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Cultura

La cultura entre guerras y pandemias

Actividades artísticas alrededor del mundo están siendo afectadas por la pandemia que hoy se vive

SAÚL RODRÍGUEZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, sábado 21 de marzo 2020, actualizada 10:21 am

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En 2015, el empresario Bill Gates mencionó durante una conferencia que la mayor amenaza para el mundo no se vería como un hongo nuclear, sino como un virus. "La falta de preparación podría ser que la epidemia sea mucho más devastadora que el ébola", declaró.

En plena contingencia sanitaria por el COVID-19, la predicción de Gates comienza a tener forma y su intimidante volumen ya se puede ver más allá de los microscopios.

La pandemia del coronavirus ha afectado a muchos rubros que rigen la vida social de la humanidad. Diarios como El País ya hablan de desplomes y crisis económicas en los mercados.

El aislamiento social orilla a refugiarse en las redes de internet y, aunado a esto, otro de los elementos afectados es aquella vena que mantiene latentes al arte y la cultura.

EL ARTE DE LAS GUERRAS

En este tema, la comparación de Gates entre la bomba nuclear y una pandemia invita a lanzar la mirada hacia los conflictos bélicos del siglo XX, especialmente la Primera y Segunda Guerra Mundial, pues estos dos eventos interrumpieron, modificaron e influenciaron involuntariamente al mundo del arte, incluida la infraestructura de museos, festivales y ferias que lo rodean.

En las vísperas de la Primera Guerra Mundial, el clima cultural en Europa estaba en plena efervescencia. El expresionismo en Alemania y el cubismo en Francia tomaban la batuta de las artes visuales. También se respiraba la influencia del psicoanálisis y el cine se levantaba como un infante que daba sus primeros pasos.

Sin embargo, aquella atmósfera colapsó al estallar la guerra. No sólo los centros culturales se vieron afectados, sino que los propios artistas prescindieron de sus instrumentos musicales, plumas y pinceles para reclutarse de manera voluntaria u obligatoria en los ejércitos de sus países.

Así, naciones como Alemania, Francia, Gran Bretaña y el Imperio Astro-Húngaro tenían entre sus filas a artistas como Ernst Jünger, Robert Musil o Georges Braque (uno de los fundadores del cubismo junto a Pablo Picasso), quienes abandonaron los trazos de su quehacer artístico para remarcarse en las líneas de batalla.

Lo que terminó por rematar al panorama cultural mundial fue la Gripe Española de 1918. Una pandemia que brotó en la ciudad de Boston, cobrando la vida de más de 40 millones de personas. Fue llamada así debido a que sólo los diarios españoles se atrevían a hablar de ella.

El virus "español" también afectó la salud de artistas como Edvard Munch (autor del famoso cuadro El Grito), los austriacos Gustav Klimt y Egon Schiele, o la pintora estadounidense Georgia O'Keeffe.

Al acabar la guerra y controlarse la enfermedad, las respuestas del arte ante las heridas emergieron en los conceptos del dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo y el futurismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el paro cultural fue similar al del primer conflicto. Sólo que el cierre de los museos tuvo más impacto. El caso más famoso es sin duda el del museo del Louvre, en París, pues tras la derrota del ejército francés en 1940, cerró sus puertas y bajo la gestión de Jaques Jaujard (entonces funcionario de Bellas Artes en Francia), se escondieron las obras más importantes del recinto para que no fuesen robadas por los nazis.

Historias similares ocurrieron con la Galería Nacional de Londres, cuyos trabajadores trasladaron las obras hacia varios lugares de Gales. Ante la depresión de la guerra, músicos como la pianista Myra Hess comenzaron a dar recitales en la soledad del museo para rescatar la moral de los ingleses, pues también todas las salas de conciertos habían sido cerradas.

CONTINGENCIA

Gran parte de las ferias de arte más importantes del mundo celebradas en la actualidad, nacieron en la posguerra sobre los discursos amenazantes de la Guerra Fría. A pesar de que algunas tienen casi 50 años de vigencia y han soportado todo tipo de tensiones bélicas y sociales, jamás habían cancelado o postergado sus celebraciones hasta la aparición del COVID-19.

Fue a partir de enero de este año, en un principio de manera intermitente, que recintos y ferias culturales en todo el mundo comenzaron a cesar sus actividades.

Por razones obvias, primero fueron los de China y Hong Kong; por ejemplo, el Museo de Arte de Honk Kong paró sus actividades desde el 29 de enero. En febrero, Art Basel, fundada en 1970 y considerada la feria de arte más importante del mundo, anunció que cancelaría su edición en Honk Kong debido a la contingencia, situación que no se había presentado en su historia.

Para marzo, otras de las ferias que se unieron al paro fueron la Art Brussels y la Art Cologne, ésta última fundada en 1968 y considerada la más antigua de todas. Ambas estaban programadas para realizarse simultáneamente del 23 al 26 de abril y se reprogramaron para junio y noviembre, respectivamente.

En cuanto a los museos, el Louvre de París y la Galería Nacional de Londres cerraron sus puertas como en aquellos conflictos bélicos del siglo XX. A ellos se unieron otros recintos importantes como el MoMa de Nueva York y el MUNAL de Ciudad de México.

Hasta 2020, no se había presentado una crisis tan impactante a nivel mundial respecto a la oferta cultural desde la Segunda Guerra Mundial. La necesidad que tiene el ser humano de consumir arte ha orillado a que muchos de estos museos trasladen sus galerías al mundo virtual, donde los usuarios pueden recorrerlas desde su aislamiento.

Aquí es cuando la predicción de Gates parece cobrar más sentido. Al igual que la guerra, el virus también ha reclutado a los artistas. Pintores, músicos, cineastas y escritores tuvieron que cancelar sus exposiciones, conciertos y presentaciones en todo el orbe. Incluso, algunos de ellos han adquirido la enfermedad; por ejemplo, apenas el 15 de marzo pasado, el arquitecto italiano Vittorio Gregotti perdió la batalla contra el coronavirus.

Alrededor del mundo, miles de personas pasan la cuarentena en sus hogares. Algunos de ellos salen a los balcones de los edificios con instrumentos musicales en mano y, tal como lo hizo Myra Hess en la Galería Nacional de Londres durante la Segunda Guerra Mundial, tratan de levantar la moral de sus vecinos.

Y es que para artistas como el jazzista mexicano Aarón Cruz, el arte es de las principales armas benévolas ante cualquier problema médico, social o de cualquier especie. Esto se liga a las ideas que el psicoanalista Darian Leader plasma en su libro La moda negra, donde toma ideas de Sigmund Freud para explicar cómo en el proceso de duelo, el ser humano necesita a las artes para expresar una "verdad" (emociones, deseos, reacciones) que se esconden tras los hechos y así, construir un significado a partir de un vacío. "En otras palabras, (Freud) afirma que son las artes las que pueden salvarnos".

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