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EDITORIAL

En quiebra los sistemas migratorios y de protección internacional de los refugiados (I)

EMBAJADOR JORGE ÁLVAREZ FUENTES
miércoles 27 de noviembre 2019, actualizada 7:39 am


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Las migraciones, los desplazamientos de personas a nivel global y la grave crisis de los refugiados suelen ser vistas como manifestaciones inexorables de las profundas transformaciones que caracterizan nuestro tiempo, respecto de las cuales difícilmente habrá pronto soluciones integrales. Son procesos amplios, de larga data, que están interrelacionados tanto con situaciones de guerra y conflicto, violencia e inseguridad, como con el malestar político, económico y social que ha irrumpido de la aguda insatisfacción de las expectativas y posibilidades de desarrollo, progreso y justicia para millones de personas. Estos procesos ponen de manifiesto que el mundo está inmerso en un profundo cambio de época, caracterizado por la incertidumbre, el desconcierto y la desesperanza, subyacentes a la extendida desigualdad de oportunidades. Sabemos, además, que cuando concurren múltiples procesos políticos, económicos, sociales y tecnológicos, con cambios de fondo, en un mismo tiempo histórico, son determinados procesos los que tienden a ser sancionados, incorporados o aceptados en el imaginario colectivo, y, otros, más bien, a ser objetados, ocultados o ignorados. En medio de la hipercomunicación y la desinformación, los flujos de migrantes, las solicitudes de refugio y asilo político tienden a ser presentados como sucesos, situaciones coyunturales de crisis que desafían la seguridad interior, problemas de gestión de la política interna que arriesgan la gobernabilidad local, o también, como oportunidades para esgrimir posiciones políticas. Así, devienen en noticias, repitiéndose las narrativas trágicas de quienes arriesgan su vida y empeñan esfuerzos y recursos para encontrar protección y refugio en nuestro territorio, pero en donde se pierden de vista, o se dejan de lado las causas, razones y circunstancias de la quiebra de los sistemas migratorios y sus bases jurídicas y administrativos. Habiendo más percepciones que análisis comprensivos.

Según informes recientes, el número de migrantes internacionales, a nivel global, ascendió a 272 millones de personas; los desplazamientos forzados, tanto internos como transfronterizos, continúan en aumento, al igual que el número de refugiados y solicitantes de asilo. Datos de 2017 revelan que 68.5 millones de personas en el mundo se han visto forzadas a desplazarse de su lugar de origen o residencia, 40 millones en sus propios países, mientras 25.4 millones de refugiados han debido cruzar una frontera internacional y 3.1 millones son solicitantes de asilo. Son cifras impresionantes, como se comienza a entender en América Latina y en México. Veamos algunos ejemplos. El éxodo de migrantes y refugiados de Venezuela es el más grande del continente: más de 4.5 millones de venezolanos han debido salir a Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y a otros países vecinos, a causa de la situación política, la inseguridad y violencia, las necesidades socioeconómicas o la búsqueda de oportunidades laborales. Se trata de una crisis humanitaria que América Latina, por sí sola, no está pudiendo enfrentar. De enero a la fecha, más de 50 mil migrantes centroamericanos fueron retornados a México por Estados Unidos, al amparo de los llamados Protocolos de Protección a Migrantes, a esperar audiencia y el trámite de sus solicitudes de asilo o refugio. Esto ocurre luego de que EU introdujera una reforma que ha abierto la puerta para expulsar a solicitantes hacia países con los que tenga firmados acuerdos. Según datos recientes de la ONU, 69 mil niños migrantes han estado bajo custodia de los EU, en el último año, en centros de detención para migrantes. Hasta septiembre, 9 mil 974 solicitudes de asilo humanitario habían sido procesadas, habiéndose concedido en apenas una centena de casos.

Guatemala, de la que cerca de 100 mil personas huyeron en busca de refugio en EU -y a la que Trump impuso la condición de tercer país seguro mediante un acuerdo bilateral - ya ha comenzado a recibir a personas que se entregaron a las autoridades o fueron detenidas, para luego ser remitidas desde la frontera sur estadounidense, aun cuando el país centroamericano tiene una muy limitada capacidad de procesar solicitudes. De acuerdo con un estudio reciente de la Universidad de Texas, al menos 11 mil mexicanos esperan a lo largo de la frontera, con la esperanza de que el gobierno estadounidense les otorgue asilo humanitario. Los tiempos de espera van de 6 meses a dos años, teniendo Tijuana y Ciudad Juárez las mayores concentraciones y donde se encuentran también varados miles de haitianos y africanos. Organizaciones no gubernamentales han señalado que desde el verano pasado, se han multiplicado las detenciones de miles de migrantes en las estaciones migratorias de la región sur de México, a los cuales, en su mayoría, no les interesa solicitar refugio o asilo en México, sino que se les permita llegar a EU, siendo privados de su libertad, entre ellos mujeres y menores de edad, en antesala de su deportación. Miles están siendo transportados en autobús de la frontera norte a la frontera sur de México a instancias el gobierno mexicano. Solamente en Tapachula están más de 3 mil migrantes africanos y 4 mil haitianos, con graves riesgos para su seguridad, al igual que en las ciudades mexicanas de la frontera norte. No es un asunto menor el de los desplazados internos en México. Según cifras de un informe de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, entre 2006 y 2018, unas 340 mil personas se vieron obligadas a abandonar sus lugares de origen, a desplazarse, a causa de la inseguridad y la violencia, sobre todo en los estados del sur. (Continuará).

@JAlvarezFuentes
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