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Cultura

Una memoria que danza sin límites

Magdalena Briones recibió en su hogar a El Siglo de Torreón un día después de ser homenajeada por la UA de C

SAÚL RODRÍGUEZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, jueves 10 de octubre 2019, actualizada 9:28 am

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La reja blanca se desprende de su candado y la maestra Magdalena Briones da la bienvenida. Tiene una sonrisa enérgica de 93 años y viste un combinado de azul y naranja. A la entrada de la casa, ubicada en la colonia Navarro, recibe un inmenso librero. La vista se abre, se logran ver más estantes con libros y paredes tapizadas de cuadros pintados por la propia artista.

Una de las personalidades más importantes para la cultura lagunera invita a tomar asiento. Antes de compartir recuerdos sobre su vida, comienza a manifestar su tristeza por el mundo actual. Se lamenta por la indiferencia del ser humano ante la Tierra, por la ambición, por el poder, por la torpeza y el poco sentido común que ha tenido el hombre a lo largo de su existencia.

Recuerda que las injusticias del mundo le han rodeado desde pequeña. Rememora a un personaje que llevaba alimentos a un hospicio de niños huérfanos. Se conmueve, suelta el llanto, limpia sus emociones con un pañuelo azul. Cuestiona: "¿Cuál poder? ¡Si te mueres de un catarro!".

Magdalena ha sido bailarina, escritora, pintora, dramaturga, actriz, catedrática, activista, inspiración para muchas personas que ven en el arte la única escapatoria al caos contemporáneo, pero ante todo ha sido humana.

TODA UNA VIDA

Durango la recibió en brazos en septiembre de 1926. Desde los dos años de edad arribó a La Laguna. En Torreón vivió su infancia detrás del cine Nazas, se encontró con las polvorientas cortinas color ladrillo de las tolvaneras y escuchó el rugir del río Nazas cuando aún pasaba por su lecho seco.

Magda Briones no buscó el arte, el arte llegó a ella. Desde chica coqueteó con la música, pero fue a los 15 años, cuando asistió a una fiesta de la Virgen de Covadonga (celebración española), que un señor la invitó a bailar. El hechizo con el arte dancístico fue inmediato.

Posteriormente, Magda indica que comenzó a practicar su baile para presentarlo en la fiesta del año entrante. Durante ese lapso, su madre le obsequió un grupo de discos clásicos. Se percató de que la música le hablaba y ella quería ponerse a tono con su discurso a través del movimiento.

Magda siempre quiso ser médico, pero su madre no la dejó partir a la capital del país, ya que en Torreón no existía la carrera de medicina. Autodidacta como ella misma, la danza siempre fue su bálsamo en su frustración y su talento fue bien recibido por los distintos sectores de la sociedad lagunera.

Ya entonces, su vocación de catedrática la acechaba. A sus clases de danza empezaron a asistir jovencitas con el único deseo de sorber un poco de sus conocimientos. No todas sortearon el reto. "El arte exige mucho trabajo", menciona Briones.

En una de esas clases, apareció Pilar Rioja, en el esbozo de lo que después sería una leyenda. Magdalena y Pilar comenzaron a realizar presentaciones en la Comarca Lagunera y en otras regiones del país. Su mayor paga siempre fue aquella no tenía cabida en un bolsillo: el magno aplauso de su público.

Después partieron a España. Magdalena pasó tres años en Madrid y su vida tuvo distintas aristas. Volvió a México y el clima de chantaje que emanaba de algunos promotores le hicieron desistir de la danza.

Pero jamás se alejó del arte ni de la creación. A su vida llegaron otras disciplinas mediante las cuales pudo aportar su esencia. Estudió sociología, montó y actuó en obras de teatro, además de emprender en el activismo al manifestarse contra el mal uso del agua en La Laguna.

"Yo no digo que lo que he hecho ha sido lo mejor que ha habido en el mundo, no. Pero es la aportación que puedo hacer para que las otras personas tengan un referente de: 'Bueno, si Magda pudo bailar y no tuvo quien le enseñara, pues yo puedo hacer más' […] Uno se estimula cuando tiene horizontes donde reflejar su trabajo, su empeño. De otra manera te cierras".

A un día de recibir un homenaje por parte de la Universidad Autónoma de Coahuila y de diversas agrupaciones de danza de la región, mencionó que no importan tanto las condecoraciones, sino la semilla que alguien pueda dejar en otra persona.

"Me place mucho porque veo los avances que hay, las gentes que llegan con distintas maestras y distintos colores del baile, las distintas maneras de interpretar".

Por último, recomendó que los artistas se enfoquen al estudio y no sólo en el talento, porque repercute directamente en la creatividad.

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