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Javier del Real Magallanes

PLAZA PÚBLICA

Miguel Ángel Granados Chapa

Aunque la versión más lógica y sostenible es que la Secretaría de la Defensa Nacional metió en la de Seguridad Pública una cuña, en la persona del general de División Javier del Real Magallanes, nuevo subsecretario de Estrategia e Inteligencia Policial, el principal afectado por esa decisión, Genaro García Luna intentó maniobrar para hacer creer que a él se debe esa designación.

Según la especie favorable a sus intereses, García Luna habría solicitado al presidente de la República la incorporación del divisionario a la secretaría que él encabeza: “Fuentes de la SSP federal comentaron que el propio García Luna realizó un intenso cabildeo para que se autorizara la inclusión del militar en activo a la estructura de la SSP.

“El general Del Real mantiene una estrecha amistad con García Luna. Han coincidido en diversas tareas. Ambos trabajaron en el Centro de Investigación para la Seguridad Nacional” (El Universal, 5 de diciembre).

Podría ser verdad lo dicho en esa nota, si se considera el aval que repetidamente ha brindado en fechas recientes el presidente Calderón a su secretario de Seguridad Pública. Pero es más verosímil la tesis de que, hombre de confianza del general secretario de la Defensa Guillermo Galván, el nombramiento de Del Real Magallanes sea un acto de presencia de la Sedena en la SSP, para irle de la mano al titular. Son conocidas las diferencias y aun enfrentamientos de las dos secretarías y se ha sabido de la alerta que un grupo relevante de generales lanzó contra la designación de García Luna como jefe del Cisen (que era la posición que le estaba destinada en noviembre de 2006) y la expresión de desconfianza que el propio general Galván habría emitido ante su jefe cuando García Luna fue nombrado secretario. En este caso, la inclusión de un militar avezado en asuntos policiacos significaría el principio del fin del cacicazgo que el titular de la SSP ha pretendido ejercer en las fuerzas federales de seguridad. Por lo pronto, tuvo que desplazar a su amigo Facundo Rosas para hacerle lugar al general recién llegado, y lo confinó a otra subsecretaría, la de Prevención, Vinculación y Derechos Humanos, distante de la operación policiaca misma.

Si es verdad que Del Real es una cuña que limite a García Luna, que no será propiamente su jefe puesto que, como general en activo, su inmediato superior conforme a la disciplina militar es el propio secretario de la Defensa, también puede serlo que se haya removido a Rosas por su desliz en el caso de la comandante Lorena González, procesada por el secuestro de Fernando Martí. No obstante que él mismo la invitó en octubre pasado a pasar de la AFI a la Policía Federal, Rosas pretendió negar la pertenencia de quien organizó el falso retén donde Martí fue capturado a la secretaría de que era el número dos. García Luna salió en su apoyo, aunque al final debieron admitir que en efecto la acusada no les era desconocida.

Del Real, que llegó a divisionario en diciembre de 2004, antes de cumplir sesenta años, ha combinado una carrera de servicio estrictamente castrense con labores de Inteligencia y aun administración policial. Fue, por ejemplo, director ejecutivo de políticas de Seguridad Pública bajo el mando del general Enrique Salgado Cordero, que a las órdenes de Óscar Espinosa Villarreal fue uno de los últimos secretarios de ese ramo en la Administración priista. Como subdirector operativo del Estado Mayor de la Sedena realizó también acciones policiacas: participó en la detención de los hermanos Cerezo, en agosto de 2001, y dio cuenta de ella junto al subprocurador Gilberto Higuera. No debió ser acertada la información en que se basó la acusación porque uno a uno fueron cayendo los cargos que se imputaron a esa familia, dos de cuyos miembros siguen presos por arbitrarias razones extrajudiciales.

Además de jefe de la sección segunda del Estado Mayor de la Defensa (el departamento que maneja la Inteligencia Militar) y director del Colegio de la Defensa Nacional (donde se preparan los cuadros selectos de las Fuerzas Armadas), Del Real Magallanes ha tenido mando de tropas, como comandante de dos regiones militares, la segunda con sede en Mexicali y la cuarta asentada en Monterrey. Fue desde allí responsable del operativo Nuevo León Tamaulipas, uno de los despliegues de tropa de mayor envergadura en la estrategia contra la delincuencia organizada. En los años en que fue comandante de la región no fue posible contener la violencia criminal en Monterrey y su zona metropolitana, cuyos pobladores han vivido en creciente zozobra. Miembros del Ejército realizaban acciones contra el narcomenudeo, lo que derivó en el asesinato de los tres oficiales que realizaban investigaciones en ese campo y de diez militares más a mediados del reciente octubre. Igualmente, en esos días se produjo un ataque a balazos y con una granada (que no estalló) contra el Consulado norteamericano en la capital de Nuevo León, que suscitó la expresa preocupación del embajador Antonio O. Garza, que tan atento está a la lucha (o su falta) del Gobierno mexicano contra el crimen organizado.

En su nueva responsabilidad, Del Real tendrá bajo su mando a la Policía Federal, una contrahecha corporación que no acaba de nacer legalmente, y que consta de 27 mil efectivos. Tendrá que depurar los mandos de ese cuerpo, una zona minada por la corrupción y la complicidad con la banda de Jesús Zambada, El Rey, según se desprende de indagaciones ministeriales en curso.

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