como extremos; todos aspirando, solamente algunos recibiendo dinero a "cuenta gotas", que, aunque siendo poco, representa alivio a sus necesidades, como "la planta sedienta que recibe gotitas de agua".

En la otra punta de esa escala económico-social se encuentran los opulentos, llenando sus expectativas de bienestar, disfrutando del sobre confort que les genera calidad de vida material personal, familiar y social, -estudios, autos, empleo vivienda… hasta placeres- embriagándose con la sensación de tener: ¡Ilusos creyéndose felices!

En caso necesario, a tales "confortados" habrá que amenazarlos en su estado de sobre bienestar; las amenazas de pérdida de propiedades e ingresos son herramientas útiles. El fisco, convenientemente se transforma en arma terrible y efectiva; al extremo, quedará la violencia física.

Al revisar la historia del mundo, comprobamos que las dictaduras ofenden mayormente a los pobres; los grupos más escolarizados -enterados- las rechazan; los ricos patrocinan; los clasemedieros idean y lideran los movimientos de cambio -cuando se desgasta su estatus-; los pobres, quienes ejecuten los planes, aportan sus personas y vidas, les llaman "carne de cañón".

Presentimos viene un aceleramiento en la carrera del poder entre la clase política dominante -nueva élite social- y la burguesía que, en tanto lo pueda, buscará cuidar, mantener y de ser posible incrementar sus bienes, aprovechando oportunidades.

Con la corrupción neoliberal aparecieron nuevos ricos que amasaron fortunas inmorales, acumuladas ilegalmente; algunos acordaron complicidades con políticos y millonarios ya existentes: relaciones perversas de "ganar-ganar".

Ahora, el populismo también nos desangra, repitiendo la historia.

Unos y otros no desconocen el poder de los clase-medieros, pero saben que distrayéndoles y/o amenazando su estado de confort, pueden contener su enojo y reacción.

Lo que influirá para el cambio será el desgaste y el tiempo, abriéndose la posibilidad de detener el daño; por ahora, estamos repitiendo la historia de la gallina de los huevos de oro.

No se trata de generar infelicidad en unos para hacer felices a otros; intentar enriquecer a los pobres, empobreciendo a los ricos; quitarles a unos para darle a otros.

La solución no es igualar en pobreza, sino elevar la calidad de vida de todos y eso solo se logra con trabajo y productividad.

Esa es una verdadera cartilla de principios morales. ¿De acuerdo?

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