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EDITORIAL

Porfirio Díaz Jr., su empresa del agua en Torreón (V)

Yo río libre

JULIO CÉSAR RAMÍREZ
sábado 21 de marzo 2020, actualizada 7:36 am


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Los hechos desencadenados el 10 de septiembre de 1910 en Torreón reflejan la pugna interna, cruenta, de los bloques porfiristas en el Cabildo: unos, decididos a agachar la cabeza ante la empresa defraudadora, la Compañía Mexicana Abastecedora de Aguas y Saneamiento de Torreón S.A., cuyo principal accionista era el hijo del dictador de la República, y otros, la mayoría, opuestos a una eventual imposición vía el Gobernador de Coahuila. Desenlace de la historia de un fraude mayor.

Un nuevo decreto del gobernador Jesús de Valle sacudió a los torreonenses "privilegiados". Decía: "Se declaran obligatorios a contar a partir del primero de octubre próximo los servicios de agua y drenaje para todas las casas de Torreón dentro del radio donde estén establecidos, quedando obligados los propietarios de dichas casas a pagar el mínimum de dicho servicio conforme a las tarifas vigentes."

Pero la protesta de quienes se sintieron afectados por el decreto creció. Y la presión social obligó al Gobernador y a los representantes Eduardo Hartmann y Alberto Polo del Valle, de la Compañía Mexicana, a finiquitar la intentona de municipalizar el servicio de agua potable y drenaje de Torreón.

El decreto legislativo fue terminante: "Artículo único.- Se aprueba el contrato celebrado entre el Ejecutivo del Estado y los señores doctor Juan Cabello y Siller en representación de la Compañía Mexicana Abastecedora de Aguas y Saneamiento de Torreón S.A., sobre rescisión de contrato de fecha 31 de julio de 1909 aprobado por el H. Congreso el 14 de agosto del mismo año; adicionándose el presupuesto de egresos del municipio de Torreón con la cantidad de quinientos pesos mensuales, que se destinarán al pago de la cantidad de veinticinco mil pesos a que se refiere la cláusula tercera del contrato mencionado."

La fecha era del 10 de octubre de 1910. Al mes siguiente estallaba la revolución.

Tres años antes, Torreón obtuvo el reconocimiento legal de ciudad, en medio de una grave crisis financiera internacional -año 1907-, que motivó que muchos negocios quebraran y mandaran a la calle a sus trabajadores.

Días antes de que la legislatura de Coahuila aprobara la iniciativa del Gobernador Miguel Cárdenas para elevar la villa de Torreón a rango de ciudad, se desató una intensa ola de compra-venta especulativa de terrenos agrícolas de la Hacienda del Torreón, al oriente de la población, encabezada por el propio Gobernador, su jefe político Juan Castillón y hombres de negocios. Era junio de 1907.

Deambulaba bastante gente sin trabajo, aumentaron los robos, los asaltos y la violencia. Recrudeció la desigualdad social, el despojo de tierras, el acaparamiento de agua, la imposición de gobiernos, la corrupción. Golpeó la sequía a la población y a la agricultura.

En 1908, la cuarta parte de los despachos y viviendas de Torreón estaba vacía. Los comercios carentes de clientes. Los bancos suspendieron operaciones. Y hasta las cantinas estaban solas.

Todo por las secuelas del crack financiero de Estados Unidos, las malas cosechas y la tiranía de Porfirio Díaz y su cúpula de "científicos", de la que formaba parte su hijo, Deodato Lucas Porfirio Díaz Ortega, también conocido como Porfirito o Porfirio Díaz Jr., accionista mayoritario de la Compañía Mexicana Abastecedora de Aguas y Saneamiento de Torreón S.A. y de otros grandes negocios al amparo del poder.

Engendró la crisis un profundo descontento popular y una situación de sisma político.

La primera chispa saltó en Viesca, Coahuila, en junio de 1908, una rebelión popular de inspiración anarquista.

Llegando estaban además, de la frontera norte, millares de braceros mexicanos, expulsados de la industria de la construcción y de los ferrocarriles norteamericanos. En cada tren que arribaba a Torreón, con ocho o nueve vagones de pasajeros, la mitad era de migrantes, repatriados, mexicanos sin trabajo y sin recursos de ningún tipo.

Ya en 1909, en todas partes se hablaba de la crisis, pero en la región de La Laguna se había llegado a niveles alarmantes, al parecer como en ninguna parte de la República. La población estaba emigrando y era inquietante el número de casas vacías. De continuar así la situación, Torreón corría el riesgo de convertirse en pueblo fantasma.

La combinación de crisis política, económica y social llevó al pueblo de La Laguna, la generación golpeada, a la revolución armada de 1910. Fue el ¡Ya basta! que dislocó a la dictadura.

Fin.

@kardenche

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