La bala del COVID y AMLO pasándose el semáforo en rojo, El Siglo de Torreón
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EDITORIAL

La bala del COVID y AMLO pasándose el semáforo en rojo

DOBLE FONDO

JUAN PABLO BECERRA-ACOSTA
domingo 31 de mayo 2020, actualizada 8:30 am


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La Jornada Nacional de Sana Distancia termina este sábado, diez semanas después de su inicio. Fueron 69 días de encierro, salvo para quienes nunca acataron el distanciamiento social. Se han vivido días muy duros: hasta el viernes, se registraron 9 mil 415 muertos por COVID-19 en el país. También 84 mil 627 casos confirmados de contagio.

Cifras y cifras. Todo ha sido muy vertiginoso. Hace falta detenerse un momento. Alejarse de la inmediatez, para tener perspectiva y comprender la magnitud de lo ocurrido: 9 mil 415 muertes en 74 días (el primer deceso por Coronavirus ocurrió el 18 de marzo), equivalen, en promedio… a 127 personas fallecidas por jornada. Cinco seres perdidos por hora. Es una tragedia: cada una de esas vidas truncadas implicó una mutilación para las familias que se quedaron sin padres, madres, abuelos, esposas, hermanos, hijos.

Y esto no ha terminado: si a cada uno de los casos confirmados le sumamos 23 más, que es el factor que utilizó el gobierno federal con el sistema Centinela, y que es la misma herramienta que usan varios matemáticos para calcular la dimensión de la pandemia, tendríamos un millón 946 mil 421 casos estimados, que serían asintomáticos y que no necesariamente habrían estado en cuarentena, o se trataría de gente con síntomas leves.

Casi dos millones de infectados. ¿Cuántas de esas personas tienen el virus activo en su organismo y pueden contagiar a alguien hoy o el lunes? Sin pruebas masivas no sabemos de qué tamaño es el monstruo agazapado, cuántas garras ha esparcido en cada lugar de México. Y ese es el problema: el riego de que haya rebrotes es altísimo, porque mucha gente ha empezado a volcarse a las calles, casi en estado de histeria colectiva.

Si supieran lo virulento que es este bicho, no lo harían: en entrevista hace un par de semanas, el doctor Pedro de Jesús Yeverino Suárez, médico intensivista, jefe de Urgencias de Médica Sur, me describió el SARS-COV2 de esta forma:

"No es un ente pensante, solo hace lo que su naturaleza intrínseca le permite: ingresar de manera fortuita en un organismo compatible, apoderarse de la maquinaria molecular de una célula más evolucionada que él, para con esto poder replicarse hasta destruirla, liberando así más virus que invaden más células, y que se diseminan hacia nuevos huéspedes, antes de matar al que ya invadieron."

De terror. Por eso el semáforo está en rojo en todo el país, salvo en Zacatecas (naranja, alto riesgo). Y por ello me parece lamentable que el Presidente de la República ponga el mal ejemplo y se vaya de gira en estas circunstancias. ¿Cuál es su avidez? Su viaje no implica resolver asuntos de seguridad nacional, solo va a supervisar obras, lo cual podría hacer a través de una videollamada.

¿Qué va a ganar con su gira? ¿Enfermarse? ¿No intentó disuadirlo Hugo López-Gatell? Fracasó el doctor: Andrés Manuel López Obrador dijo que haría caso a los expertos y ahora va a cruzar por tierra, durante unas 20 horas, cinco estados con "máximo riesgo". Irá, metafóricamente, a toda velocidad pasándose los altos, las luces en rojo, y poniendo en riesgo su vida y la de quienes lo acompañen. Pero eso no es lo peor: entre los millones de personas que lo siguen, ¿cuántos lo emularán a ciegas?

El Presidente empezó muy mal la pandemia, minimizando la amenaza, invitando a la gente a ir a fondas, contradiciendo a los científicos de su propio gobierno, diciendo que a él lo protegía una estampita religiosa, y concluye la Sana Distancia de la misma manera: yendo en sentido contrario por la vía rápida de la pandemia y pensando… que todos los demás son los equivocados. Mal, muy mal…

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