Madres, trabajadoras y también maestras, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

Madres, trabajadoras y también maestras

ÉDGAR SALINAS URIBE
martes 15 de septiembre 2020, actualizada 7:21 am


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"Esperamos que las mujeres trabajen como si no tuvieran hijos, y cuiden de sus hijos como si no tuvieran un trabajo", es el dilema de la mamá trabajadora, a decir de Amy Westerbelt, según cita Sheryl Ziegler en un artículo publicado la semana pasada en la Revista de Negocios de Harvard. Dentro de las dramáticas realidades no visibilizadas como consecuencia de la pandemia (que en México es catástrofe, para hacer caso al vocero) se encuentra el estrés al que se ha sometido la dinámica en las familias y en particular el de las madres que cuentan con un trabajo remunerado. Es de llamar la atención que un fenómeno generalizado no haya recibido ni la cobertura ni la atención merecida.

El dilema mencionado genera culpa. La mujer trabajadora se siente culpable si trabaja, por las implicaciones en el crecimiento de sus hijos, y culpable si no trabaja. Las condiciones impuestas por la catástrofe han obligado a que muchas tomen la decisión de dejar su trabajo, porque se suma ahora la exigencia de ser maestras de sus hijas e hijos. Situación que no ocurre con el padre trabajador. La desigualdad estructural se ha profundizado con crudeza en las actuales circunstancias. De acuerdo con la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, "las mujeres han tenido el doble de incidencia en desempleo en contraste con el hombre" por efectos del COVID-19 catastrófico en México. De modo que no se trata de un tema ni menor, ni de la esfera "íntima" de los hogares. Su invisibilidad es parte de la permanente situación desigual.

En este contexto, se suma a la carga desproporcionada el rol de maestras que han asumido. Sin considerar la situación real de los hogares (tamaño familiar, espacios, equipamiento, conectividad, dispositivos, etcétera), la decisión de que el curso escolar sea a través de la televisión o mediante plataformas, separa aún más los niveles de calidad en la educación de quien la recibe a través de la televisión de quién tiene acceso a plataformas digitales en línea y no tiene problemas de dispositivos en casa. Usemos como ejemplo las estadísticas en Estados Unidos, pues no hay algunas semejantes para México: en aquel país, según el Pew Research Center, seis de cada diez hogares de bajos ingresos declararon tener al menos uno de estos tres obstáculos digitales para hacer el trabajo escolar: tener que hacer el trabajo en un teléfono celular, usar conexión wifi público ante la baja calidad de la red en casa y no tener la capacidad de hacer el trabajo escolar por no contar con computadora. Esta situación se presentó solo en uno de cada diez hogares de altos ingresos. Algo hay en eso de acentuar diferencias y la desigualdad.

¿Qué se gana, en términos de mayor igualdad social, con la puesta en marcha de un ciclo escolar en las actuales circunstancias y con las condiciones socioeconómicas del país? Difícilmente algo más que la acreditación de un curso. Es poco probable que se gane algo en igualdad, calidad en la formación educativa, reducción de brechas digitales y acceso a nuevas tecnologías.

¿Qué se gana, en términos de equidad, con el modelo de "nueva normalidad" que se ha implementado en el país? Las cifras de violencia doméstica reportan crecimiento, la desocupación femenina en mayor proporción que la masculina, y habría que analizar las condiciones emocionales y de estrés para las mujeres en esta circunstancia.

Desde luego, enfrentamos una crisis de múltiples caras. El hecho de que se priorice el rostro sanitario y económico, por obvias consideraciones, no significa que los impactos no se manifiesten en otras dimensiones de la vida real. Con crudeza las desigualdades se profundizan, en particular aquellas que afectan con mayor incidencia a las mujeres y a los hogares de menores ingresos. La reactivación económica no parece reparar en que hay condiciones normalizadas que no deberían prolongar su vigencia, y mucho menos acentuar su gravedad bajo la nueva normalidad. Sí que es de llamar la atención la escasa cobertura y la discusión marginal de este tipo de temas.

@EdgarSalinasU

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