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EDITORIAL

Humo

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 14 de noviembre 2019, actualizada 7:40 am


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Al inicio de mi vida como trabajador universitario, escuché de un educador y político lobo de mar una frase que me conmovió: "si no puedes arreglarlo, revuélvelo todo".

Hoy retomo su consejo al confirmar que, como nunca, en México todo está revuelto.

Ya desde antes de la administración 4T, habíamos escuchado la advertencia: "al diablo las instituciones"; luego, se transformó en constantes ataque a las mismas, pilares de la organización política y social.

Desde hace poco más de un año vivimos denuncias, acusaciones, declaraciones, hasta detenciones, como preludios de amparos y libertad de personajes políticos que viven acusaciones de corrupción, con procesos legales eternos que en varios casos terminan en desistimientos o bien sentencias menores, logrando el fin: al diablo las instituciones… humo sin hacernos justicia.

Todos utilizados por la mercadotecnia política como material de novela política barata, logrando captar la atención de los mexicanos lectores -los demás siguen ´en sueños´- distrayéndonos de la realidad nacional: verdaderas cortinas de humo.

Sabemos de la violencia utilizada como medio para lograr los fines criminales, generando la exclamación nacional, de la oposición y la exaltación mundial ante tanta ferocidad y maldad ejercida por los integrantes de cárteles mexicanos que abusan del poder de la fuerza. Nuestros militares: maniatados.

Culiacán y Sonora son únicamente los casos más publicitados, pero a diario y en casi todo el territorio nacional se presentan crímenes, secuestros, destrucción de bienes muebles e inmuebles. La respuesta es más que tibia, intencionalmente evasora; nos molestamos y luego, jocosamente, comentamos las ocurrencias de solución a nuestros problemas, ironías como ´pórtense bien´ o ´los vamos a acusar con sus madrecitas´. Las cortinas de humo funcionan.

Ante la astuta y maliciosa propuesta de intervención militar de los EUA, ofrecimiento de Trump, declarado enemigo de México, viene la respuesta ´no caeremos en las provocaciones´, ´no a la guerra como reacción´.

Si el ominoso Trump quiere utilizarnos como publicidad para atenuar su gastada imagen, nuestro presidente evade la realidad negando que estamos en un estado de guerra.

Lea la prensa -incluya la internacional-, pregunte a los habitantes de Culiacán sobre las batallas callejeras, los bloqueos en cruceros y hasta toma de rehenes; si esos no son actos guerrilleros, entonces no conozco el término para definirlos.

En medio de la preocupación, enojo y hasta ansiedad generada por tales actos de violencia militar - todos los participantes son militantes de alguno de los bandos - continúan las violaciones constitucionales sin que exista una respuesta efectiva de un gobierno que muestra, ante todo, necedad y desconcierto.

Cuando los normalistas impusieron la moda del secuestro de autobuses y choferes, como propuesta de ´negociación´, recibieron a satisfacción el cumplimiento de todos sus puntos de pliego petitorio. La rendición dio sus frutos y otras escuelas normales del país tomaron el mismo camino y luego les siguieron diferentes agrupaciones políticas y sociales. La respuesta de un gobierno que muestra debilidad es, hasta ahora, pobre e ilegal.

Entre todos esos graves conflictos que nos generan preocupación, se deslizan otras noticias con letras chiquitas y así se aprueban reformas para sentar decisiones que eran inaceptables con anterioridad; cambios en temas de seguridad nacional; prestaciones de jubilados; cambios de criterios en cobros de impuestos, algunos calificados como ineficientes y errados; etc. Todo envuelto entre nubes de humo.

Los diputados morenistas - mayoría en la cámara - pidieron se legalizaran los autos chocolates y los senadores no refrendaron la propuesta; en tanto, nuestro mandatario ofrece espléndida ayuda al de Argentina, para afrontar su crisis económica, sumándolo a otros beneficiarios extranjeros con dólares que ya empezamos a entregar entre cortinas de humo; ahora refugiamos al ilegal Evo Morales. ¿Será verdad el sueño bolivariano?

La guerra de estrategias de mercadotecnia política está dada en medios electrónicos y tradicionales y en todos, unos y otros, despliegan cortinas de humo que nos confunden y nos llenan de zozobra.

No vislumbramos que de eso se trata, precisamente, lograr crear desconcierto, desinformación, confusión, pérdida de credibilidad de lo promocionado como verdad, que en conjunto generan parálisis para tomar decisiones; en tanto, se cumple aquello de ´a río revuelto, ganancia de pescadores´.

Nuestra enorme debilidad es la displicencia y poca ocupación en investigar para conocer la verdad: un pequeño grupo social ansioso y molesto, a la par inactivo y otro mayoritario, que es llevado por la fuerte corriente de la desinformación; algunos más, con esperanzas basadas en promesas.

Aquellos que alcanzan a comprender los efectos de tales cortinas de humo dudan y con cierta razón, sin poder definir su realidad; otros, los mayoritarios, viven distraídos con los capítulos de las novelas criminales que nos entregan a diario, por episodios, en un sueño que, quizá, nos provoque pesadillas al despertar.

Afortunadamente, tarde o temprano el humo se disipa. ¿Y usted, que opinión tiene?

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