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Columnas Social

Ensayo sobre la cultura

LA DIALÉCTICA DE LA EDUCACIÓN

JOSÉ LUIS HERRERA ARCE
lunes 12 de agosto 2019, actualizada 8:58 am


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Hay una costumbre muy arraigada en nuestra cultura de que las generaciones escolares se reúnan para conmemorar viejos tiempos. A veces, se invitan a los viejos profesores que significaron algo en nuestra formación. Por lo general, se discuten las bondades o las deficiencias de los sistemas que sufrimos y también se enfrentan a los métodos actuales que se aplican en las familias y en las escuelas.

En mi caso, la conclusión en la que muchos estamos de acuerdo es la de que nos enseñaron a pensar. Especifico: Mi educación fue con los jesuitas y parte de la metodología era que el estudiante aprendiera a pensar y pusiese en crítica las nociones aprendidas. Si la escuela es la adaptación de las nuevas generaciones a los parámetros culturales de la sociedad, resulta dialéctico que el mismo sistema te proponga criticar las nociones aprendidas poniendo en riesgo la aplicación de las normas que te intentan imponer.

La explicación, para mí, es muy sencilla. La sociedad y la cultura son dinámicas, están en constante cambio. Al mismo tiempo, la sociedad se basa en las tradiciones que de alguna manera u otra tienen que adaptarse a los tiempos actuales. En la filosofía, podemos representar las dos tendencias en Parménides y en Heráclito. El primero proclamaba al uno como si fuera el todo y el segundo representaba en el fuego el constante cambio. De una manera o de otra, las dos tendencias se han enfrentado en la evolución del mundo. Jamás se llega a la última respuesta porque siempre habrá un nuevo dato que nos venga a cambiar el panorama. La física nos ha dado la muestra: ¿Dios juega a los dados? De Newton a Einstein y a la física cuántica, son tres saltos que han cambiado diametralmente nuestra comprensión del universo.

En la cultura, la última palabra nunca está dada: la ciencia parte de las teorías que es una manera de explicar los fenómenos, hasta que no llega una teoría nueva que la crítica y la invalida dando una nueva explicación. Esta es la forma en la que funciona la ciencia. Hay teorías que desaparecen porque ya no son aceptadas como explicación y hay otras que no se pueden desechar de todo. Por ese motivo, el estudiante debe de aprender a pensar, si un día quiere ejercer como investigador. Al pensar debe de criticar para seguir avalando las teorías existentes o desecharlas y salir en búsqueda de nuevas teorías que sean más funcionales.

Las sociedades que se vuelven herméticas y no evolucionan, siendo totalitaristas, al final mueren, se destruyen a sí mismas. Esa es la gran diferencia entre la Rusia comunista y la China Comunista: la segunda evolucionó aceptando ciertas reglas del juego capitalista y de esta manera se convirtió en una de las potencias económicas mundiales, la segunda desapareció con la caída del muro de Berlín.

El proceso educativo debe de enseñar a pensar a pesar de los riesgos que se puedan correr en el camino. Las sociedades que imponen todo y no permiten que las nuevas generaciones desarrollen su intelecto se vuelven en sociedades anodinas que ponen en juego la seguridad del mundo. Cuando no te abres a los otros y sólo piensas en tu beneficio personal, acabas con el grupo y contigo mismo. La ecología es lo que nos enseña, la dependencia del todo con cada una de sus partes. Cuando el mundo ecológico es violentado, se autodestruye. Una cosa depende de la otra y por no fijarnos, destruimos a la naturaleza, provocamos el cambio climático y la destrucción de la tierra. A los grandes capitales esto les interesa muy poco porque va contra sus intereses inmediatos.

Nos educamos para vivir en comunidad con todo y crítica. Lo malo, en nuestros días, es que ya nadie cree en los valores que debería de producir la educación y al convertirnos en individualistas pensamos que nos podemos salvar nosotros sin los otros. El individualismo no hace sociedad; ahora, los estudiantes, ni siquiera valoran el trabajo de grupo, se reparten el trabajo individualmente, pero no cumplen el cometido del proceso puesto que evitan la discusión, vital para el aprendizaje. Manejan mal la parte porque no comprenden el todo.

Ya decíamos en el artículo pasado que el orgullo era importante en el proceso. El uniforme es parte de ese orgullo porque es un símbolo de pertenecer a un grupo. Al individualizar las personalidades, nos despegamos de los grupos, y entonces, cuando los intereses se enfrentan, el yo va en contra de la sociedad. Esa es la mecánica de la inseguridad vivida en los últimos años en la región y el país, lo mismo que en la vida política. Trastornamos nuestra ecología social, física y cultural.

Insisto: Sin agua, no hay nada.

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