Como pudimos apreciar en la colaboración anterior, nos aproximamos a puntualizar lo que son las actitudes y por qué su dificultad al momento de abordarlas dentro de un proceso educativo; de ahí que la pregunta que nos salta es: las actitudes ¿se educan? La respuesta es afirmativa, ya que toda actitud es un proceso cognitivo y tiene una raíz que es cognitiva también. Es decir, las actitudes se aprenden y por lo tanto tienen como principio fundamental, el uso de la razón.
Es aquí donde las actitudes surgen desde su componente pedagógico, por lo que podemos afirmar que los comportamientos se enseñan, que tienen un ingrediente didáctico y que pueden a mediano plazo educarse. Sin embargo, es básico entender que no puede ni debe tratarse solamente desde lo conceptual o declarativo, ya que nos quedaríamos (como muchos profesores lo hacen) sólo en la definición de la actitud.
Para poder formar actitudes, es necesario pasar de la definición y el concepto a las dos dimensiones que permiten complementar y llevar dichos comportamientos al plano de lo concreto: la predisposición ante las actitudes, es decir, lo que haríamos cada uno de nosotros ante dicha actitud; me explico: una cosa es la definición de "puntualidad" por ejemplo, y otra es todo lo que haríamos para lograr tal comportamiento (levantarnos más temprano, bañarnos más rápido, cambiarnos de la misma manera, salir pronto hacia donde debemos estar, etc.). La otra dimensión la constituye la acción, es decir, lo que realmente hacemos al poner en práctica dicha actitud; para nuestro ejemplo, ser puntual es simplemente serlo, ni cinco minutos antes, ni cinco minutos después de la hora a la que nos comprometemos acudir o estar.
Cuando de educar actitudes se trata, es importante aceptar que no todos los métodos y las técnicas que podemos usar son y serán eficaces para un grupo o escuela, en el medio urbano o rural. Sin embargo, en todos los casos existen tres vías que nos permiten llegar a formar actitudes: la motivación, la imitación y la actuación; me permitiré (por cuestiones de espacio) desarrollar brevemente cada uno de los aspectos o métodos mencionados.
En lo que a motivación se refiere, las actitudes crecen, se adhieren, se arraigan y se consolidan, debido principalmente a la fuerza del deseo, la intensidad de nuestro afán y de nuestro interés; todas estas cualidades son imprescindibles para esculpir en nosotros, los rasgos propios de cada actitud. Asimilarlas más rápidamente, con cierta eficacia y profundidad, dependerá de nuestro deseo de lograrlas. Esta es la tarea prioritaria del profesor: despertar el interés y el deseo en el logro de las actitudes, de ahí su dificultad; qué complicado es motivar a los desmotivados. Lo anterior define de manera muy clara lo que sucede con los alumnos al momento de intentar abordarlas.
La pregunta que nos hacemos la mayoría de los profesores es ¿cómo lograr la motivación? Aunque no existe una teoría que nos satisfaga del todo, mencionaré al menos una que me parece importante: sabemos que un desequilibrio interno en las personas provoca una necesidad de reequilibrio (teoría homeostática), que finalmente es la raíz de la motivación, ya que genera un impulso hacia el logro y la satisfacción de la necesidad sentida; los profesores debemos desequilibrar a nuestros alumnos a través de problematizaciones, por ejemplo.
Respecto a la imitación, es importante puntualizar que las actitudes se adquieren por imitación de modelos que provienen del modelo educativo tradicional y que han sido retomados en la actualidad con rigor científico y sistemático. Surgen de la influencia decisiva de las "identificaciones paterna y materna en el niño" (Freud), para la formación de las primeras actitudes infantiles. Posteriormente será el grupo de amigos el modelo determinante de su comportamiento y finalmente, será la sociedad en su conjunto el modelo conformador de las actitudes en la persona; es aquí donde la escuela interviene moldeando las actitudes deseables para la vida y el trabajo. Actualmente contamos con información importante en conductas imitativas, desde los trabajos en psicología evolutiva y en clínica experimental enfocada a la terapia o modificación de conductas (es necesario investigar al respecto).
En lo referente al tercer método, la actuación, existen dos líneas básicas: la cantidad de puestas en acción de las actitudes y la calidad de las mismas. Sabemos ahora que las actitudes se generan por los actos de la persona y no se generan por un solo acto sino por muchos de ellos; de esa manera, los sujetos necesitan de una larga secuencia de actuaciones que arraiguen los hábitos y las actitudes, de forma tal que los vayan configurando. Pero no es sólo la cantidad de acciones las que internalizan una actitud en el sujeto, sino también la calidad (en el diseño) de dichas acciones; es decir, que los profesores tenemos la tarea de diseñar acciones que nuestros alumnos realicen repetidamente hasta lograr actitudes de calidad humana, personal o profesional.
Como podemos observar, formar actitudes se ha convertido en la más alta meta del proceso educativo y es el resorte que nos impulsa a aprender todo lo demás; sin actitudes adecuadas, es prácticamente imposible lograr el éxito personal, escolar y profesional.
Agradezco sus
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