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EDITORIAL

Homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
viernes 13 de septiembre 2019, actualizada 7:29 am


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"Sabíamos que estábamos enfrentados no sólo con prácticas ya muy arraigadas, sino que empezábamos a enfrentarnos con el sistema mismo y con el Presidente de la República. La decisión fue seguir hasta donde fuera necesario".— Cuauhtémoc Cárdenas

Quien pretenda adjudicarse la propiedad intelectual de nuestra cultura democrática habita en el error y peca de soberbia. Los triunfos y conquistas de la transición son resultado del esfuerzo de millones. Se trata de una gesta permanente y con cariz ciudadano. La democracia no es privativa de un membrete, grupo o expresión política: nace, vive y se nutre de lo colectivo.

Actualmente, los próceres no existen y quien busque hallarlos en una figura en particular, terminará arando en el desierto. En el siglo veintiuno, si pese a los retrocesos de la tentación populista continuamos por la senda democrática, será gracias a las mayorías ciudadanas, organizadas, que levantan la voz cuando es necesario. También se deberá a liderazgos que surgen cuando las turbulencias del presente y enormidad de los retos son impostergables y de urgente resolución.

Vivimos tiempos de polarización donde abundan los estilos particulares de gobernar, las hordas de fanáticos vanagloriándose y haciéndonos creer que existe dignidad en el culto a la personalidad; habitamos un entorno que muchas veces despide un tufo al pasado y donde algunos pretenden reescribir a conveniencia nuestra historia. Hoy, en México asistimos a una suerte de restauración del culto al presidencialismo, pero de la misma forma hacemos lecturas rudimentarias y poco realistas que todo ven a partir del negro o el blanco, jamás desde los matices. La justa medianía ha sido condenada al fracaso.

En política parece como si sobre la razón imperara la pasión, cuando todo lo miramos, ya sea desde el fatalismo desbordado o a partir del falso triunfalismo que no admite yerros. Sin embargo, el martes quedó demostrado que reunir a todo el espectro político en torno a una misma causa, es todavía posible. No se puede soslayar el poder de convocatoria de Dante Delgado.

Delgado, coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano en el Senado de la República, hiló fino e invitó a destacadas figuras a rendirle homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas. Fue un acto de elemental justicia y reconocimiento a quien es merecedor de una fiesta cívica organizada por todo lo alto. Sin hipérbole, cuando hablamos de Cárdenas estamos obligados a reconocerle su estatura, no sólo política y moral, sino también por ser una de las piedras angulares de la transición democrática en México.

Varios, quizá por omisión, quizá por celos, tratan de escatimarle al Ingeniero Cárdenas tal dimensión y estatura. Él, cauto, mesurado y de naturaleza sencilla, no posee ni es víctima de los complejos de importancia a los que a menudo sucumben nuestros políticos. Por ello, Cárdenas jamás pierde el tiempo en discusiones estériles o queriendo encontrar su sitio en las páginas de la historia. Ya lo tiene.

Esta semana quedó demostrado que la vida, obra y legado de Cárdenas trasciende a varias generaciones. Lo sé porque ahí estuve, durante el homenaje, y me topé no sólo con distinguidos representantes sociales, sino también con jóvenes que quizá no vivieron o recuerden a detalle el universo que abarcan las más de ocho décadas de vida del Ingeniero, pero que sí sopesan y valoran la que quizá sea su cualidad más visible: la congruencia.

En un mundo donde la sintonía entre los dichos y los hechos es cada vez más escasa, cualquier joven deseoso de forjar un presente y labrar el futuro a partir de los valores torales que distinguen al ser humano de las bestias, a la grandeza de la insoportable levedad de lo mediocre, sin duda habrá de encontrar inspiración y ejemplo en el Ingeniero Cárdenas.

"Lo único que lamento es que no haya sido Presidente de la República. El país estaría mejor", dijo Francisco Labastida en su discurso durante el homenaje a Cárdenas. Quizá el hubiera no existe, pero sí la altura de miras y la generosidad de llamar al pan, pan, y al vino, vino, y darle crédito a quien lo merece. Eso hizo Labastida al hablar de Cárdenas, su competidor en la elección del 2000 y eso, precisamente, también habla muy bien de él.

@patoloquasto
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