EDITORIAL

El Brasil es enorme, como lo es y lo será su papel en los asuntos mundiales

EMBAJADOR JORGE ÁLVAREZ FUENTES 22 de enero de 2020

El Brasil es y será por historia un imperio, por geografía un continente y por el tamaño de sus ambiciones una potencia regional y mundial. No cabe la menor duda que Brasil es un actor fundamental en los inciertos y cambiantes escenarios geopolíticos de nuestro tiempo, aunque a últimas fechas ello podría parecer no tan evidente. Para México, al norte del continente, es fundamental analizar y comprender a cabalidad, de nueva cuenta, los alcances que tiene el desempeño de Brasil en el escenario mundial y no quedarse, si acaso, con la mirada fija en lo que ha venido ocurriendo en los últimos años, con una mirada inerte atrapada en consideraciones coyunturales respecto de las históricas divergencias y sensibilidades encontradas que han caracterizado nuestras relaciones bilaterales. No. No dejemos de interesarnos, en ningún momento, en una apuesta ideológica equivocada, a juzgar si avanza o retrocede esa nación hermana con un gobierno de extrema derecha como el del presidente Jair Bolsonaro. Tengamos presente la historia pasada y la historia reciente. Entendamos que la elección de Bolsonaro sobrevino como parte de una larga crisis política que tan enorme, pujante y megadiverso país ha venido experimentando tras concluir los dos exitosos gobiernos de Lula da Silva, desembocando en su caída y en el desencuentro del electorado brasileño con el Partido de los Trabajadores; que continuó con los gobiernos de su sucesora Dilma Rousseff, quien finalmente fuera apartada del poder, dando paso a la llegada de Michel Temer, quien también terminó siendo acusado y sujeto a la justicia. Pero aun en medio de tan difícil proceso, las instituciones brasileñas resistieron y sirvieron. Y eso no lo podemos perder de vista en México.

Sin embargo, nada de que lo que ocurra en Brasil, atañe sólo al Brasil. Aun cuando así lo piense el presidente Bolsonaro, quien reaccionó airadamente, justo en ese sentido, cuando varios países desarrollados le ofrecieron cooperación internacional urgente para ayudar a su gobierno a combatir los gravísimos incendios ocurridos en septiembre pasado en la selva amazónica, convencidos muchísimos países, desarrollados y en vías de desarrollo que la preservación de esa vasta región, uno de los pulmones del mundo, es de vital importancia para el futuro del medio ambiente planetario. Y, por ende, una responsabilidad de todos. El presente y futuro de América del Sur, de América Latina y del Caribe, del mundo en su conjunto, resulta impensable sin tan formidable nación como el Brasil, la cual, es más, mucho más, que sus inéditas transformaciones políticas y económicas recientes y que estoy cierto saldrá avante.

Si se tiene presente lo anterior, a mi juicio, no se trata, pues, de limitarnos a advertir que Brasil, con Bolsonaro a la cabeza, podría estarse apartando de su reconocido quehacer diplomático, o que en los tiempos que corren ha caído en la introspección y el pensar en pequeño, para decidir recalibrar su indudable e importante papel en la escena internacional, como algunos pudieran pensar, luego del reciente anuncio de que la potencia sudamericana no va a participar en los trabajos de la CELAC, que desde este año preside México, vista la participación de los regímenes cubano, venezolano y nicaragüense. Sin dejar de olvidar el fiasco de UNASUR. Si bien es cierto que hay razones para albergar interrogantes sobre la continuidad o ruptura de la eficaz diplomacia brasileña y sobre cambios de forma y fondo en la acción internacional de un actor de indudable primera importancia como Brasil, cuando podríamos empezar por preguntarnos cuál será la ruta y el devenir del Mercosur, o sobre su compromiso con la protección del medio ambiente y el combate a la crisis climática; o sobre su rol, y su participación, recién refrendada, como miembro del grupo de países denominados los BRICS, o respecto del papel que pudiera y debiera jugar Brasil para contribuir a resolver las situaciones de crisis o de cambios determinantes en su vecindario, comenzando con la prolongada debacle de Venezuela, las persistentes protestas contestatarias en Chile contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera, o la actual crisis en Bolivia, incluso habiendo hecho un desaire protocolario a su vecino más cercano y socio estratégico, luego del retorno del peronismo en la Argentina con Alberto Fernández y Cristina Kirchner, cuando la asunción de sus cargos o el aparente distanciamiento con el Uruguay el cual se enfila hacia nuevos derroteros tras la sorpresiva victoria del presidente Lacalle.

Aun si así están las cosas en América del Sur y en resto de América Latina y el Caribe, signadas por las marcadas divergencias en visiones y posiciones ideológicas, por un lado, de unos gobiernos que se asumen conservadores, y por el otro, aquellos que se pronuncian y desean proyectarse como progresistas, por el malestar social que se extiende rápidamente en nuestras latitudes, sería una insensatez considerar que el Brasil va a ir a la baja o dejará sin proteger y ejercer el lugar que por historia, geografía y ambición ocupa en el mundo o que su importancia irá disminuyendo. Brasil es y será un actor de primera importancia para el futuro del mundo, de la región y de la diplomacia multilateralismo. No hay cabida, menos entre nosotros, para una mirada miope respecto del gigante del sur de las Américas.

Dedico esta columna a Édgar, Marco y Ruy quienes con su enorme talento, inteligencia y cultura me hicieron partícipe de su extraordinario y formidable país.

@JAlvarezFuentes

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