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EDITORIAL

El incierto destino de la crisis

AGENDA CIUDADANA

LORENZO MEYER
domingo 02 de agosto 2020, actualizada 9:05 am


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Es lugar común asegurar que las grandes crisis también pueden ser "ventanas de oportunidad". Sin embargo, y a propósito de la pandemia de COVID-19, Sheri Berman -politóloga de la Universidad de Columbia- advierte que ese potencial transformador puede perderse, ("Crisis only sometimes lead to change. Here's why", Foreign Policy Magazine, verano de 2020).

Desde una perspectiva progresista, Berman examina la crisis política europea de 1848 cuando estalló una ola de rechazo al orden establecido por las monarquías conservadoras que habían derrotado a Napoleón. Las revueltas de la época mostraron que en varios países se había acumulado el descontento contra el empeño restaurador del absolutismo. Sin embargo, las divisiones entre los sectores insatisfechos -clases medias liberales, proletariado inspirado por el socialismo y nacionalismos separatistas-, impidieron que los esfuerzos insurgentes pudieran aglutinarse alrededor de un proyecto de reformas con metas comunes mínimas y al final las fuerzas conservadoras prevalecieron.

En el siglo XX, Berman ve al período entre las dos guerras mundiales como otra crisis que pudo haber cambiado al mundo en un sentido progresista pero que, por el contrario, la capitalizó la derecha y desembocó en una catástrofe descomunal. En contraste, a partir de 1945 la Guerra Fría propagó en Occidente variantes del modelo rooseveltiano (el "New Deal") e impulsó la unificación europea. En los 1970 ese capitalismo keynesiano hizo crisis en el momento en que dos líderes conservadores, Ronald Reagan y Margaret Tatcher, pudieron hacer realidad el corpus de ideas neoliberales ya muy desarrolladas por economistas como los de la escuela de Chicago. El posterior hundimiento de la URSS reafirmó la fuerza de ese proyecto.

Según el planteamiento anterior, la crisis de la economía globalizada de 2007-2009 aunada a los duros efectos económicos y sociales de la pandemia causada por el SARS-CoV-2, más el ambiente de inconformidad generado por las movilizaciones anti racistas en EUA y otros países, abren la posibilidad de un nuevo "momento rooseveltiano" que podría desembocar en la superación del neoliberalismo y de su impresionante empeño por disminuir las capacidades del Estado en favor del mercado y en aumentar las desigualdades sociales al concentrar la riqueza de manera brutal: hoy la fortuna personal de Jeff Bezos, de Amazon, sobrepasa los 180 mil millones de dls. mientras que sus empresas niegan a sus trabajadores el derecho a sindicalizarse y a modificar el ritmo de trabajo despiadado que se les exige.

La tesis de las crisis como oportunidad para el cambio puede ser útil para interpretar no sólo coyunturas mundiales sino nacionales o incluso locales. En el caso mexicano, la tensión acumulada por los cambios cardenistas llevó a una crisis a la que poco le faltó para desembocar en un levantamiento armado (el almazanista). Montada en esa atmósfera, en la coyuntura de la 2ª Guerra Mundial y luego en la Guerra Fría, la derecha demolió el proyecto cardenista. La crisis electoral provocada por el henriquismo 1952 ya no llevó a ningún cambio significativo y la normalidad autoritaria posterior se mantuvo pese a la crisis de 1968 y la posterior "guerra sucia". Ambas coyunturas las aprovechó el propio sistema para montar un gran acto de gatopardismo: reformar el subsistema electoral para soltar presión sin modificar la esencia del conjunto.

El fraude electoral de 1988 fue otro momento de crisis que volvió a ser bien aprovechado por la derecha: bajo el liderazgo de Carlos Salinas se abjuró del modelo "nacionalista" de industrialización protegida, se desmanteló mucho del aparato productivo del Estado (y en el proceso se dio vuelo la corrupción, como en Rusia), se abrazó con entusiasmo la doctrina neoliberal y la fusión de la economía moderna mexicana con la norteamericana. En el proceso de cambio, el viejo partido de Estado -el PRI- debió pagar un precio: una pérdida paulatina pero irreversible de poder y tuvo que cogobernar con su antiguo rival de derecha: el PAN.

Hoy, una izquierda moderada, encabezada por un líder carismático -Andrés Manuel López Obrador- puede aprovechar la crisis local y global del neoliberalismo para impulsar un modelo de sociedad diferente. Y avanzaría más rápido en esa dirección si logra dar forma más acabada a las vías para alcanzar lo que propone como meta: una sociedad más equilibrada, un sistema político con la corrupción bajo control y un Estado capaz de garantizar la impartición de justicia, los servicios de salud universales, la educación pública de calidad, un ingreso mínimo general y poner fin a la inseguridad. La posibilidad existe.

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