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Alejandro Tovar
TORREÓN, COAH., martes 01 de octubre 2019, actualizada 8:14 am


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En la vida del hombre productivo, el estilo es todo. El estilo es una expresión de inteligencia, porque es la diferencia, la distinción, lo que nos hace únicos. El estilo es la manera de ser y de mostrarse al mundo como aspirante a oficial, dejando de ser simple soldado común. Para ello es necesario vivir temas de desigualdad y superarlos con talento; ahí es cuando la gente te empieza a escuchar de otra manera, porque justo ahí el estilo nos enseña a saber quiénes somos.

En el periodismo actual, a menudo la pasión nos ciega, porque creemos siempre que los necios son los otros y nos falta la mirada del fotógrafo, siempre fiel en busca del objetivo y en esa licuadora de sentimientos donde está preso el auditorio, el hombre con estilo gana sabiendo que la gente elige no saber, por pereza y el periodista que no lee, en verdad no sabe lo que se pierde.

Actualmente la información está mediada por intereses, ahí es donde el infierno se multiplica y la obligación de la gente con buen estilo es recuperar la información fiable, tener capacidad para distinguir la realidad de la ficción y buscar la tierra prometida, como Ben Gurion en Israel ante los ingleses y con los palestinos tocando la puerta, golpeando a la caprichosa dictadura sentimental.

Escribir es entrar a donde nadie te ha llamado y uno corre el riesgo de ser rechazado en el muro de Trump, porque solo porta una bandera con la verdad vestida de palabras, dispuesta a enemistarse con su entorno al desnudarse. La gente no acepta evidencias y realidades, no se da cuenta de que le fabrican mitos y los medios facilitan la proliferación de las noticias falsas.

El futbol que nos hicieron esperar antes de los clásicos más recientes, solo existe en su imaginación. En el regiomonte lo que vio fue la fiesta del forcejeo, un primer tiempo para dormir y luego algún aporte para dos gritos aislados. En el Azteca solo se ratificó que a Chivas no le basta el viejo prestigio para la exigencia actual. Total, en previo nos hablan de un futbol ya desparecido.

Igual en CU, Santos mostró la cara de quien anda pisando las tinieblas y fue domesticado por un equipo de obreros y les pareció pesar la doble fecha, pues sus hombres eléctricos estaban desconectados, porque González perforó la roca por persistente y afortunado, no por muy dotado. Mientras Almada se fue con tarjeta roja iba meditando que éste futbol es cada vez menos libre.

Estos nuestros tiempos tecnológicos, tan propicios a la soledad y a la desolación, nos dan días de rebelión, pasiones tristes, enfado y revancha pues sabemos que ante la amenaza de la mentira el antídoto sería crear una sociedad más culta, por lo tanto solo queda promover y cultivar el estilo, sabiendo en la lucha que la excelencia no es una habilidad, es una actitud.

Alejandro Tovar

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