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EDITORIAL

Trump pone el Medio Oriente al rojo vivo y a temblar al mundo (II)

EMBAJADOR JORGE ÁLVAREZ FUENTES
miércoles 15 de enero 2020, actualizada 7:38 am


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La tensión internacional en los últimos días ha estado marcada por una aparente desescalada entre Estados Unidos e Irán, luego de la respuesta bien calculada y ejecutada por este último, tras el asesinato del general Soleimani, consistente en el lanzamiento de 22 misiles de corto alcance contra las bases militares de Al Assad y Erbil en Irak, deliberadamente sin causar bajas estadounidenses, y luego del reconocimiento que la dirigencia iraní se viera obligada a hacer, tras el trágico y desastroso error del derribo de un avión comercial ucraniano con 176 pasajeros que despegaba del aeropuerto de Teherán. El régimen de los ayatolás podría entrar en otra crisis interna. En la columna de la semana pasada, ya destacábamos los enormes peligrosos de la actuación estadounidense si ésta, como ahora se sabe, no fue el resultado de una estrategia política, diplomática y militar sólida, consultada y bien sopesada, sino una decisión intempestiva. Indicábamos también los riesgos que suelen presentarse con los errores humanos que tanta frecuencia ocurren en situaciones de crisis. Las supuestas justificaciones de Trump y las huecas explicaciones ofrecidas por Mark Esper, el jefe del Pentágono, por funcionarios anónimos de la Casa Banca y del Departamento de Estado y por Robert O'Brien, asesor del Consejo de Seguridad Nacional no han venido sino a comprobar que la decisión de proceder con el asesinato estuvo sustentada, solamente, en la intuición del Comandante en Jefe estadounidense. Ciertamente el problema no radica sólo en la irresponsabilidad e impulsividad de Trump.

Por ello, más que abundar en esta ocasión en el análisis de lo que ha venido ocurriendo, de sus alcances e implicaciones, como lo ha hecho, con particular acierto, el doctor Moisés Garduño García de la UNAM, en la más reciente edición digital de la revista Foreign Affairs Latinoamérica (www.revistafal.com), cuya lectura recomiendo a los lectores, argumentando de manera convincente que el asesinato no fue un hecho aislado, sino parte de una operación de inteligencia de amplio espectro, quisiéramos aportar algunas breves reflexiones personales, fruto de la experiencia profesional, sobre las causas y motivos que subyacen a las notorias inconsistencias, yerros, engaños, pifias y la descoordinación de la política exterior estadounidense, en la última década, en particular en el Medio Oriente. ¿Cómo es que Estados Unidos, la única superpotencia militar, dejó de ser el protagonista clave en la región más conflictiva del mundo y permitió que su lugar se lo disputen otros? ¿Por qué EU, demuestra cada día más, que carece de una política exterior que no sea un conjunto de decisiones impulsivas? ¿Por qué su sistema de posicionamiento global, su GPS diplomático, por así decirlo, funciona cada vez más mal?

En mi opinión, qué duda cabe, que EU, por una parte, debió proceder de manera rápida a reconfigurar y recalibrar su lugar, su papel y su peso específico en Medio Oriente, una vez superada su dependencia de los hidrocarburos procedentes de esa región, al alcanzar suficiencia y autonomía energética. Consecuentemente modificó sus relaciones bilaterales con sus aliados árabes, incluidas sus alianzas con los principales países productores de petróleo y gas. Se transformó su rol, pero los EU siguieron trabajando sobre viejas premisas y no actualizo los mapas. Por otra parte, quizás algunas de las posibles respuestas a estas preguntas se encuentren en el agotamiento y el notorio y peligroso desmantelamiento de la diplomacia estadounidense, habiéndose marginado al Departamento de Estado en aras de la preeminencia del Pentágono y las agencias de seguridad e inteligencia, y los intereses preponderantes de la industria militar estadounidense. Quizás también otras razones de fondo debemos encontrarla en la fijación obsesiva de Washington en defender a ultranza los intereses de Israel, lo que ha conducido a cada vez más evidente sujeción de su política exterior a los dictados de este último, haciendo que EU deje de ser el indispensable honest broker en el conflicto toral de la región: el conflicto respecto de la legítima y justa causa del pueblo palestino. La credibilidad de los EU en tanto en el mundo árabe como musulmán está en quiebra. Del discurso del presidente Barack Obama en El Cairo, no perdura nada que no sea un marcado desconcierto, un notorio descrédito ante las posiciones y causas y líderes a quienes apoya, y a un creciente resentimiento popular antiestadounidense. Los embajadores y diplomáticos americanos en Medio Oriente llevan años aislados de las sociedades en las que deben representar y promover los intereses estadounidenses, porque deben permanecer resguardados en bunkers. Así, tienden a imaginar más que a comprender las cambiantes realidades del ascenso del islam político. Muchos de sus diplomáticos expertos en la región han renunciado al servicio diplomático y muchas importantes misiones diplomáticas permanecen acéfalas. Las visiones maniqueas contribuyen a socavar los antecedentes de una política exterior asertiva, predecible.

Por ello, no debiera sorprendernos la más reciente y peligrosa aventura en la que Trump y su administración se han metido respecto de Irán, cuyas consecuencias no se circunscribirán a la región del Medio Oriente, sino sus repercusiones se extenderán al mundo entero. Es por ello, que en México se debe comprender mejor lo que ocurre y puede llegar a ocurrir en Medio Oriente, si queremos actuar e interactuar de manera inteligente y responsable con nuestro poderoso vecino del norte y desempeñarnos en la comunidad internacional. No podemos ser cándidos respecto de las implicaciones de nuestra próxima participación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

@JAlvarezFuentes
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