Master de Zona Verbal: rap gomezpalatino, El Siglo de Torreón

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Cultura

Master de Zona Verbal: rap gomezpalatino

El artista urbano conversa sobre sus orígenes y evolución en el hip-hop lagunero

SAÚL RODRÍGUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH , jueves 01 de abril 2021, actualizada 11:11 am

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Nacido en 1989, las calles del barrio Azul lo criaron en Gómez Palacio, en esas vías férreas que los infantes usan de patio trasero y en las que observan a los vagones pasar cubiertos de graffiti, a modo de galería. Que esta ciudad lagunera sea cuna del hip-hop en México es algo que se ha escrito en múltiples ocasiones.  

Por eso no es extraño que talentos como Master (Edgar Castruita) hayan fluido de manera musical por sus calles.

“Uno es hip-hop a todas horas”, comenta Master al interior de una tienda en el centro de Torreón, de la cual es encargado. Con la cabeza a rapa, porta el estilo urbano que lo ha vestido siempre. De su piel emerge el tatuaje en tinta negra de su banda: Zona Verbal.  

El gomezpalatino recuerda cómo comenzó todo en el barrio Azul, en ese ambiente envuelto por el silbar y las vibraciones del tren. Allí un amigo le mostró el breakdance. El baile llegó antes que las rimas, pero la música estuvo siempre presente. Por la noche, ambos solían pepenar cartones desechados por comercios cercanos. No para revenderlos, sino para usarlos como alfombras: “Es que aquí se baila break, en el cartón”.

Ya entrado el siglo XXI, el rap germinaba como nueva expresión en La Laguna. Sekreto (rapero gomezpalatino afiliado al sello G-Locos), llegó a la calle donde Master solía reunirse. Portaba un disco en sus manos. El disco contenía la legendaria canción Misión cumplida de Caballeros del Plan G. “Sekreto salía en un fragmento, pero nombraba la calle desde la Mártires hasta donde la vista alcanza”.

Con ese factor identitario, la música siguió su flujo hacia las manos de Master. Casetes de otros grupos locales como Rango Bajo también buscaron registro en sus oídos. Todo aquello era fascinación, descubrimiento. Más fue la sorpresa cuando se percató que podía borrar las cintas en una grabadora. Así que tomó un micrófono, puso música rap en volumen bajo (para que la voz de la cinta no empalmara la suya) y comenzó a grabar sus rimas. 

“Al modo que empiezo a escucharme, me empezó a dar más motivación de: ‘Yo ya sé rimar, yo ya sé rimar’, pero pues lógico que no”.

En esa novatez, Master ignoraba lo que era escribir una canción. La creación musical lo arribó a partir de la improvisación. Encausó la rima a través del momento, de la experiencia presente.

“Pienso que por eso improvisé, porque así vi el rap desde el principio, como freestyle”.

Y es que escucharse en la bocina de la grabadora era un reconocimiento de sí mismo. Recuerda que veía la misma expresión de sorpresa en el rostro de otros amigos que invitaba a grabar.

El graffiti también moraba en su ambiente, pero él prefería la música. Así que recorría los barrios de Gómez Palacio e improvisaba con otros raperos que encontraba en el camino.  

Master solía convivir con personas más grandes que él, por eso un recuerdo asoma en su mente: la primera vez que visitó el tianguis de La Rosita en Torreón. El joven traía cincuenta pesos en el bolsillo y deambuló por los puestos buscando ropa barata o alguna otra baratija, pero se encontró con el local de Vennys, otro personaje importante para el hip-hop lagunero.

Vennys tenía en su poder una colección de discos de rap que no se encontraba en otra parte de la región. En esos tiempos, la música underground se movía de mano en mano, de oído en oído. A veces los discos no portaban ni el nombre de las canciones ni tampoco se sabía quién estaba rapeando. Por eso Master se vio ante un tesoro. 

“Vi los discos, por ejemplo, todos los de España, con nombre. Le dije: ‘¿Qué onda? ¿A cuánto das los discos?’. ‘A 25 o a treinta varos’, no me acuerdo bien. Yo nomás traía cincuenta pesos y pues vendía marcadores, piedras para tallar los vidrios. Uno gastaba su dinero en eso. Pero yo decía: ‘Se requiere un disco, yo nunca he escuchado un disco completo de un rapero’. Luego volteo y veo uno que dice: ‘Instrumentales’. Así de que ¡ah, era lo único! ¡Vengase! ‘¿Cuánto es? ¿También treinta?’. Me dice: ‘No, no, ese vale cincuenta porque son beats’. Sí, me la vendió. ‘¿Neta? ¿Cuántos trae?’. ‘Ahí dice’. Eran muchos. Me fui y ya no traía ni pa’l camión, pero se los pagué”. 

