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EDITORIAL

Deuda Ecológica

A la ciudadanía

MANUEL VALENCIA CASTRO
miércoles 09 de octubre 2019, actualizada 7:51 am


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Para la mayoría de nosotros, es común e incluso frecuente, escuchar a los economistas sobre la deuda económica de países en desarrollo como el caso de México. Las características generales de la deuda económica, incluyen el exceso de endeudamiento, los préstamos imprudentes y el aumento de las tasas de interés que conducen a una crisis de deuda del llamado, por los países ricos, Tercer Mundo, es decir, impagable o de gran dificultad para realizar los pagos. Cuando esto sucede, naciones de América Latina, África y Asia que incumplen en sus pagos, son presionados por los bancos acreedores de Occidente, por los ministerios de finanzas de los países ricos y/o por las instituciones mundiales como el Fondo Monetario Internacional (FIM) y el Banco Mundial (BM), para que realicen reformas que promuevan el crecimiento y reduzcan el gasto. Se incluyen desde luego, las exhortaciones para aumentar la exportación de recursos naturales y reducir los programas sociales. No falla, nos dicen que hacer y se hace.

En el contexto global se acepta, que la deuda mundial ejerce una gran influencia en las políticas nacionales, que impulsan la generación de excedentes para pagar la deuda, lo que limita las medidas orientadas a cumplir con los objetivos ambientales y otros objetivos de desarrollo sostenible. La crisis financiera mundial de 2008 reveló el impacto de la deuda en los objetivos ambientales a medida que se redujeron los programas de energía para bajar las emisiones de carbono.

Pero hay algo que no checa, si bien acepto que formamos una única comunidad mundial de personas, plantas y animales que comparten una atmósfera, se tiene que decir que los países menos desarrollados son los que generan menos emisiones de carbono, mientras que las grandes emisiones de los países ricos son sin duda, la causa del calentamiento global y cambio climático. Esto nos conduce al tema de la deuda ecológica.

Para algunos, la deuda ecológica es el nivel de consumo de recursos y descarga de desechos por una población, y que resulta superior a la producción natural local sostenible y su capacidad de asimilación. Andrew Simms, Director del Global Economy Programme, importante escritor del tema, dice "pensar en la deuda ecológica hace ver el mundo diferente. Incluso podría salvar al mundo de la bancarrota." Un ejemplo que da este personaje, es el caso de Reino Unido: las estadísticas sobre consumo en este país, ponen de manifiesto lo mucho que depende del resto del mundo, su consumo de recursos indica que a partir del 15 de abril, Reino Unido deja de ser autosuficiente y comienza a vivir del resto del planeta. Esto significa que dicho país empieza a vivir por encima de sus posibilidades ambientales.

A nivel mundial recordamos que el día de la deuda ecológica es el 29 de julio de 2019, esto es, se incurre en una deuda ecológica en la que, la humanidad habrá utilizado el presupuesto de recursos naturales para todo el año, esto según Global Footprint Network. A partir de esa fecha se vive de la sobreexplotación y se genera una mayor emisión de gases de efecto de invernadero a la atmósfera, superior a lo que los ecosistemas son capaces de almacenar de forma segura. "Los principales deudores son los países ricos, que exprimen cada vez más la tierra para mantener estilos de vida fastuosos".

Pero estos países deudores ¿a quien tienen que pagar su deuda? Una segunda aproximación al concepto de deuda ecológica, incluye este aspecto: La deuda ecológica es la deuda contraída por los países industrializados con los demás países a causa del expolio histórico y presente de los recursos naturales, los impactos ambientales exportados y la libre utilización del espacio ambiental global para depositar sus residuos

Los expertos en geopolítica comentan que la deuda ecológica de los países del Norte hacia los del Sur es mucho mayor que la deuda externa financiera del Sur hacia el Norte.

Volviendo al contexto que se menciona al inicio de esta colaboración, en el que instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial hablan únicamente en términos de dinero cuando exigen el pago de la deuda externa, es conveniente responderles también en dinero cuando hablamos de la deuda ecológica: de la adquirida por la contaminación desproporcionada de la atmósfera por parte de los países industrializados por sus grandes emisiones de gases, que han causado el deterioro de la capa de ozono y el incremento del efecto invernadero; la que se origina en la biopiratería es decir, la apropiación intelectual de los conocimientos ancestrales relacionados con las semillas, el uso de plantas medicinales y de otras plantas que han realizado los laboratorios de los países industrializados y la agroindustria moderna, y por la cual además cobran regalías; la de los pasivos ambientales, deuda adquirida por la extracción de recursos naturales, como por ejemplo petróleo, minerales, recursos forestales, marinos y genéticos para una exportación mal pagada, que deteriora la base para el desarrollo de los pueblos afectados; la de exportación de residuos tóxicos originados en los países industrializados y depositado en los países más pobres.

Todo esto tiene un costo económico, que debe ser calculado y comparado con el costo de la Deuda Externa.

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