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EDITORIAL

Prostitución

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 19 de septiembre 2019, actualizada 9:04 am


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La prostitución está presente a lo largo de la historia; desde la existencia del ser humano en la tierra.

Es "la actividad u ocupación de la persona que tiene relaciones sexuales por dinero y/o quien lucra con la sexualidad humana (proxenetas)".

Durante mucho tiempo (desde la edad media hasta las últimas fechas) fue administrada por las autoridades en los propios estados. La consideraban una medida de control del abuso sexual y medida de protección para las personas "decentes"; para ello, llegaron a crearse verdaderos barrios, hasta ciudades, donde se promovía la actividad, siempre buscando el beneficio económico.

En La Laguna, tenemos varios prostíbulos de diferentes ofertas económicas, algunos ahora están operando disimulados como casa de masaje. Hasta llegamos a contar con una 'zona de tolerancia', que un presidente municipal desintegró (buscando votos más que por moralidad) permitiendo que la práctica se esparciera por toda la ciudad, particularmente en el centro comercial. Continúa el fenómeno en diferentes puntos, ahora agregada la prostitución masculina.

Es uno de los abusos sociales más graves, ejercidos contra individuos que carecen de recursos personales para valerse por sí mismos o que, por su fragilidad emocional e intelectual, encuentran en ello un medio de sobrevivencia.

La palabra proviene de 'protistuiere' (exhibir a la venta) 'prostitutio' (el que la ejerce) y ya en el Código de Hammurabi se mencionan las reglas para su ejercicio, lo que nos orienta en la antigüedad del fenómeno. Por ser abuso, me opongo a calificarlo como trabajo.

El Antiguo Egipto, lo vivió en casas dedicadas a la atención de militares, viajeros, comerciantes y otros interesados en el acto pagado: Cleopatra es acusada de manipulación de la sexualidad con fines políticos. Judea no fue excepción y se mencionan casas de huéspedes que ofrecían fiestas y servicios carnales (injustamente se acusa de ello a María Magdalena).

Los griegos contaron con las hetairas, con sus subdivisiones según nivel económico de la clientela, hasta llegar a las sagradas del templo; los romanos legislaron al respecto, por considerarla una actividad inmoral, aunque su control fuera intencionalmente débil.

Tampoco fueron raros los practicantes del comercio carnal en el medioevo, cuando era considerada como 'un mal necesario', limitándola a zonas de las ciudades y casas señaladas para esos fines, a las que se asistía con plena responsabilidad del conocimiento. El ejercicio de las cortesanas prostituidas es de sobra conocido por novelas y películas.

Entre los pueblos precolombinos también se presentaba, a veces promovida por los propios emperadores aztecas que lo consideraban como uno más de sus derechos divinos y conveniente para el desahogo de castas militares y nobles.

Desde entonces y por largos siglos, la prostitución se consideró conveniente, tanto para no erradicarla como abuso humano, por considerarla 'mal menor para evitar mal mayor', 'pecado humano irrefrenable' y como 'protección a la virginidad de doncellas y mujeres respetables'

Acabar con la prostitución se concebía imposible, dado lo inevitable del pecado y por su papel de mal necesario, que evitaba 'que el deseo irrefrenable de los varones fuera en contra del honor de doncellas y las mujeres respetables'. Además creían que ¡evitaba la homosexualidad!

En la mitad del siglo anterior, las casas de citas fueron medio para la práctica de actividades sexuales ´fuera de la vista de la sociedad'; los viejos, narran las anécdotas de 'la bandida', administradora de una de ellas, casa lujosa, visitada por personajes prominentes. A la regenteadora le notificaron el pago de impuestos (en tiempos de Plutarco Elías Calles ) y su respuesta pasó al anecdotario nacional:

- Sí, -dijo ella - que les compartan la mitad de lo que nos entre.

Es interesante revisar que en casi todas las civilizaciones históricas, la prostitución es penalizada con desprecio social y en ellas, los proxenetas (personas que inducen a otras a ejercer la prostitución y se benefician con las ganancias económicas que se obtienen de esta actividad) fueron mal vistos, hasta las últimas decenas de años, en que se les considera 'empresarios' mancillando el significado de la palabra, apoyándose en la doble moral que nos somete y en los politiqueros permisivos.

Hoy día es lucrativo negocio para algunas televisoras y empresas de comunicación; descaradamente producen y promueven programas pornográficos; la novedad: 'el juego de las llaves', todos promoviendo el abuso, particularmente contra la dignidad femenina y la sana sexualidad.

La postura sobre el tema varía en países y las diferentes culturas; en el mundo posmoderno, incluidos nosotros, se ha transformado en libertinaje generador de dinero para los pocos (otro ejemplo) sin contención de las autoridades.

Simulan buscar soluciones a crímenes sociales con connotación sexual, caso de violaciones y feminicidios, pretendiendo ignorar la promoción de tales delitos dentro de los hogares invadidos con pantallas de televisión y computadoras, sin defensa efectiva de los menores.

¿Hasta cuándo detendrán a esos proxenetas electrónicos?

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