Metrópoli sin agua (IV), El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

Metrópoli sin agua (IV)

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ
miércoles 05 de agosto 2020, actualizada 7:46 am


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En las anteriores columnas hicimos un recuento de la problemática hídrica que enfrentamos los laguneros y empezamos a revisar como esta se aborda desde la perspectiva del proyecto gubernamental de potabilizar aguas superficiales que se extraerían del río Nazas. Como ciudadanos creemos que este proyecto debe considerar otros aspectos como la recuperación del Acuífero Principal y el manejo del agua para uso doméstico.

Durante años hemos insistido que la problemática hídrica en La Laguna se centra en la sobreexplotación y contaminación del agua del subsuelo, por lo que toda opción que se plantee debe considerar como se abonaría a resolverlo porque de ello depende el desarrollo de la región, particularmente el abasto de agua de calidad y cantidad suficientes para quienes en ella residimos.

Un argumento a favor de la potabilizadora es que reduciría la extracción de agua del subsuelo en 200 hm3 que ya no se bombearían porque serían sustituidas por las aguas superficiales que se extraigan del río Nazas, aunado a ello se piensa que reduciría los costos de operación de los organismos operadores en lo referente al pago de energía eléctrica por concepto del bombeo, uno de los que más impactan sus finanzas.

Sin embargo, el ahorro que se obtenga con la reducción del bombeo se diluye si a la par no se regulan las extracciones que se realizan sin control, el llamado huachicoleo hídrico que se practica con los volúmenes que algunos usuarios extraen ilícitamente de pozos concesionados (440 hm3, el triple de lo que hoy en día se bombea para abastecer a la población) y los pozos llamados clonados o ilegales (sobre esto se carece de datos oficiales aunque se reconoce que el problema existe, y no es un asunto menor) que no tienen permiso de bombear agua. Entonces, el agua que se ahorre con la potabilizadora poco contribuirá a reducir la sobreexplotación si continúa la extracción ilícita.

Por ello como ciudadanos proponemos que una medida inevitable que urge aplicar es establecer un sistema de medición confiable de las extracciones para controlar el robo de agua, una medición en tiempo real que sea transmitida a un satélite. Sabemos que esto tendrá un impacto económico, particularmente entre usuarios agrícolas, porque es en este sector donde se concentran las concesiones y volúmenes de agua que se bombean del subsuelo, al igual que la totalidad de los volúmenes de aguas superficiales de los ríos Nazas y Aguanaval.

Esta es la parte más espinosa de la solución de la problemática del agua en La Laguna porque implicaría una reducción en las superficies de cultivo, sobre todo de forrajes que representan más del 70 % del área sembrada en el Distrito de Riego 017. Por ello hemos propuesto que el ajuste que se haría a las extracciones acorde con la disponibilidad de agua, se realice aplicando un programa gradual que amortigüe el impacto económico en el que los usuarios agrícolas transiten hacia un patrón de cultivos de menor demanda de agua y otras medidas que tengan una menor afectación en la cadena de valor agroindustrial.

El otro pendiente es el abasto de agua para uso doméstico. Es sabido que del total del volumen extraído del Acuífero Principal el 81.2 % (883.9 hm3) es para uso agrícola, el 11.6 % (126.4 hm3) para uso doméstico, el 4.6 % (49.8 hm3) para uso industrial y el resto para otros usos. El volumen destinado para uso doméstico ya no es suficiente, hay un serio déficit derivado de la sobreexplotación y es el que se pretende cubrir con la potabilización de aguas superficiales.

Este déficit tiene dos vértices: por un lado, está el problema de abasto que ya existe y se va agravar con el incremento en la demanda derivado del crecimiento de la población y la economía, que el Gobierno se centra en atender donde hay mayor densidad demográfica, es decir, en la metrópoli. Se estima que para cubrir esta demanda en 2040 se requerirán los 200 hm3, sin embargo, además de que después de esa fecha el déficit continuaría, existe otro problema: la eficiencia física en las redes urbanas de distribución del agua es de alrededor de 50 %, es decir, de cada metro cubico (mil litros) que sale de los pozos a las viviendas solo llegan 500 litros.

Pero el problema no solo es de abasto, también es de calidad de agua. En la metrópoli este problema hasta ahora es preocupante, pero no tan grave como lo indican datos de SIMAS de 2018: de 73 pozos 10 tenían valores por debajo de 0.010 mg/l (el estándar internacional), 23 menores a 0.025 mg/l (de acuerdo con la NOM-127-SSA) y 42 arriba de 0.025 mg/l, siendo el más alto con 0.0498 mg/l. Sin embargo, la contaminación más severa se presenta en los pozos ubicados en espacios rurales como lo indica un muestreo realizado por INIFAP entre 2009-2010 en 73 pozos de uso agrícola: 23 pozos tenían valores menores a 0.025 mg/l y los restantes eran superiores hasta 30 veces esta concentración.

En resumen, extraer 200 hm3 del río Nazas para potabilizarlos y abastecer de agua a la población lagunera hasta 2040, requiere una revisión que va más allá de la propuesta que hace CONAGUA, implica ver paralelamente como se rescatan volúmenes de agua superficial y en las redes de distribución de agua urbana, o de plano contemplar otras opciones. Independientemente de lo anterior, es indispensable frenar la sobreexplotación midiendo las extracciones de agua del Acuífero Principal para ayudar a recuperarlo y mejorar su calidad. Si no atendemos esto, difícilmente podemos hablar de desarrollo regional o metropolitano.

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