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EDITORIAL

Fisuras

Sobreaviso

RENÉ DELGADO
sábado 02 de noviembre 2019, actualizada 8:11 am


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Hasta ahora son fisuras, pero -de no atenderse- pueden concluir en una fractura y vulnerar la posibilidad de reponer el horizonte nacional.

En la idea de avizorar un mejor futuro no sobra revisar el pasado, siempre y cuando no se pierda noción del presente, el campo de acción donde deben fincarse los propósitos. Perder el sentido de realidad y refugiarse en el pasado no garantiza realizar anhelos, los condena a la nostalgia.

Estos últimos días, marcados por la adversidad en el ámbito de la seguridad, la política y la economía, han mostrado a un jefe del Ejecutivo desesperado y dispuesto a pelearse con la realidad hasta... negarla.

Así no se hace historia, se repite. Y en esa rutina de generar expectativa y esperanza para, luego, estrellarlas, radica en buena medida el hartazgo nacional.

Levantarse para caer de nuevo fatiga no entusiasma.

***

Si alguien echó por tierra el valioso e inédito ejercicio de informar y rendir cuentas sobre el operativo militar fallido en contra de Ovidio Guzmán, fue el propio presidente Andrés Manuel López Obrador.

El miércoles, la relatoría presentada por el secretario de la Defensa, el general Cresencio Sandoval, perdió valor y sentido cuando el mandatario pasó a disputar con insultos a la prensa, si ésta o el Estado cometió más errores. Tras quejarse de cómo los medios de comunicación convencionales "se nos lanzaron con todo" y mostraron el cobre, el presidente López Obrador cargó contra el conjunto de la prensa, incluyendo hasta la que considera independiente y salvando, desde luego, "las benditas" redes sociales que, en un tris, pueden transformarse en malditas. Del jueves, mejor ni hablar. En un nuevo y absurdo lance, abrió un nuevo frente al encarar de mal modo el malestar de algunos mandos del Ejército con su política.

Qué bueno que el jefe del Ejecutivo no esté dispuesto a callar ante los supuestos excesos, manipulación y desmesura de la prensa, qué malo que no sepa guardar silencio. Qué bueno que vea la paja, qué malo que no vea la viga. Qué bueno que sepa y quiera comunicar mucho, qué malo que no sepa o quiera informar en serio.

Provocar una fisura con la prensa convencional e insultarla no alivia, enferma la relación con ella.

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En la política de seguridad hay dos errores que, ojalá, no sean el primer eslabón de una cadena.

Uno, crear a troche y moche un nuevo cuerpo de seguridad como la Guardia Nacional. Lo indicado era reglamentar el artículo 29 constitucional (suspensión de garantías) para reconocer y llamar las cosas por su nombre y darles marco jurídico al Ejército y la Marina. (Sobreaviso del pasado 23 de febrero, "El cuarto intento".) No se valoró esa posibilidad.

Dos, someter la relación con Estados Unidos al capricho de Donald Trump, creyendo que, con obsequiar sus deseos, se disminuirán las exigencias. No, así se incrementan las demandas del vecino y se sujeta la política interior a la exterior. Pues, ¿qué no se decía que la mejor política exterior, era la interior?

Sin una fuerza nacional, profesional y articulada, y con una política interior entregada al exterior, resolver el problema de seguridad no será sencillo.

***

Uno de los principales problemas nacionales tuvo expresión en Culiacán, pero no sólo ese se manifestó en estos días. En el campo político como en el económico el país se estancó.

En el terreno político-administrativo hay varios problemas. Privilegiar los planes de gobierno sin dominio de la administración. Sostener a secretarios de Estado sin talla para ocupar el puesto ni experiencia para cumplir con el encargo; al tiempo de descalificar a aquellos que, sin deslealtad, actúan en bien del país y del mandatario. Descuidar la política interior, dejándola en manos de un operador con más ambición que oficio, el subsecretario Ricardo Peralta, dado a agravar problemas en vez de resolverlos. Perder el control del movimiento-partido en el poder que quita apoyo a la administración. Despreciar las organizaciones de la sociedad, sobre todo, al carecer de oposición. (Menuda cachaza de Acción Nacional tomar la tribuna en San Lázaro en demanda de seguridad, cuando ese partido -entonces en el poder- hizo crisis del problema). Tolerar abusos de poder en aras del beneficio personal, como lo hace Mario Delgado al enderezar coches y políticos chuecos (Ricardo Gallardo) o como lo hacen Bonilla y su pandilla al querer prolongar su mandato en Baja California. ¿Por qué enviar a Olga Sánchez con la representación presidencial a la toma de poder del nuevo gobernador?

En el terreno económico-financiero, la realidad es complicada. El nulo crecimiento de la economía y las dificultades asociadas a esa situación hacen titilar las luces rojas del tablero. La situación de Petróleos Mexicanos, la baja en la recaudación...

El operativo fallido en Culiacán opacó otras fallas no menos importantes y sí igual de amenazantes.

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Aun cuando el mandatario quiera hacer dos sexenios en uno, trabajando supuestamente dieciséis horas al día, está perdiendo tiempo y, así, en vez de hacer historia, terminará por repetirla... quizá, al doble.

Andrés Manuel López Obrador está a un mes de cumplir un año en el Ejecutivo. Se estrecha, pero aún tiene margen de maniobra para rectificar en los distintos campos que, hoy, ponen en duda su capacidad para operar un cambio sin ruptura y reponer el horizonte.

No será descargando responsabilidades en otros, insultando a quienes lo cuestionan ni echando la culpa a los demás como pueda justificar la poca administración y la falta de gobierno. Lo ocurrido durante la última quincena de octubre deja ver fisuras, mejor atenderlas que propiciar una fractura.

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