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EDITORIAL

Tanatología

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 31 de octubre 2019, actualizada 7:35 am


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El Instituto Nacional de Tanatología la define: "disciplina científica encargada de encontrar el sentido al proceso de la muerte, sus ritos y significado, concebido como disciplina profesional, que integra a la persona como un ser biológico, psicológico, social y espiritual para vivir en plenitud y buscar su trascendencia" (…) "También se encarga de los duelos derivados de pérdidas significativas que no tengan que ver con la muerte física o enfermos terminales". "El estudio de la vida que incluye a la muerte".

Del griego thanatos -muerte- y logos -tratado-, busca proporcionarle al enfermo terminal y sus familias ayuda profesional para enfrentar el dolor.

Es una rama relativamente nueva de la psicología, que aporta herramientas para enfrentar la muerte de un ser querido, algo que por lo común lo hacemos abandonando el sentido común, sobredimensionando afecto, viviendo así mayores dificultades y tiempos más prolongados de dolor psíquico.

En La Laguna, empieza a popularizarse y existen varios centros que pueden ofrecernos ayuda, esperando que usted no llegue a requerirles pronto.

Habrá que entender que la vida continúa a pesar del dolor psíquico que tenemos por la muerte de un querido. Es gran perdida saber que no verás a la persona fallecida y no contarás con su presencia; sin embargo, habrá que seguir adelante con la vida, retomando las relaciones amorosas.

Ese tiempo de sufrimiento emocional lo conocemos como Duelo, vivido durante tiempos variables, según cada caso, dependiendo del estado psíquico de cada deudo, de sus fortalezas emocionales y los apoyos recibidos del exterior; pudiendo haber sentimientos culposos en nuestra relación con el fallecido, según calidad y profundidad sostenida.

He conocido de amigos -aunque no es común- que sienten profundamente la pérdida, hasta llegar a tener mayor dolor emocional que los mismos familiares; otros, que reciben el hecho como algo natural y hasta deseado en agonías prolongadas, limitando el sufrimiento del enfermo y desgaste emocional de familiares y cercanos.

Así, los especialistas definen etapas o estados del duelo:

Una primera, que denominan de Choque, estado emocional en el que no se tiene plena consciencia de lo que ha sucedido y hay un claro rechazo al fenómeno de la muerte; comúnmente aparecen cuestionamientos como: ¿porqué me pasa a mí?, ¿por qué él o ella? ¡No es posible! ¡Dios es injusto!

En ese estado hay poca capacidad de aplicar la racionalidad y el intelecto, lo más aconsejable es darles apoyo a esos deudos ofreciéndoles compañía y afecto.

La segunda es de enojo y hasta franca ira; se reconoce como real la pérdida sufrida, duele profundamente y persiste la resistencia para aceptar el hecho.

Entonces, se empieza a buscar culpables entre los participantes del fenómeno biológico: desde los médicos que atendieron al enfermo, familiares, compañeros laborales y otros cercanos, a quienes se les acusa de maltrato y/o ser los causantes del mal; al menos de la infelicidad sufrida en vida por el fallecido, que ahora está sublimado.

Los dolientes cometen graves errores de relación al agredir a otras personas, acusándolas y dañando la relación y confianza con ellos. Se culpa a Dios y puede sentirse rechazo y negación de su existencia.

La tercera etapa del duelo es la llamada de Negociación o Arreglo: ya se está plenamente consciente de lo sucedido -la realidad de la causa de muerte- y se inicia un proceso de consuelo, búsqueda de la paz y tranquilidad emocional; inicia la negociación para continuar con la vida cotidiana, relación con Dios o creencias, consigo mismo y con los demás.

Luego vendrán estados de depresión -cuarta etapa- en que se sentirá soledad, tristeza, ansiedad, sensaciones de minusvalía para continuar por sí mismos con la vida y puede observarse pérdida de atención a la relación social y profesional, desinterés por las cosas y sucesos cotidianos, insomnio o somnolencia -variable de acuerdo a cada persona- pérdida de apetito y en algunos casos hambre patológica.

Habrá que cuidar la profundización de la depresión y dado el caso motivarlos a recibir apoyo profesional.

Por último, la quinta etapa, la de Aceptación de la muerte del ser querido, retomando la vida y atendiendo las cuestiones familiares, sociales, laborales, económicas y otras descuidadas por la pérdida.

Poco a poco vendrá el ritmo normal de la vida del doliente y habrán nuevas expectativas de vida, basadas en el amor, sea deídico, filial, platónico y/o hasta romántico.

Vale la pena mencionar que algunas personas sufren períodos prolongados de duelo -años- sin querer buscar o encontrar la reconciliación con la vida; en muchos de ellos se encuentran limitaciones materiales o psicológicas para continuar adelante; otros reflejan un "autochantaje" que les ayuda a mantener sus relaciones neuróticas y prolongar la conveniencia de seguir en el dolor psíquico, caso de viudas insolventes o personas en soledad extrema. Ojalá nunca sea su caso.

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