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Cultura

La tinta de un 'incómodo'

SAÚL RODRÍGUEZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, viernes 11 de octubre 2019, actualizada 8:45 am

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Era marzo de 2006. El dictador serbio Slobodan Milosevic había muerto en la prisión de La Haya, en Países Bajos. Durante sus funerales, en la helada ciudad de Pozarevac, Serbia, Peter Handke, (el reconocido autor austriaco), tomó los micrófonos e impartió un discurso.

Ante un público desierto, sin honores militares, sobre la ausencia de la mujer y los hijos de Milosevic, quienes no asistieron al acto fúnebre por miedo a represalias, las líneas del escritor en apoyo al dictador no fueron bien recibidas por la política internacional.

Milosevic tuvo un discurso nacionalista y fue considerado el genocida de los Balcanes; un hombre que veía en los serbios a la cúspide de las etnias yugoslavas sobre las demás. En octubre de 2000, ante una inminente derrota política, ordenó sacar los tanques de guerra para aplastar a su propio pueblo.

En 2001, Milosevic fue detenido y encerrado en la prisión neerlandesa de La Haya. Allí sorbió los últimos cinco años de su vida, hasta que murió en extrañas circunstancias.

Durante el funeral de Milosevic, Handke no reprimió su ideología y apuntó sus palabras a esos "hilos invisibles" que manejan el mundo a su antojo, alabó al dictador serbio y casi hunde su carrera. Sus retractores quisieron arrojarlo a la fosa común de los apestados literarios, allí donde la cal esconde el aroma de toda gran obra.

El golpe más fuerte vino meses después, cuando se le otorgó el Premio Heine, con 12 votos a favor y cinco en contra. La presión mediática no se hizo esperar. Las criticas asecharon al jurado por haber elegido a un escritor con ideas proserbias y que además asistió al funeral de Milosevic. La organización del premio cedió y le retiró el galardón.

OBRA

Con base en lo anterior, el Premio Nobel de literatura de 2019 fue dado a un escritor políticamente incómodo para algunos lectores de corbata (especialmente simpatizantes de la OTAN), pero no hay duda de su merecimiento.

Y es que leer a Handke es decodificar a un hombre que, como él dijo una vez, sólo vive de los intersticios. Es dar lectura a una ser cuyos fulgores ostentan la poesía, la novela, la crónica, el teatro y el cine.

Entre las entrevistas concedidas al teatrólogo Herbert Gamper, entre 9 y el 12 de abril de 1986, Handke describió su trabajo como una narrativa anticipada, ya que le resulta difícil escribir sobre aquello que ya ha vivido, pues no le apasiona.

En su obra se refiere a tres criterios: primero, contrapone narrar anticipadamente a narrar posteriormente lo ya vivido; segundo, en este tipo de narrativa, la mente sólo puede intervenir diseccionada y anula la pasión erótica, lo que la torna sensible; tercero, la reflexión resulta de una imagen.

Esta reflexión debe ser fructífera y tiene un interés por el "entre", por el espacio. Estas características se pueden leer en obras como El chino del dolor, donde un profesor de obras muertas encarna las afirmaciones de Handke.

Otras imperdibles son Carta breve para un largo adiós, Los avispones, La noche del Morava; sus distintos ensayos como Sobre el jukebox, Sobre los días silenciosos o Sobre el cansancio; y especialmente sus crónicas en Preguntando entre lágrimas, donde plasma sus viajes a Yugoslavia en 1999, en los que se entrevistó con Slobodan Milosevic y señaló a la inminente desintegración yugoslava como "una emboscada que me parece temporal y no local, y que será desastrosa más adelante".

Pero Handke también fue el poeta que el actor Bruno Ganz recitó en el filme El cielo sobre Berlín (1987). Versos que aluden a la inocencia infantil que es olvidada por los adultos, en una geografía mnésica del Berlín de la posguerra. El austriaco también participó como guionista en otros proyectos cinematográficos.

REACCIÓN

Tras ser condecorado con el Nobel, el escritor recibió a los medios de comunicación en su casa de París. Incómodo ante algunas cuestiones por su relación con Milosevic, reiteró que su naturaleza era la de un escritor, cuyo sentimiento más profundo es el épico, y no la de un periodista. No sabía si se sentía feliz, pero sí emocionado y comentó: "Como escritor has nacido culpable y hoy a esta hora no me siento culpable, me siento libre".

Peter Handke

-Ganador del Premio Nobel de Literatura 2019

-Nació en Austria, en 1942 (76 años).

-Crítico de la OTAN y partidiario de Serbia.

-Su trabajo abarca novela, poesía, ensayo, crónica, teatro y cine.

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