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EDITORIAL

Perpetuadores y perpetradores

CATALINA PÉREZ CORREA
jueves 22 de agosto 2019, actualizada 7:28 am


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Pasé junto al Ángel de la Independencia con la esperanza de ver cómo había quedado después de la marcha feminista del viernes pasado. El monumento ya estaba oculto, había sido cercado. Solo la frase: "México feminicida" podía leerse sobre una de las vallas de madera. En Twitter seguían apareciendo imágenes de la marcha, las pintas, vidrios rotos, historias personales de violencia sexual, opiniones en defensa o en contra de la manifestación, y cifras escalofriantes sobre la violencia en contra de las mujeres en México.

Según el SESNSP se han abierto 448 investigaciones por feminicidio este año. De enero a junio 1,364 mujeres fueron víctimas de homicidios dolosos. Solo en junio hubo 1,198 carpetas de investigación abiertas por violación (40 al día, y eso que solo se reporta 6 % de los casos). Este año 34,463 mujeres han sido víctimas de lesiones dolosas. Mayo rompió récord con 7,318 casos. Hagan las cuentas para dimensionar el tamaño de fenómeno.

Esta realidad se agrava con las autoridades perpetuadoras y perpetradoras de la violencia. Las primeras voltean la cara con desinterés, las otras participan abiertamente. Usando los datos de la Encuesta del Inegi a población privada de la libertad (ENPOL), el World Justice Project, concluyó que 8 de cada 10 mujeres fueron torturadas durante su detención. De estas, 11 % fueron violadas durante el arresto y 8 % en las oficinas de la fiscalía. Usando los mismos datos del Inegi, Carolina Torreblanca y Estefanía Vela, muestran qué autoridades cometen más violencia contra las mujeres. 40 % de las mujeres arrestadas por la Marina y 21 % de las arrestadas por el ejército afirmaron haber sido violadas. Entre 9 % y 14 % afirma lo mismo para las distintas policías. En otras palabras: #NoNosCuidanNosViolan.

Las mujeres conformamos más de la mitad del país, pero la violencia en contra de nosotras no parece prioridad. Primero hay que resolver la violencia entre los hombres. En foros sobre seguridad, se habla siempre de violencia de género en la mesa final, ya sin hombres, como si fuera un tema marginal, para mujeres. En las mañaneras, se habla de violencia y mujeres por el rol que nos toca como madres, para que nuestros hijos no delincan o consuman drogas. Mientras tanto, diario somos asesinadas, desaparecidas, violadas o lesionadas.

Como mexicana, me considero privilegiada por estar viva y porque ni en mi casa ni en mi trabajo sufro hoy violencia de género. Pero ser mujer en México, es estar expuesta a la violencia cotidianamente y de distintas formas. He estudiado y trabajado en otros países y, aunque siempre sé que debo tener cuidado, las calles de México son especialmente violentas. Aquí no puedo vestir la misma ropa que uso en otros lugares. Especialmente en ciudades grandes, si uso shorts o falda corta y camino por la calle, los chiflidos y los acercamientos están casi asegurados. Procuro no usar vestidos cortos si voy a caminar sola en la calle, y usar taxis si mis rodillas están descubiertas. Tampoco es que usar pantalones garantice algo. El día que un hombre se paró atrás de mí en el metro para masturbarse, yo traía jeans. El día que otro nos siguió a mi hermana y a mí de la escuela primaria a la casa, enseñándonos su pene, traíamos el uniforme de deporte de la escuela. Distintos hombres me han manoseado en el metro, agarrado en la calle e incluso golpeado, por ser mujer y porque pueden.

Menospreciar el movimiento actual diciendo que es parte de una campaña de desprestigio político es no entender nada. No se trata de sus partidos señores(as) políticos(as). Decir que el fondo es legítimo pero la forma no, es mezquino. Esta es la tercera ola, tras dos intentos anteriores, por hacer visible la insoportable realidad. En el primero, #miprimeracoso, cientos de miles de mujeres narraron en redes sociales los primeros abusos sexuales que vivimos desde niñas. En el segundo, #metoo, miles relataron historias de acoso en el trabajo y en la escuela. Si la protesta violenta les molesta, es hora de ver el fondo: la lucha es por nuestras vidas.

Twitter: @cataperezcorrea
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