EDITORIAL

Mirreyes: nepotismo 2.0

JORGE ZEPEDA PATTERSON

En 1999 Warren Buffet, uno de los tres hombres más ricos del mundo, anunció que no heredaría a sus tres hijos su inmensa fortuna: pensaba otorgar 10 millones de dólares a cada uno de sus seis descendientes y el resto quería dejarlo a obras de caridad. Cuestionado por la "mezquindad" hacia sus parientes, considerando que su fortuna supera los 60 mil millones de dólares, explicó sus motivos. Primero dijo que sus hijos eran personas maravillosas y sabrían cómo crecer una herencia que la inmensa mayoría no tiene al nacer. Y luego reveló el argumento de fondo: "No veo una sola razón por la cual alguien que se sacó la lotería deba recibir el poder para comandar los recursos de la sociedad. Sería tanto como invitar a participar como competidores para las Olimpiadas de 2000 a las hijas y los hijos de quienes ganaron las medallas en el año 1976".

No sé a ustedes, pero la explicación de Buffet me parece la mejor crítica en contra del nepotismo que haya escuchado. Que los hijos de los ricos, simplemente por ser hijos de sus padres, se conviertan en la élite que dirige la economía de un país al margen de sus méritos y capacidades, es absurdo. Lo asumimos como un hecho natural, pero no sólo es injusto sino terriblemente ineficaz para la sociedad. En la práctica equivaldría a que el hijo de Hugo Sánchez (Q.E.P.D) fuese por decreto el centro delantero de la Selección Mexicana. ¿Suena extraño, no? Pues es precisamente lo que sucederá con Carlos Slim Jr., quien será el capitán de un conglomerado que en buena medida define el ritmo de la Bolsa Mexicana y, en general, de la economía del país.

La cita sobre Buffet y el análisis de este tema ha sido abordado excelentemente por Ricardo Raphael en su libro Mirreynato, la otra desigualdad (Temas de Hoy, Planeta). Jorge Alberto López Amores, quien se tiró al mar desde el quinto piso de un crucero durante el Mundial de Brasil; Miguel Lozano Ramos, quien cayó desde el sexto piso de un edificio en Londres mientras hacía el amor en la terraza durante una fiesta; Andrea Benítez, mejor conocida como Lady Profeco; Paulina Romero Deschamps, la orgullosa viajera transoceánica en aviones privados. Todos ellos, vinculados por el común denominador de ser hijos de funcionarios públicos, revelan la emergencia de una nueva dimensión del nepotismo: el paso del junior al mirrey.

A partir del análisis de estos casos, y muchos otros, Ricardo Raphael nos muestra que estamos ante un nuevo fenómeno. Hijos de papi siempre ha habido, pero la aparición de las redes sociales, el obsesivo narcisismo de la cultura de consumo y, sobre todo, la impunidad que impera han provocado un cambio en el ADN con la consiguiente aparición de esta nueva especie, dice Raphael.

El mirrey es el junior sin inhibiciones; por el contrario, la ostentación de sus privilegios y su riqueza constituyen un rasgo fundante. Y para ser más preciso, el autor establece el decálogo que los define:

1.- Los mirreyes asumen que su papel en la sociedad deriva de una suerte de orden natural, acaso religioso, de las cosas. Se valoran a sí mismos como una subespecie por encima del resto.

2.- Son un grupo blindado y separado de los demás gracias a su riqueza y sus privilegios: entre ellos son "amigos de toda la vida", se casan con "gente bien", "gente como uno".

3.- Los mirreyes utilizan la riqueza económica como el principal marcador de clase. No importa de dónde venga el dinero, la clave está en el poder de compra del que se ufana el mirrey.

4.- Los mirreyes no saben pasar desapercibidos: suelen utilizar cualquier objeto a su alcance para ostentar estatus social.

5.- Los mirreyes valoran la arrogancia pues constituye un rasgo de superioridad. El dinero entrega inmunidad para decir cosas desagradables, para tratar de la peor manera, para abusar de otros que no son como ellos. El mirrey más discriminador suele ganarse el respeto de sus acompañantes.

6.- Los mirreyes suelen tener un círculo de choferes, guaruras; un séquito que muestra su importancia.

7.- El mirrey es arropado por un cortejo de lambiscones, compañeros de juerga a quienes se les paga la cuenta.

8.- El mirrey desprecia la cultura del esfuerzo. Ganar algo por méritos propios revela carencia de recursos, muestra una debilidad.

9.- Los mirreyes no acuden a la escuela para adquirir conocimiento sino conocidos.

10. Al mirrey le produce sensaciones contradictorias haber nacido en México. Puede pintarse la cara de verde para ver a la selección de futbol, pero desprecia y se queja una y otra vez de la carencias del país o de la supuesta cultura autóctona, como si ellos pertenecieran en esencia a Nueva York, Londres o París.

El mirreynato, dice Ricardo Raphael, no es sólo un rasgo sobre esta excrecencia que son los nuevos juniors, sino una explicación misma de la sociedad despiadada, narcisa y discriminadora en que nos estamos convirtiendo. Un libro indispensable. Vean por qué.

www.jorgezepeda.net

@jorgezepedap

Escrito en: hijos, mirreyes, mirrey, riqueza

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