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Cultura

La mirada de Diego Rivera

Se cumplen 131 años del natalicio del pintor guanajuatense

SAÚL RODRÍGUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, domingo 08 de diciembre 2019, actualizada 4:39 pm

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Fue la tierra guanajuatense quien lo vio emerger de sus entrañas el 8 de diciembre de 1886. De talento nato, a los 10 años de edad ya se encontraba en Ciudad de México y trazaba su andar en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde estudió pintura. En esos muros recibió instrucción del paisajista José María Velasco y a los 21 años realizó con éxito su primera exposición.

Tal era el fulgor de Rivera, que el Estado de Veracruz lo becó para que emigrara a España. A la península Ibérica arribó con la recomendación del Dr. Atl, lo que le permitió ser aceptado como alumno del pintor Eduardo Chicharro, quien fue la primera influencia que Rivera absorbió de Europa.

La travesía por el Viejo Continente lo llevó a París, donde se estableció hasta 1914. En la ciudad de la luz, el cubismo fue la corriente que llamó la atención de su mirada. Pero el estruendo de la Primera Guerra Mundial lo obligó a regresar a España, donde trabajó su obra en el estudio de María Blanchard.

Quizá la obra más representativa de su etapa cubista sea Paisaje Zapatista (1915), una pintura que apoya su discurso en el nacionalismo mexicano. Los elementos plasmados por Rivera (un sarape, un sombrero, una carabina, entre otros) componen a un guerrillero que se yergue en forma piramidal ante un fondo trazado con volcanes y montañas. Esta pieza otorga claros que dejan percibir la influencia que Picasso y Juan Gris tuvieron en Rivera.

EL MURALISMO

En 1921, José Vasconcelos pidió a Rivera que regresara a México. El guanajuatense aceptó y en 1922 pintó su primer mural en colaboración con Xavier Guerrero y Carlos Mérida. La Creación (literalmente llamada) es una obra pictórica adherida a uno de los muros del Anfiteatro Simón Bolívar, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. En su centro surge la figura del hombre, quien abre sus brazos en cruz. Sobré él se plasma un semicírculo azul en representación de la energía. La flora y fauna presentes son producto de los viajes de Rivera por el istmo de Tehuantepec. Mientras que a cada lado, la figuras de la mujer y del hombre descansan desnudos, acompañados de musas mexicanas.

Otro de sus murales importantes fue pintado en 1947, en una pared del Hotel del Prado. A estos trazos los bautizó como Sueño de una tarde dominical en Alameda Central. El mural es famoso por incluir una representación de La Catrina (personaje creado años atrás por José Guadalupe Posadas) y es un recorrido por 400 años de historia mexicana. Tras el terremoto de 1985, el edificio del Hotel del Prado sufrió daños importantes, por lo que se decidió construir en 1986 el Museo Diego Rivera, donde desde entonces se encuentra este mural.

Por último, hay que resaltar murales como los que se encuentran en las paredes de Palacio Nacional. De ellos resalta Epopeya del pueblo mexicano, también conocido como Historia de México a través de los siglos, con el cual cumplió la tarea que le encomendó José Vasconcelos para "ilustrar la historia de México al pueblo".

Por su obra pictórica, Diego Rivera es considerado como uno de los tres grandes del muralismo mexicano, junto con José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.

NEXO CON TORREÓN

Existe registro de una obra de Rivera, fechada en 1931, que está relacionada con la Comarca Lagunera. Se trata de una acuarela y tinta sobre papel, con medidas de 31.1 por 48 centímetros y que lleva por título Repatriados en Torreón.

La pieza retrata el éxodo de los migrantes mexicanos deportados de Estados Unidos debido a la Gran Depresión y que estacionaban su andar en Torreón, pues esta ciudad norteña era paso para los ferrocarriles que se dirigían al sur del país.

La información respecto a Repatriados en Torreón sigue siendo un enigma. Lo último que se sabe es que la obra estuvo en la galería Mary-Anne Martin Fine Art de Nueva York entre el 13 de octubre y el 13 de noviembre de 1999. Ese mismo año fue vendida a una galería en Santa Fe, Nuevo México y hasta ahora se desconoce su paradero.

En septiembre pasado, el reconocido investigador James Oles, quien ha sido uno de los interesados en localizar la acuarela de Rivera, indicó a este diario que: "No tengo mayor información sobre esa obra perdida, aunque la verdad me interesa mucho. Parece que Rivera viajaba por el norte de México en 1931, porque existen paisajes de Sonora o Arizona fechadas en ese año, pero no he encontrado referencias al viaje en la extensa bibliografía aún. Es todo lo que sé, una obra rara de él antes de sus esfuerzos documentados para ayudar a los deportados en Detroit".

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