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Cultura

Una poética llamada José Emilio Pacheco

Hoy se cumplen 81 años del natalicio del autor de Batallas en el desierto

SAÚL RODRÍGUEZ
TORREÓN, COAH , martes 30 de junio 2020, actualizada 9:28 am

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Considerado uno de los hombres fundamentales de las letras mexicanas en el siglo XX, José Emilio Pacheco comenzó la narrativa de su vida el 30 de junio de 1939, en la colonia Roma, en pleno corazón de la inmensa y caótica Ciudad de México.

Desde muy temprano, su relación con la literatura se empapó de tintas familiares, pues fueron sus abuelos quienes le leían cuentos y así lo acercaron a ese mundo donde las palabras le invitaban a prolongar las historias que escuchaba de esas voces longevas. Esa biblioteca hogareña le dotó de obras escritas por Julio Verne, Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Amado Nervo, entre otros. Así, su mundo interior comenzó a querer brotar y lo instó a buscar propio rumbo, como el cauce natural de los ríos de la Ciudad de México que José Emilio conoció de niño.

Por eso, su atracción por la pluma resultaría inevitable. El encuentro con su destino se suscitaría tras terminar la novela Quo Vadis, del autor polaco Henryk Sienkiewicz, misma que le habían regalado sus abuelos. La conclusión del relato no llenó su hambre de imaginación, sino que la desbordó y José Emilio decidió redactar su versión de la continuación de la obra. Se había enamorado de la ficción.

Para Carlos Monsivaís, Pachecho fue el cronista literario más importante de la segunda mitad del siglo XX, al buscar siempre, en esa exploración, un vínculo con el lector. El también poeta era consciente de su entorno, pues para él, el poema era una colaboración absoluta entre quien lee y quien escribe, de lo contrario no existe.

El intelectual mexicano siempre resaltaba la falta de control que invade al escritor cada vez que escribe. Le era evidente que la inspiración no existía, pero sí algo muy cercano a ella, lo cual determinaba el resultado de un texto bueno o uno malo.

Más allá de los reconocimientos por su obra, consideraba que el verdadero diálogo del ser humano se efectuaba en un momento de soledad. No gustaba de las entrevistas, pero a pesar de eso solía dar respuestas con gran belleza literaria, como la carta que le escribió a George B. Moore para negarle un interrogatorio. En ese texto, Pacheco desliza su pluma para remarcar su pensamiento con frases como:

"Si le gustaron mis versos / ¿qué más da que sean míos/de otros/de nadie? / En realidad los poemas que leyó son de usted: Usted su autor, que los inventa al leerlos".

Así, el lector puede sumergirse en las aguas de cualquiera de sus obras que incluyen poesía, ensayo y narrativa: Los elementos de la noche (1963), El viento distante (1963), Morirás lejos (1967), El reposo del fuego (1966), El principio del placer (1972), Irás y no volverás (1972), Islas a la deriva (1972), Desde entonces (1980), Las batallas en el desierto (1981), Los trabajos del mar (1983), La sombra de la Medusa y otros cuentos marginales (1990), Un arca para el próximo milenio: poemas (1993), además de la recopilación poética que se incluye en el volumen Tarde o temprano (poemas 1958 - 2000).

Fue el 26 de enero de 2014, alrededor de las 18:20 horas, cuando José Emilio Pacheco soltó su pluma para entregarse a la inmortalidad, luego de estar dos días hospitalizado tras sufrir un accidente en casa. Su hija Laura Emilia escribió: "Murió en la raya como él hubiera querido". El poeta tenía 74 años de edad.

Su obra sigue siendo pilar fundamental en la literatura mexicana. Claro reflejo de su pensamiento basado en la filosofía de Heráclito, donde el reposo del fuego consiste en transformarse constantemente, en no tener descanso.

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