Aquel disco fue la autopista sonora por donde las rimas de Master fluyeron. Ya no se trataba de imitar el estilo de otros raperos, ahora tenía espacio amplio para descubrir cuál era el suyo. Apreciaba el mundo en rima, a todo quería sacarle frase. El gomezpalatino seguía fiel a la improvisación.  

“Mi técnica siempre es sobre la marcha. Vamos a hacer un tema y pones el ritmo. Si el ritmo te dice algo rápido, ya se armó”.

EVOLUCIÓN

Años más tarde, tras grabar en diferentes estudios de Gómez Palacio, Master conoció a Duplex. Así nació Zona Verbal, un grupo cuya filosofía es existir en el instante. Sickoanálisis, el primer disco del grupo, se fraguó en 2007 y fue publicado en 2009 bajo la producción musical de Raggematic. Para ese entonces, Master ya era una figura respetada en el freestyle de La Laguna, aunque fue algo que, asegura, no buscó.

Más tarde, llegó la oportunidad de presentar el álbum en el Salón Ferrocarrilero de Gómez Palacio, que entonces era una de las catedrales del hip-hop en la región. Aquella noche, el grupo conectó con el público y se vendieron todas las copias disponibles.

Los discos se fueron en veinte, quince e incluso diez pesos. No importaba vender, importaba que su música se distribuyera por la urbe.

Aquello era amor por la música, por la creación, por la comunidad que el hip-hop hermanaba. Por eso Master trataba de hacer oídos sordos a supuestas rivalidades con otros raperos. Pero en los eventos siempre lo inscribían en batallas de freestyle y tenía que tomarse el reto en serio, pues como en la calle, el escenario también es un lugar que debe respetarse. 

Master es el primer ganador en la historia del concurso de freestyle Batallas del Desierto, donde se coronó en 2010. Aunque dos años más tarde llegaría uno de los momentos más duros de su carrera, al perder una batalla de exhibición con Jack y Aczino, haciendo mancuerna con Daer (otro artista de Torreón).

“Yo estaba viviendo una etapa relaxísima. Mi mujer se embaraza y empiezo a aplicarme en hacer feria. Empiezo a grabar con Mofo el Tributo a Mario Benedetti y al mismo tiempo Zona Verbal estaba grabando Transformación”.

Ver la cara de la derrota cuando la comunidad lo percibía como el mejor improvisador, fue otro paso en su evolución.

“Yo no me consideraba tal cual. Hasta la fecha me doy un freestyle, porque es algo que me gusta y disfruto el ritmo, las frases, pero nunca es algo en lo que me haya enfocado”. 

Le costó un año levantarse de aquella noche cuando su mente se quedó en blanco. Sabía que sobre esa superficie tenía que plasmar algo nuevo, así que decidió enfocarse en la escritura. Soltar la pluma tal vez paliaría el eco del descalabro. Para alguien que ama la música, no hay mejor refugio que la intimidad del estudio, preámbulo que redireccionará hacia el escenario donde toda obra culmina. 

Actualmente, Master continúa pensando en rima. Distribuye su tiempo para atender a su familia sin descuidar su arte. Ambas partes son fundamentales en su vida, se complementan y alimentan. Por eso no deja de escribir, de asistir al estudio ni de jugar con sus hijas.

Recientemente creó un canal de YouTube donde publica sus nuevas composiciones. Ser hip-hop en la adultez implica eso, reconocer las prioridades de la vida y unirlas a la pasión artística.

“Se convirtió en la manera de vivir de uno. Uno es hip-hop a todas horas. No puedes decir: ‘Ah, ahorita voy a jalar y ya no soy hip hop’ o ‘Deja voy con mis hijas y con mis hijas dejo de ser hip-hop’. Al contrario, las contagias de tus mismas cosas. Creo que la mayoría somos escuchas. Nos gusta la música en sí, ya sea rap o la música que escuches. Esa misma pasión la llevas a lo que haces: si escribes, si cantas, si haces algo, es la misma pasión con la que vives”.  

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