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EDITORIAL

Alteridad y asertividad ante la diversidad

Metáfora ciudadana

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sábado 07 de diciembre 2019, actualizada 8:05 am


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La característica más esencial del ser humano es su gran capacidad creativa en múltiples universos de su existencia, desde los primeros dioses surgidos de fenómenos naturales como los astros celestes hasta el monoteísmo con teologías sofisticadas. Desde el matriarcado hasta la democracia, pasando por el absolutismo tribal, real o dictatorial. Lo maravilloso es que, en medio de estas diferencias, subsiste una humanidad única, con criterios tan diversos como contradictorios, hoy viva y pujante, solo viable bajo pluralismo y tolerancia.

La aceptación de la diversidad enaltece los espíritus fuertes y libres; ellos son capaces de comprender que, si el otro piensa diferente, pero es honesto, también es un ser valioso y merece todo el respeto a su persona y dignidad; es ahí donde surge fortificada la alteridad. Así, se comprende, aprehende y anima que la diversidad construye y ofrece alternativas diferentes a las actuales; para crecer y ser, no para exhibir amarguras por algo que fue y que no podemos superar porque somos incapaces intelectual, moral o políticamente; entonces perdemos el tesoro de la empatía y solo vivimos la antipatía como núcleo de nuestras relaciones sociales.

Es indispensable forjar ahora mismo asertividad social, esa habilidad comunitaria que nos permite expresar sentimientos, opiniones y pensamientos en el momento oportuno, de la forma adecuada y sin negar ni despreciar los derechos de los demás. Nos referimos a una forma para interactuar efectivamente en cualquier situación que permite a la persona ser directa, honesta y expresiva. El principio de asertividad exige el respeto profundo del yo; al ensimismar tal respeto, se honra a los demás; lo que implica ser socialmente hábil para permitir a otros expresarse de un modo directo, honesto y apropiado. Jamás insultando, amenazando o queriendo destruir lo que se puede lograr con empatía asertiva.

En el ámbito político, un modelo ciudadano de gran efecto mediático y social son las marchas. Gandhi; Luther y Mandela organizaron y promovieron centenares de marchas; en todas ellas hicieron propuestas benéficas; nunca se mostraron intolerantes con las personas o autoridades, solo con las injusticias que combatían; por eso triunfaron. Esos líderes lograron atraer millones de simpatizantes a sus marchas porque no estaban empañados por el vaho de la corrupción ni eran políticos resentidos o defensores de saqueadores. Su comportamiento siempre fue ejemplar y construyeron ciudadanía consciente de la realidad social y en búsqueda del bien común, eran utópicos y por ellos el pueblo los secundó; buscaban lo imposible y lo lograron.

El 28 de agosto de 1963, más de doscientas cincuenta mil personas realizaron la histórica "Marcha sobre Washington". Exigían la igualdad de derechos civiles entre todos los norteamericanos. Esta acción ciudadana fue tan positiva que más de 60 mil asistentes eran blancos. Lo más sobresaliente fue el discurso "Yo tengo un sueño" de Martin Luther King que conmovió hasta muchos racistas y pasó a la historia con las más altas calificaciones. Posteriormente se promulgó la ley que prohíbe la desigualdad y la segregación racial. Lo máximo es que en esta marcha como en las de Gandhi o Mandela, jamás se escucharon "mueras" o "Fuera" nunca se insultó a nadie y mucho menos se esbozaron mentiras, patrañas o fotografías falsas que insultaran la inteligencia del pueblo. Todas sus propuestas iban buscando autenticidad y bien común; por ello pasaron a la cronología mundial, casi como leyendas y se ganaron el respeto absoluto de la humanidad.

Toda discrepancia, divergencia o diversidad de criterio es válida irrestrictamente, pero para que esta sea útil y tenga valor humano debe ser propositiva, debe invitar a la reflexión honesta para la realización de acciones benéficas diferentes e incluso opuestas a las controvertidas; debe obsequiar algo bueno a cambio de lo que se reniega. Tanto en la naturaleza como en la política existe la diversidad, pero siempre debe encaminarse a mejorar lo existente.

Es muy triste observar marchas infantiles, berrinchudas contra lo que sea, manifestaciones de cero propuestas; sofismas perversos que generan miedo, incertidumbre y hasta furor, lo mismo contra un lado que contra el otro. Cuando no se quiere lo que hay, perfecto, está bien; Pero: "Hay que formular algo mejor a cambio" No solo manifestar odio, amargura y sembrar cizaña. Es una verdadera lástima que se pierdan diversificaciones del criterio político para crecer y solo se usen para devastar. Solo se vale demoler si se tiene ya listo lo nuevo a crear; pero destruir por destruir es criminal. No puedes pedir cambios haciendo lo mismo que criticas.

Desafortunadamente hoy en día, muchos medios de comunicación, tradicionales o digitales se enfocan más en lo negativo y dirigen sus luces a eventos perturbadores. Millones y millones de bots se emiten diariamente a favor o en contra de cualquier actividad social, esto enturbia las relaciones sociales y desalienta a la ciudadanía. Si unos creen que van a ganar con sus calumnias y falacias, ahí están los otros tan o más preparados para combatirlas y generar más odio y terror.

Un acto ejemplar de respeto a la alteridad y diversidad es el otorgamiento del doctorado honoris causa de la Universidad Iberoamericana, institución católica, a José Mujica, expresidente de Uruguay, quien siempre se ha declarado socialista. En esta acción pluralista, se aceptó que existen diversos horizontes, significados e interpretaciones de la vida sociopolítica y que esas otras interpretaciones tienen valores y significados importantes.

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