El libro que descubre a Genaro García Luna, El Siglo de Torreón

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Cultura

El libro que descubre a Genaro García Luna

El periodista Francisco Cruz narra en entrevista los detalles de su última publicación

SAÚL RODRÍGUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, domingo 25 de octubre 2020, actualizada 10:02 am

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La política mexicana está llena de figuras oscuras, que contienen un cúmulo de secretos a los cuales no es fácil acceder. Muchos de estos nombres se han labrado con la inestable piedra de la corrupción, en esa mole que parece dura e inquebrantable, pero que tarde o temprano acaba desmoronándose.

El periodista Francisco Cruz está bien familiarizado con este tipo de personajes, muchas veces relacionados con el hampa del narcotráfico. La narrativa de su bibliografía así lo relata: Negocios de familia (2009), Tierra narca (2010), Los amos de la mafia sindical (2013), La guerra que nos ocultan (2016), entre otros volúmenes.

Pero fue justo al terminar el libro Las concesiones del poder (2011), donde habla de la vida de Felipe Calderón y Margarita Zavala, que una nueva figura misteriosa apareció ante sus ojos: Genaro García Luna, el principal mando de seguridad durante el periodo calderonista.

Pero, ¿quién era García Luna? A pesar de una serie de libros y publicaciones sobre su carrera, no existía una investigación a fondo que explicara cómo este sujeto llegó al Centro Nacional de Inteligencia (Cisen) y luego a los altos mandos de seguridad en el Gobierno mexicano.

Con esa interrogante, Cruz se introdujo en el pasado oscuro de quien fuera secretario de seguridad durante el mandato de Felipe Calderón. De ese timonel que sostenía las riendas de las policías federales y no dudaba en dar latigazos a sus subordinados cuando lo consideraba necesario. Así nació el proyecto de García Luna, el señor de la muerte, publicado este año por Editorial Planeta.

"Mi trabajo fue: "¿Quién lo conoce?" Pues agentes del Cisen que trabajaron con él, y que luego lo siguieron a la AFI y la Policía Federal. Algunos hablaron conmigo, otros no, pero finalmente me empezaron a llegar algunos documentos, y entre ellos estaba su acta de nacimiento que cotejé después en la oficialía del registro civil".

Cruz se aventuró a conocer las calles donde Genaro García Luna vivió durante su juventud. Comenzó a conocer a sus exvecinos, excompañeros de la primaria y la secundaria. De pronto, Cruz se dio cuenta de que se encontraba en las páginas de una novela de terror.

"Que era una novela así, de verdad espeluznante. Lo que fui descubriendo en el camino, me asusta todavía. Ya me asustaba el personaje, pero lo que fui descubriendo, por ejemplo, que a los 11 años ya era un niño pandillero. A los 11 años fue reclutado por un grupo de agentes, de lo que fue el servicio secreto en Ciudad de México".

Así, el investigador indagó en cada acera, en cada cancha de futbol (porque Genaro soñaba con ser futbolista profesional), en cada fonda donde comió y en cada cantina que visitó.

"Empecé a conocer a ese otro personaje que es como un cuento de terror. Y lo primero que descubrí fue que su familia no era originaria de esa calle en la que vivía en Ciudad de México (…) fui descubriendo que su familia huyó de Michoacán a mediados de la década del sesenta y que por un año la pasaron escondidos".

Cruz se encontró con un niño reclutado por policías, a quienes servía de soplón ganándose la confianza de comerciantes de los mercados públicos o gente con dinero de esas colonias. Una vez que el pequeño Genaro se ganaba la confianza de sus víctimas y estas eran identificadas por los viejos agentes, los agentes asaltaban, robaban sus casas o extorsionaban a estos personajes. A Genaro le tocaba parte del botín.

Cruz relata que, conforme a las circunstancias, la inteligencia delictiva de García Luna lo instó a hacerse de su propia pandilla de policías a partir de 1987. En ese año, en la colonia Romero Rubio, dio su primer golpe al robar una casa habitación de un comerciante. Su banda obtuvo un botín de 250 millones de pesos, 10 mil dólares en efectivo y joyería fina.

"García Luna no tuvo necesidad de huir ni de nada, porque siempre andaba acompañado de 'gorilas', como le decían a los policías que lo rodeaban. Pero descubrí otras cosas que también eran aterradoras: muchos traumas, muchos complejos, porque era un niño de baja estatura que quería ser futbolista profesional, incluso su papá dirigía equipos infantiles de futbol. Él estaba acomplejado porque no podía jugar. Y luego, estaba acomplejado porque sentía que físicamente no era atractivo para las mujeres, porque las niñas se reían de él. Y luego, el complejo y los traumas eran peores, no sólo porque era pobre, sino porque era tartamudo".

ANTE LA MUERTE

La psicología surgida de los testimonios levantados por Cruz, arrojan que pese a sus complejos, Genaro García Luna podía anular su tartamudez e inseguridades cuando era acompañado por los policías a su mando. El joven se hizo violento, de ahí se ganó uno de sus primeros apodos: El Chango.

"Es un tipo que ya era peligroso cuando era joven, imagínate después como agente del Cisen, como espía, con charola para matar. En sus 12 años al frente de la Policía Federal (entre ellos cinco al frente de la AFI), tuvo 'oficialmente' 180 mil muertos, porque recuerda que cuando entra Peña Nieto, sostienen una reunión y acuerdan ocultar los datos reales de la violencia en el sexenio de Calderón".

Y es que, para Cruz, manipulación y muerte son dos conceptos que abordan la historia de este personaje. Por eso lo describe como un tipo amoral, que jalaba el gatillo sin titubeo. "No le importa nada con tal de hacerse de poder, de ser un hombre con mucho poder, por eso concibe la muerte como nada, porque alguien tiene que morir y ya".

García Luna, El señor de la muerte, muestra que el exfuncionario aprendió desde chico el arte de la manipulación, lo que después le dio maestría para traicionar a sus allegados. "Primero traiciona a los agentes que lo ayudaron, luego traiciona al PRI, luego traiciona a Fox. Entonces, es un tipo que aprendió el valor del manejo de la información y el valor del manejo de los secretos oscuros".

A diferencia de otros personajes de la política mexicana, quienes no podían ocultar sus nexos delictivos, y que incluso presumían de ello, García Luna vendió una imagen de funcionario pulcro que sólo existió en su imaginación. "Nos fabricó un país de mentiras a través de vestirte bonito, a través de un lenguaje educado, a través de agentes egresados de la universidad. Es un manipulador en grado superlativo, narcisista, que encontró en Felipe Calderón un espejo".

Para cruz, al contrario de otros delincuentes, Genaro García Luna siempre fue victimario. Por eso supo organizar su red de espionaje y entablar relaciones con el crimen organizado. Pero para el periodista, García Luna quiso pasarse de listo con Estados Unidos y la jugada no resultó a su favor.

En diciembre de 2019, aquel hombre que pensó que sería fácil enterrar a su pasado, fue arrestado en Nueva York y acusado por cargos de narcotráfico y falsas declaraciones ante la autoridad estadounidense.

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