EDITORIAL

La incertidumbre global

EMBAJADOR JORGE ÁLVAREZ FUENTES 18 de diciembre de 2019

Quizás, el presente año será recordado por la enorme incertidumbre prevaleciente en los escenarios mundiales. Cada vez está más en entrampada y en entredicho la voluntad y la capacidad de acción de los gobiernos. Es muy grave que hayan fracasado en Madrid, los intentos de la ONU para regular los mercados de emisiones de carbono, en la COP 25, luego que Chile tuviera que renunciar a su realización como consecuencia del estallido social que sorprendió a un país considerado un modelo. La guerra comercial y tecnológica entre las dos primeras economías del mundo, Estados Unidos y China, ha entrado en una nueva fase, con un primer arreglo sobre compras agrícolas, mediante el cual se busca enfriar la imposición mutua de tarifas y aranceles. La confrontación está lejos de terminar. Esto ocurre, y no es casualidad, mientras en la Organización Mundial de Comercio su crisis se ahonda, al encontrarse desprovista del indispensable funcionamiento del Comité de Apelaciones, organismo creado para dirimir los litigios comerciales en el ámbito global. La principal alianza militar occidental, la OTAN, está igualmente en problemas, y padece una suerte de "muerte cerebral", a decir del presidente de Francia, con un arreglo divisorio que socava la coherencia de las responsabilidades financieras y militares de los aliados, empezando por los reclamos de EU de aminorar las suyas. Millones de ciudadanos en el mundo no tienen ya confianza en que los gobiernos sean capaces de afrontar el conjunto de los problemas internacionales y resolver los retos urgentes de la existencia misma de la humanidad, de manera oportuna, eficaz e igualitaria. El malestar va en aumento porque se ha sobrepasado el umbral de desconfianza por debajo del cual las democracias logran funcionar de manera aceptable. Alrededor del mundo, en numerosas sociedades, crece el hartazgo, las situaciones límite y las presiones internas y externas, las frustraciones y el miedo, porque millones están viendo cómo están complicándose los sistemas de empleo, de pensiones, de educación, de vivienda, de salud, de servicios ambientales, migratorios y de movilidad social. Las clases medias miran con desesperación su declive constante. Hoy, es más fácil caer en la pobreza que acceder a la riqueza y la culpa recae no sólo en los mercados, sino en los gobiernos y amplios sectores sociales han cobrado conciencia de ello. No es suficiente con votar y consumir para ser partícipes de la transformación y beneficiarse de la solución de los desafíos globales y los innegables avances de nuestra época.

Lo gran paradoja es que la globalización ha sacado a millones de personas de la pobreza. Millones viven ahora más años y tienen vidas más plenas, sanas y productivas; hay una profunda revolución en las comunicaciones y en la información a nivel planetario. Sin embargo, advertimos preocupados que millones de individuos están hartos y salen a protestar a las calles. Hay un hondo malestar que amenaza la globalización y cuestiona el sentido de que la humanidad avanza, inexorable, en la dirección correcta. En cada elección nacional, en muchos países, millones de ciudadanos están votando en contra de los partidos en el gobierno y en la oposición, apoyando y dando un mandato a los disruptores políticos, a los líderes populistas que desconfían de los expertos y confían demasiado en la gente. Millones quieren un cambio de rumbo y están contrariados, con razón, ante la falta de visión, sensibilidad y responsabilidad de las élites gobernantes.

El mundo atraviesa, inmerso en la incertidumbre, por un proceso de transformaciones colosales, simultáneas, desiguales, en las que la inequidad es muy patente. En muchas regiones, el intercambio instantáneo, en tiempo real, el flujo de ideas, mensajes, personas, dinero, bienes y servicios ha abierto un sin número de oportunidades de crecimiento, de prosperidad y de bienestar, pero al mismo tiempo amenaza, relega, margina y expone a múltiples riesgos a miles de millones de personas dejándolos atrás. Hay una formidable dislocación de posibilidades y oportunidades, con efectos planetarios, aparejada con un conjunto de nuevas amenazas transnacionales. El orden global que fuera liderado por los Estados Unidos está llegando a su fin, habiendo irrumpido la crisis climática y de sustentabilidad, mayores amenazas a la paz y la seguridad internacionales, los desafíos de la ciberseguridad y el terrorismo. La incertidumbre no sólo tiene razón de ser en la economía, sino en la cambiante geopolítica. Ian Bremmer habla de una "recesión geopolítica", ante la cual han sucumbido las instituciones que sustentaban el sistema internacional, estando en cuestión las relaciones de amistad, cooperación y entendimiento entre pueblos y gobiernos, prevaleciendo un hiato entre gobernantes y gobernados.

EU seguirá siendo la superpotencia mundial, el único país que puede proyectar su poder económico, militar y político en todas las regiones y naciones. Sin embargo, en paralelo a su retracción, está teniendo lugar el imparable ascenso de China como potencia económica, militar y tecnológica (que decidió construir su propio sistema de tecnologías de información y comunicación, con infraestructura, estándares y cadenas de aprovisionamiento), habiéndose trastocado el anterior orden internacional. A estos escenarios mundiales se suman los nuevos conflictos en el Medio Oriente, la revancha de Rusia y la recesión económica en curso. Ahora, existen menos posibilidades de lograr acuerdos y de renovar las instituciones internacionales, cuando los gobiernos adoptan sus propias reglas para enfrentar los desafíos transfronterizos. Trump y los EU no quieren ni pueden conducir los destinos del mundo. Él es un síntoma, la encarnación de la incertidumbre, confusión y peligros que asechan nuestro tiempo.

@JAlvarezFuente

Noticias relacionadas

TENDENCIA

+ LEÍDAS

EL SIGLO RECIENTES

+ Más leídas de EDITORIAL

TE PUEDE INTERESAR

LECTURAS ANTERIORES