Documento del Papa, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

Documento del Papa

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LUIS F. SALAZAR WOOLFOLK
miércoles 14 de octubre 2020, actualizada 7:48 am


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La encíclica Fratelli Tutti, que en días pasados presentó el Papa Francisco a los fieles de la Iglesia Católica y a todos los hombres de buena voluntad, contiene una convocatoria a la participación en política, a la que el pontífice considera y define como una "altísima vocación", y como "una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común". El documento contiene un múltiple y acertado diagnóstico de la situación actual del mundo y el cuadro resultante aparece con muchas sombras y muy pocas luces.

Problemas lacerantes como la guerra, la migración, el consumismo, la desigualdad social, la violencia doméstica, la pobreza, la Pandemia del COVID-19, el uso inhumano de la tecnología, el daño ecológico, etcétera, son analizados, y desfilan en un catálogo los flagelos que azotan a la humanidad contemporánea. Los comentarios al documento en las redes sociales, muestran la sorpresa que causa que en la actualidad, los problemas ancestrales de la humanidad sean enfrentados por el Papa con recomendaciones elementales y sencillas, como el amor al prójimo que es base de la doctrina cristiana y la receta clásica greco romana, de hacer por los demás, lo que quisiéramos que se hiciera por cada uno de nosotros.

El amplio espectro que incluye y analiza el documento papal ha dado lugar a innumerables comentarios y con seguridad dará mucho que hablar y escribir en las semanas siguientes en todo el planeta, por lo que ante la imposibilidad de agotar en este espacio la temática abordada en la Encíclica, nos limitaremos a sacar de botepronto, una conclusión práctica. Lo anterior es importante, porque la utilidad de la difusión del mensaje del Papa y su impacto en el mundo, sobre la sociedad en sus niveles nacional y mundial, dependerá de la respuesta de los destinatarios, porque el espíritu inspira, pero la voluntad seguida de la acción, es la que produce resultados.

A la pregunta de los millennials, que en las redes cuestionan que dos mil años de cristianismo no hayan sido suficientes para transformar la conciencia de la humanidad, el Papa responde que el "bien, el amor y la justicia no se alcanzan de una vez y para siempre", sino que "han de ser conquistados cada día". La expresión que antecede interpela a su vez a las generaciones actuales, que muestran su asco por la política, al tiempo que salvo honrosas excepciones, somos incapaces de comprometernos y luchar por un mundo mejor, esperando que las cosas se hagan por sí solas y que la verdad y la justicia resplandezcan por arte de magia.

El hartazgo y la desesperanza son explicables. El Papa reconoce que la humanidad no siempre hace política de la mejor manera y llevado al plano nacional, la dispersión de los esfuerzos hechos se estrellan en la falta de reconocimiento de lo que hemos logrado como país y como especie, y como consecuencia, debido a nuestra propia frustración la búsqueda de la utopía, se vuelve enemiga de lo bueno posible. De ahí la importancia del exhorto papal a la participación política, que resuena discordante en medio de una sociedad a la que nada parece embonar y olvida que la política, como actividad cultural y social, es parte de la naturaleza humana, caída pero redimible.

Además la invitación a la actividad política no la hace el Papa en abstracto, sino en referencia concreta a enfrentar una estrategia global de dominación y control, cuya existencia denuncia el Papa cuando dice: "partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano que se considera digno de vivir sin límites. En el fondo no se reconoce a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si todavía no son útiles, como los no nacidos, o si ya no sirven, como los ancianos…".

Si frente al reto que las palabras del Papa implican, alguien se considera exento de participar en la vida pública en las circunstancias actuales, no deberá darse por sorprendido de que si no participa en política, alguien más lo hará e impondrá las reglas.

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