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EDITORIAL

Greta

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 06 de febrero 2020, actualizada 7:35 am


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Greta Thunberg, joven adolescente de 16 años y candidata al Nobel de la Paz, es icono contra la depredación ecológica, responsabilidad de todos y que solo unos pocos atienden.

Entre los negativistas existe la convicción que el "hombre es el mayor peligro del hombre" y que será causa fundamental de su autodestrucción. Argumentan con razones que nos deben llevar a la reflexión; la primera y más importante: nuestra incapacidad de convivir en paz.

La Tierra produce alimento para todos, incluso sobreabundancia, gracias al desarrollo de las técnicas agropecuarias; claro que ello podría colapsar al sistema económico, así que destruimos parte, dejando que la hambruna mate a muchos y favorezca enfermedad. ¿Lo duda?, recuerde que ante sobreproducción de melón y para evitar la caída del precio, lo tiramos en las carreteras "como protesta". Los pequeños productores de leche hacen lo mismo, frente a presidencias municipales.

Estamos divididos en grupos que aparentemente no tienen puntos de coincidencia: occidentales y orientales -no excluya a los medio orientales -; cristianos, musulmanes y budistas, además de otros religiosos; blancos y negros; ricos o pobres, todos luchando por tener mejor calidad de vida: poderosos tratando de ampliarla y urgidos buscándola.

Luchando por el poder para poseer, hemos sofisticado la tecnología de guerra, al punto de tener capacidad para destruir varias veces la vida del planeta. Nuestras ideas de globalización también han servido para hacer más cruel la lucha y profundizar las heridas.

Algunos estudiosos piensan que ello pudieran favorecer la tercera guerra y cuentan que Albert Einstein, al entrevistarlo, le preguntaron ¿quién sería el vencedor?, contestó:

- "No lo sé, lo que sí sé es que la cuarta guerra la haremos a pedradas".

Le comparto algunos datos impactantes:

Comparando la segunda guerra mundial que generó millones de muertes, han fallecido más seres humanos por acciones de violencia; el presupuesto anual para armamentos es de setecientos mil millones de dólares y con una fracción de eso podríamos evitar que treinta millones de niños mueran de hambre. El costo de un submarino nuclear es suficiente para alfabetizar en 27 países en desarrollo.

Curiosamente, la guerra no es por ideologías o religiones; es más brutal: tiene intereses económicos, como la industria militar, que requiere cantidades de dinero estúpidamente enormes.

Para dominar al mundo, las grandes potencias invierten dineros que obtienen de los países pobres, desarrollando tecnología que primero experimentan en ellos, luego aplican y finalmente les venden.

Lo más grave: desde el 2010, al menos 25 naciones tienen energía atómica para usos destructivos y nadie puede controlarlos.

Las advertencias de ecologistas son claras y desesperantes: de continuar calentándose el planeta por emisiones de gases, los polos deshelarán más rápidamente; de hecho, hay evidencias contundentes en las montañas y casquetes del mundo.

Siguiendo así, el nivel del mar subirá lo suficiente para engullir varios kilómetros de tierra firme. No olvide que la mayor parte de las grandes metrópolis del mundo y otras con menos población están frente a costas; imagine el caos económico que ocasionaría.

Seguimos destruyendo los bosques: la deforestación por tala inmoderada es calculada en decenas de miles de hectáreas anuales. Países tercermundistas han sido objeto de la depredación de criminales, ciudadanos del llamado primer mundo; la flora guerrerense es buen ejemplo.

En tanto, los ricos siguen aportando al calentamiento y la contaminación con motores automotrices y electrodomésticos que les generan sobreconfort a un costo inadmisible. Reconozcamos que aún con temperaturas clementes muchos laguneros no apagamos el clima artificial de nuestros autos.

Otras otro peligro para el planeta son las enfermedades de nueva aparición.

Aunque el SIDA existe desde muchos años atrás en el Centro de África, por la velocidad de los medios de comunicación y la globalización se ha extendido a todo el mundo transformándose en la mayor amenaza infecciosa, resistente a todo tratamiento; el virus del VIH no única preocupación, también otros microorganismos, como el ébola matan. Últimamente el amenazante coronavirus.

Incluso algunas enfermedades que habíamos declarado desaparecidas o controladas, caso de la tuberculosis, reaparecen con cepas que se niegan a morir con el uso de antibióticos igualmente sofisticados, desarrollados por el hombre con la aplicación de su ciencia tecnificada. Recientemente el sarampión.

No tengo la menor duda que los humanos saldremos adelante y podremos vencer los obstáculos en camino a la superación como especie dominante del planeta; lo que nadie ha podido calcular es el precio que habremos de pagar, que seguramente será alto.

Nos queda promover la práctica de virtudes y defender los valores humanos para descontar el precio final.

Piense en costo-beneficio; recuerde: hay muchas pequeñas acciones ecológicas que podemos hacer los simples ciudadanos de las provincias del mundo.

El reto es para los responsables, que no esperan que otros den el primer paso para seguirlos.

¿Usted que planeó como propósitos ecológicos del año 2020?

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