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Cultura

El cantinero más popular de San Pedro

Don Pepe lleva 33 años tras la barra de un lugar que ya es tradición de esa ciudad

DANIELA CERVANTES/ EL SIGLO DE TORREÓN
SAN PEDRO, lunes 07 de octubre 2019, actualizada 8:39 am

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En el corazón de San Pedro hay un lugar que al exterior puede no comunicar mucho.

En una esquina teñida de blanco se asoma una pequeña puerta, es sólo una entrada, no hay otra referencia, ni anuncios. Es su interior lo que lo vuelve interesante.

El reloj marca la una de la tarde y en la ciudad coahuilense se siente el calor, se pide referencia sobre la ubicación de un lugar conocido como "El Casino de San Pedro", no fue difícil dar con él. Con expectativas se abrió la puerta y se dio un salto al pasado. Detrás de la barra está don Pepe, un hombre que ha dedicado 33 años al trabajo de cantinero, un oficio que llegó a su vida por coincidencia.

José Francisco Muñiz Barbosa relató que al necesitar ayuda un amigo que trabajaba ahí, fue que se acercó al lugar, esto sin imaginar que le dedicaría los próximos años de su vida "venía por unos días y me quedé", expresó sentado recargando un codo sobre una de las mesas que resguardan las charlas de sus clientes.

"Era un amigo el que estaba de encargado primero. Ya murió el señor. Me pidió que le ayudara, porque él sabía que ya había trabajado en un bar y le ayudé y pues me quedé, porque al poco tiempo a él lo despidieron".

Tras el pasar del tiempo el nombre de don Pepe le arrancó por completo el título al lugar. Ahora pocos lo conocen como "El Casino", la referencia es su nombre y los litros que prepara.

"Llegó un momento en que ya no era 'vamos al Casino', era de decir 'estoy con don Pepe'. Ya no es El Casino. Las micheladas, las clamacheves es lo que más se vende".

El lugar, dijo, está abierto de lunes a domingo de seis de la tarde a dos de la mañana. Expresó que se trata de un espacio que guarda mucha tradición, y que tal vez no tenga mucho de atractivo, pero sigue en la preferencia de los sanpetrinos porque encuentran en sus rincones tranquilidad y respeto. Sobre todo camaradería, irremediablemente don Pepe ha hecho amigos, se gana a sus clientes con el buen trato y con la confianza que les inspira.

"Todos los días tengo gente. De 15 a 20 personas diarias, tengo más afluencia entre semana, de martes a viernes es cuando más acuden los chavos".

Nostalgia
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En las paredes de esa cantina sanpetrina, cuelgan recuerdos en forma de postales fotográficas que guardan momentos que se destejieron entre brindis y charlas entre amigos.

Fue don Pepe que comenzó a enmarcar las sonrisas de sus clientes y los hizo parte de la decoración de un lugar, que aunque pequeño, sigue albergando a las almas bohemias de San Pedro.

El hombre de escaso cabello y bigote grisáceo, relató que es el único que trabaja en El Casino, él mismo se encarga de surtir, preparar las bebidas y meserear, aunque admite en ocasiones son los mismos clientes los que terminan sirviendo a otros, en lo que él mismo explicó, se trata de un acto de confianza

"A veces tengo lleno y no se explican cómo le hago", compartió.

Así mismo expresó que se siente tranquilo. En sus ojos se le nota que está satisfecho con su trabajo diario, que dijo, realiza como cualquier otro.

Lo tradicional
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Respaldado por botellas y latas provenientes de otros países que sus clientes le comenzaron a regalar, don Pepe se ubicó detrás de la barra y puso manos a la obra para preparar una de las especialidades de la casa, que dice es más solicitada por las damas y que es llamado "Diablo azul", nombre que el mismo acuñó.

El ritual de la preparación transcurrió mientras un cuadro de Marilyn Monroe vigilaba la barra de madera, la cual ha contenido infinidad de charlas de los que clavan los codos en busca del oído de don Pepe, que gustoso los escucha y en ocasiones hasta orienta. Dice que es cierto que el cantinero aveces funge el papel de un psicólogo, un titulo que no le incomoda asumir, pues para él lo más importante es la comodidad de sus clientes.

"He estado muy tranquilo, muy agusto aquí. Va llegar el día en que ya no voy a estar, que ya no falta mucho", concluyó con una sonrisa dibujada en el rostro.

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