¿Qué pasa en La Laguna?, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

¿Qué pasa en La Laguna?

EDGAR SALINAS URIBE
martes 31 de agosto 2021, actualizada 7:29 am


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"¿Qué pasa en La Laguna? Hablan mucho y bloquean todo", me dijo un amigo que por su actividad profesional tiene trato cotidiano con inversionistas nacionales e internacionales que buscan colocar sus negocios y capitales en diversas partes de México. Su comentario me parece importante porque de suyo proviene de una persona con un criterio bien formado, mucha experiencia en el desarrollo regional y también, y esto es lo que destaco, por la amplia perspectiva que tiene del país, sus desafíos, oportunidades y también las rémoras que mantienen aletargadas ciertas zonas. La perspectiva permite a una persona ponderar siempre las cosas con la distancia de la objetividad y, también, con la riqueza de la relativización. La perspectiva, en suma, permite situar una realidad con relación a otras. Esta riqueza que ofrece una mirada con esas características facilita distinguir rasgos que, por normalizados al interior de una comunidad, no siempre son advertidos por ella, pero a unos ojos al margen de esa cotidianidad son evidentes.

Una pregunta como la de mi amigo, incluso hecha con la mejor de las intenciones, suele poner a la defensiva a quien la escucha. Lo más común y hasta cierto punto natural es que quien se sienta aludido puede reaccionar negando el supuesto que contiene la pregunta. Otras personas reaccionarían justificando alguna o varias circunstancias que dan pie a una percepción de ese tipo y, también, habrá otras personas que lejos de escuchar una voz ajena al trino comunitario ya normalizado, la descalifiquen e ignoren. Me parece que antes de eliminar el diálogo que pueda entablarse con quien plantea este tipo de preguntas, vale la pena sopesar su contenido y tratar de encontrar el punto al que mira el observador distante, precisamente el que tiene perspectiva, y desde ese lugar hace la pregunta.

Efectivamente aquí hablamos mucho. Y no es de ahora, pues es ya una tradición, es decir, hay unas circunstancias e historia particular que lo explican. Hace algunos años dediqué mucho tiempo a leer actas de cabildo del municipio de Torreón, sobre todo de la primera mitad del siglo XX. El hilo que condujo mi curiosidad era el rastrear cómo aparecía en las discusiones del órgano municipal la participación ciudadana y qué formas tenía esta en aquella época. Precisamente mi búsqueda se originó a partir de cierto relanzamiento de la participación ciudadana con ocasión de la inseguridad que padecimos. Había voces que veían en ese despertar ciudadano algo inédito para la región. Con agradable sorpresa encontré que la participación ciudadana en el devenir local era algo totalmente normalizado en la primera mitad de aquel siglo. Para obras públicas, nuevas vialidades, innovación de servicios, infraestructura de salud, espacios públicos, etcétera, invariablemente se encontraba el involucramiento de agrupaciones ciudadanas, clubes y asociaciones.

En este orden de ideas, en efecto, aquí hablamos mucho porque hay una tradición de participación ciudadana. De alguna manera la situación geográfica de la región con relación a las capitales de los estados obliga a las autoridades locales a hacer fuerza con la comunidad en sus gestiones ante las otras instancias de gobierno. Pero también, ante la escasez de recursos o la orientación preferente de ellos hacia a otras regiones exige que aquí se sumen compromisos por el bien de la comunidad con los capitales locales.

La otra parte de la pregunta de mi amigo tiene un punto muy importante de cara al salto que la región necesita para no perder competitividad, para no seguir cayendo peldaños en el apetito de quienes pudieran invertir, para no sufrir por el escaso crecimiento de empleos mejor remunerados. Damos la impresión de que, si bien participamos, no necesariamente se hace ponderando oportunidades ni aquilatando beneficios posibles puesto que pareciera que solo es aceptable la perfección en las propuestas que llegan a la Comarca. Y si lo que se propone no es perfecto, entonces se descarta. Considero que el ánimo de participación debe continuar como parte del ADN colectivo, pero también enriquecerse de perspectiva, sentido común, sustento razonado y olfato para atrapar las oportunidades al paso. Sabemos bien cómo le ha ido a regiones que en México tienen tradición de "bloquear todo".

@EdgarSalinasUribe

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