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EDITORIAL

El quicio del 2021

JULIO FAESLER
viernes 14 de febrero 2020, actualizada 7:24 am


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La creación de las instituciones electorales que hoy en día rigen la elección de los que tripulan los puestos fue resultado de largos años de insistencia y tenacidad por parte de la sociedad civil particularmente en los años noventa del siglo pasado.

La reacción constructiva contra los acostumbrados abusos de más de setenta años del partido oficial, "el invencible", fue de un gran número de declaraciones y manifiestos ciudadanos de mando independientes, muchos de ellos miembros de asociaciones civiles Consejo para la Democracia, Alianza Cívica, Mujeres en Lucha por la Democracia, Grupo San Ángel, 10 Compromisos para la Democracia además de la continuada resistencia al fraude electoral librada en muchas plazas de la República mediante tribunales populares. Destacan, entre muchas, acciones heroicas de personalidades como Luis H Álvarez, Manuel Clouthier de Salvador Nava.

El plebiscito sobre la cuestión de la elección directa del Alcalde de la ciudad de México que fue organizado Demetrio Sodi fue un punto de referencia para probar que la ciudadanía por sí sola era más capaz que las entidades oficiales del momento para diseñar una consulta, organizar su logística, controlar la realización, registro y anuncio de resultados de manera absolutamente.

Uno de los tópicos más discutidos en su momento fue el de la observación electoral en la que varios mexicanos habíamos participado en varios países y que el PRI rechazaba rotundamente para nuestros propios comicios. Fue Colosio, en un histórico discurso, quien les dio vigencia.

La autonomía de las instituciones electorales fue un triunfo que hasta hoy perdura. Las primeras sesiones del Instituto Federal Electoral (IFE), innecesariamente cambiado luego de nombre a Instituto Nacional Electoral (INE), ha dado certeza y confiabilidad a los resultados de las elecciones. La confiabilidad del Padrón Electoral y la Credencial Electoral con foto fueron elementos primarios cuya ausencia anterior explicaba el fraude impune que aquejaba las elecciones en las que, como era comentado mundialmente, los resultados no solo eran previsibles para una contienda sino para muchas más lo que daba una singular seguridad para al inversionistas al que se la ofrecía la soberana tranquilidad para su inversión.

Baste, sin embargo, seguir aludiendo a los pasos que hace treinta años dimos conquistando comicios creíbles. Hoy se trata de la democracia y que hay que consolidar. Esta, empero, se nos escurrirá de las manos si nos descuidamos y por desidia dejamos que la delicada flama de la democracia electoral la extingan sus enemigos de nuestro escenario cívico.

Pero los asuntos electorales suelen aterrizarse en la más simplísima aritmética. La noble proa de la Democracia puede verse dramáticamente desviada su ruta si no emprendemos esfuerzos serios para blindar a la Cámara Baja contra la repetición del monopolio en que ahora se encuentra con una exagerada mayoría de una sola convicción ideológica, la de MORENA.

Este predominio es como cuando se inició la gesta por la democracia. El asunto es aún más grave que hace veinte años debido al cierre mental que se advierte en la presente dinastía política que no tiene ni interés ni disposición para escuchar alternativas de acción ni mucho menos admitir su existencia.

Múltiples decisiones que se han tomado a lo largo de la primera etapa de la presente administración han sido patentemente desacertadas en muchos temas, no solo económicos, energéticos o aeronáuticos. El más reciente caso es el de una visión personal, notoriamente equivocada y sin fundamento, distorsionada de la realidad, que abocó en convocar a una selección de adinerados empresarios a una abusiva recaudación de fondos.

El caso no es empero tan particular. En efecto, el abuso de esta semana es en materia económica pero el que todos advertimos como inminente es la imposición en lo político que nos espera a la ciudadanía en ocasión de los comicios del 2021. En efecto, la mayoría que goza el Movimiento para la Renovación Nacional (MORENA) en la Cámara Baja podrá ser utilizada muy pronto para imponer los cuatro consejeros del INE en al entero gusto de grupo del presidente.

De acuerdo con el comentarista Salvador García Soto, Dicha mayoría que favorece a MORENA se constituye con 341 votos: 258 Morena, 35 Partido del Trabajo, 26 del PES, 13 del Partido Verde y probablemente 9 del PRI. En caso de emergencia echarían mano de diputados sin partido con lo MORENA, si se les añade 1 voto más tendría los votos necesarios. Con esto y una presidencia rotatoria como lo ha propuesto Morena; ya se tendría la cámara baja bajo dominación de MORENA .

Lo impactante de lo anterior es que en 2021 habremos de elegir a 15 gobernadores, 1900 munícipes y 30 congresos locales. La autoridad que eventualmente juzgará la legitimidad de las elecciones estará en entidades controladas por MORENA lo que equivale a que el INE pierda su autoridad el INE.

Alcanzado este punto, creemos que nadie quiere regresar a los tiempos del salvajismo electoral. ¿Nadie?

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