29 de enero de 2020. notifications
menu desktop_windows
EDITORIAL

Hacia una economía sin política económica

PABLO ÁLVAREZ ICAZA LONGORIA
viernes 06 de diciembre 2019, actualizada 7:37 am


Enlace copiado

Recientemente el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) dio a conocer en su habitual conferencia mañanera el libro que había anunciado hace unos meses, "Hacia una economía moral", texto que concluye presagiando lo que se esperaba: que el siguiente paso será convocar a diversas personalidades cercanas a Morena para elaborar una Constitución moral.

Desde entonces, diversos analistas han hecho reseñas del libro, destacando que se trata de un manifiesto político, por lo que no me concentraré en comentarlo, puesto que ya se ha escrito suficiente sobre ello y porque solo me interesa centrarme en algunos aspectos relevantes.

Los temas a destacar son el desprecio que tiene el mandatario hacia los economistas y el menosprecio del crecimiento; el uso del concepto neoliberalismo como forma de descalificación y desacreditación de quienes disienten de la 4T; la visión maniquea de la historia por la que el conflicto de liberales contra conservadores del siglo XIX se traslada a los tiempos actuales, como la lucha entre neoliberales contra defensores de la soberanía nacional, aunque ello no tenga congruencia ideológica. Finalmente, la ausencia de una propuesta económica, porque simple y sencillamente no es necesario tenerla.

El presidente señala que el momento de mejor desempeño económico que ha tenido el país fue entre 1958 y 1970, cuando el ministro de Hacienda fue Antonio Ortiz Mena, de quien destaca que no era abogado. "Posteriormente, hubo dos gobiernos, de 1970 a 1982, en los que la economía también creció a una tasa de 6% anual, pero con graves desequilibrios macroeconómicos, alta inflación y endeudamiento". Por cierto, no se vuelve a hablar nada de esta etapa.

Sin embargo, Ortiz Mena entendía muy bien cómo funcionaba la economía, tenía en su equipo a buenos economistas con los que formó un incipiente servicio civil de carrera, muchos de los cuales terminaron trabajando en el Banco de México y viceversa. Curiosamente, las cosas se comienzan a descomponer en 1972, cuando el expresidente Echeverría al despedir a su secretario de Hacienda, declaró que la economía se maneja desde Los Pinos, dando el mensaje de quién manda aquí.

Los reproches que hace del porfirismo en el crecimiento y no en la distribución del ingreso, son los que hizo la izquierda al modelo del desarrollo estabilizador, de que el crecimiento era condición necesaria, pero no suficiente del desarrollo, porque los beneficios de la riqueza no llegaban a la clase trabajadora (Heberto Castillo dixit). Esta visión tan apologética de esa época no es congruente con llevar los restos de Valentín Campa y Arnoldo Martínez Verdugo a la Rotonda de las personas ilustres.

El neoliberalismo como estigma descalificador es usado de nueva cuenta por el presidente. Las alusiones son frecuentes. Por ejemplo, cuando destaca que hasta los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (Coneval), institución creada durante el neoliberalismo para medir las carencias, confirman que México es uno de los países más pobres. En realidad, el Coneval se creó en 2006 para generar información objetiva sobre la situación de la política social y la medición de la pobreza que permita mejorar la toma de decisiones de política pública.

No solo se ha utilizado el término para desprestigiar a alguien, como fue el caso de Carlos Urzúa, a quien luego de su renuncia a principios de julio, se le exhibió como a alguien que no estaba de acuerdo con el proyecto al proponer un plan nacional de desarrollo con un enfoque neoliberal, como si de repente se hubiese descubierto a un infiltrado. Así también, fue la decisión de la dirección del Fondo de Cultura Económica de expulsar a distinguidos economistas del Consejo Editorial de la revista El Trimestre Económico, como Juan Carlos Moreno-Brid, Gerardo Esquivel o Martin Puchet, a pesar de ser de izquierda, y que obedeció a la sospecha de que estaban contagiados de neoliberalismo, lo que nos hizo sentirnos de regreso a los tiempos de las purgas estalinistas.

El presidente asocia al PAN con los conservadores del siglo XIX, pero dice que son parte de quienes apoyaron al modelo neoliberal de los últimos 36 años que fue derrotado en 2018; sin embargo, el neoliberalismo es más bien consistente con el liberalismo que propusieron las leyes de desamortización y nacionalización de las propiedades del clero, así como la desaparición de las tierras comunales, con lo que se dio origen a las grandes haciendas, de acuerdo con Jesús Silva Herzog en su Breve Historia de la Revolución Mexicana.

Lo paradójico del asunto es que está visión maniquea de la historia que fue utilizada por el PRI para legitimar su origen revolucionario, es rescatada por AMLO poniendo en el mismo saco a los conservadores y neoliberales contra el pueblo, cuya máxima representación es él mismo. El conservadurismo, o sea el PAN, es identificado como padre de la autodenominada sociedad civil supuestamente independiente, que es considerado como quien quiere poner contrapesos al gobierno de la 4T, pero "son organismos paleros para apoyar al neoliberalismo". Se omite que el Sistema Nacional Anticorrupción fue saboteado por el gobierno de Peña Nieto, por lo que nunca pudo funcionar.

Se aspira a que Pemex sea la palanca del desarrollo y que, en la segunda mitad del sexenio, aporte recursos para el campo. Incluso, el mandatario cree que ya se revirtió la caída de la producción de petróleo, pero las últimas cifras oficiales (octubre) más bien muestran un fuerte retroceso.

En fin, hubiese querido encontrar una orientación más clara de política económica, industrial o fiscal… Pero esas son cosas de economistas. Lo que se requiere es "(…) moralizar para potenciar la gran riqueza material, social y cultural de México".

RELACIONADAS
COMENTA ESTA NOTICIA
Cargando comentarios...
Cargando más noticias...
Cargando tendencia...