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EDITORIAL

Cultura de la muerte

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 21 de mayo 2020, actualizada 7:45 am


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Inmunización en rebaño o inmunización social, es un término conocido para quienes se dedican a la salud pública; el principio es sencillo: al infectarse el paciente adquiere inmunidad, que puede ser relativa -por tiempo variable- o definitiva -para siempre-; en el primer caso están las infecciones virales respiratorias y en el segundo, otras como sarampión o viruela.

El comentario viene a colación, al conocer de jóvenes que están proponiendo fiestas y reuniones para contagiarse y quedar inmunes ante COVID-19, verdadera tontería que ocasionará graves consecuencias. Desconocen que solo 10% de los infectados desarrollan anticuerpos

El mundo cuenta con vacunas específicas, aunque aún no para el COVID-19, por lo que muchos científicos de diferentes países, incluyendo México, están trabajando denodadamente con sueros o virus muertos o atenuados. Vacunar sería la mejor opción para controlar la pandemia, aunque existan otras alternativas medicamentosas.

Al buscar la inmunización ´en rebaño´, los muchachos no alcanzan a comprender que los contagios serán con virus vivos que atacarán con toda su capacidad de reproducción y daño, luego del período de incubación -puede ser hasta de 15 días- para contagiar a familiares y cercanos, quienes, en caso de padecer otra enfermedad y/o ser mayores de 60 años, estarán expuestos gravemente al peligro de morir, al menos padecer fibrosis pulmonar, que desencadenaría patologías compuestas entre corazón y pulmones, acortándoles su esperanza de vida. Parecieran intentos de suicidio.

La mayoría se exponen por ignorancia o ´culto a la muerte´, motivados por inmorales, quienes aprovechan el ímpetu juvenil y reconocen la oportunidad para timarlos, algunos ofreciéndoles fiestas con costos altos, eso sí, incluidas bebidas de ´marca´. Verdaderas propuestas homicidas.

Seguramente, luego de la pandemia por coronavirus el mundo cambiará de muchas maneras y a diferentes niveles y habremos de adaptarnos fisiológica y psicológicamente; será limitando la libertad del gregarismo que antes disfrutábamos y temiendo constantemente el contagio por el contacto físico con otras personas. ¿Favoreciendo el individualismo?

Los mayores recordamos tiempos pasados en que no vienen a nuestra memoria intentos de suicidio en menores, quizá algunos alocados que jugaban a la ruleta rusa o atravesar a alta velocidad algún crucero muy transitado. Existían excepcionalmente adolescentes depresivos profundos, pero contrastan con las cortas edades de algunos suicidas actuales, muchos de ellos motivados por causas banales. ¿Recuerda al niño suicidado porque le castigaron su celular?

En el mundo actual pagamos las consecuencias de aquello que no hicimos bien en el pasado en diferentes situaciones; lo triste, la frecuente muerte de niños y adolescentes que se quitan la vida desesperados por sus condiciones de vida insatisfecha. Comúnmente afectados emocionalmente.

Podríamos enumerar causas, desde fisiológicas hasta malas relaciones sociales, laborales y/o psicológicas; todas con un común denominador doloroso: la mala -deficiente- educación y cuidado emocional en casa. Quizá alguien se sienta ofendido; pero escribo luego de estudiar para compartirle el diálogo.

Las expectativas de calidad de vida futura de los jóvenes están limitadas por el posmodernismo. Permítame citarle un ejemplo: los sesentones o mayores, teníamos menor competencia profesional en nuestras áreas de trabajo -médicos, ingenieros, abogados, empresarios, etc.

Ahora, los muchachos compiten con numerosos mexicanos y extranjeros; los más favorecidos suelen ser sometidos para aceptar sueldos por debajo de sus capacidades y responsabilidades, porque la oferta es alta. Algunos más, por su deficiente preparación en las universidades centaveras que supuestamente les formaron, deberán buscar alternativas varias: desde subemplearse, aceptar convenios temporales y/o hasta realizar actividades ajenas a su profesión. Otros recurren a la ilegalidad.

Entiendo que los mejor preparados educativamente en el conocimiento, psicológica y físicamente estructurados, tendrán desarrollo de inteligencias que les permitirán salir adelante; otros, los menos, simplemente se apoyarán en empresas y/o oficinas de servicios profesionales de familiares y cercanos.

Los demás sufrirán intensamente el impacto del deseo, motivados con los provocativos ofrecimientos de comodidades, placeres, alternativas para construir familias, futuro, etc. La fórmula es humanísticamente desastrosa: provocación del deseo para consumo basado en la superficialidad y consecuente frustración.

Los más ´desarmados´ cederán rápidamente y en soledad sufrirán frustración, ansiedad, depresión: Potenciales suicidas.

Agregue que la nueva familia mexicana enfrenta retos propios: distanciamiento por razones laborales, diferencias en identificación valoral, mala comunicación, mayor exposición a crisis entre padres y hasta separación de éstos, agregue la influencia de otros dañados.

Revisando lo anterior, es sencillo entender -nunca conformarse- los cambios que estamos enfrentando en el siglo XXI. El remedio es de sobra conocido: comunicación con fuerte interacción familiar -nos engañan enseñándonos que no es ´cool´-; acompañamiento verdadero, en calidad y tiempo; retroinformación entre jóvenes y viejos del quiénes somos, cómo pensamos y los porqués de las diferentes actitudes. Importantemente buena educación

No es verdad que todo tiempo fue mejor; lo diferente requiere aceptación, asimilación y acción; cambiar nuestra actitud hacia presente y futuro, tomando las alternativas ofrecidas para alcanzar la felicidad verdadera. ¿Concientizamos?

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