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EDITORIAL

Verdades y Rumores

EL AGENTE 007
miércoles 31 de julio 2019, actualizada 7:34 am

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Y los que saben leer las cartas en la política han empezado a percibir ese fino tejido con el que el gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme, le ha empezado a poner un “estate quieto” al clan de los Moreira. Como recordará, mi estimado lector, en días pasados el “enérgico” combate a la corrupción de la Cuarta Transformación revivió de nueva cuenta algunos detallitos oscuros del caso Ficrea, que mucho escozor causó, y que en sus tiempo como mandamás de la provincia coahuilense el ‘exgóber’ Rubén Moreira tapó al más viejo estilo de los sepultureros de panteones ejidales, aunque hoy aparece nuevamente la posibilidad de castigar a los autores del “ficreazo”, cuyo daño patrimonial supera por mucho los 126 millones de pesillos. Claro, esto a raíz de que el poderoso Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI) dictaminó la reapertura de los archivos que consignan los créditos fraudulentos que en su momento Javier Villarreal, extesorero del profe Humberto Moreira, contrató a sus anchas y que en su tiempo la procuraduría estatal a cargo del hoy flamante magistrado Homero Ramos decidió decretar el no ejercicio de la acción penal.

Pues resulta que ahora el tema se encuentra en manos del fiscal de hierro Gerardo Márquez; con la reapertura del caso los dardos venenosos podrían alcanzar a más de diez excolaboradores de don Rubén. Nuestros subagentes, que todo lo oyen, nos comentan que don Rubén Moreira sigue insistiendo en meter las narices en el actual Gobierno, cosa que ha molestado harto al ‘góber’ Riquelme, al punto de que ya se rompió la tregua y la cordialidad que hasta hace unos días, al menos en apariencia, era del dominio público. Sin embargo, poner sobre la mesa de nueva cuenta el caso Ficrea no deja de ser una oportunidad para que el ‘góber’ Riquelme se deshaga de una vez por todas de su antecesor, como en su momento lo hicieron otros mandatarios, incluyendo al mismísimo y desmemoriado Rubén Moreira. La cosa es que estos días serán de suma tensión, sobre todo por la expectativa que ha generado la forma en la que resolverán el asunto el fiscal Gerardo Márquez y el tan cuestionado fiscal anticorrupción Homero Flores Mier, quien tiene la oportunidad de reivindicarse con el vapuleado pueblo coahuilense, que entre desfalco y desfalco de los dos sexenios Moreira ya hasta perdió la cuenta de tantos millones desaparecidos.

Nuestros subagentes, disfrazados de cámaras descompuestas de los C4 en Coahuila, nos reportan que donde ya se cocina otro cambio es en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. Según parece, quien será sustituido es el bien parecido, pero poco efectivo jefazo José Luis Pliego Corona, luego de que fuera más el ruido que las nueces que ha producido el flamante secretario. Dicen que esto hace parte de una serie de cambios que planea el gobernador Miguel Riquelme para darle una limpia a los cuerpos de policía. Y, según las malas lenguas, quien entrará al quite es nada más y nada menos que un damnificado de la Cuarta Transformación; se trata de César García Nuño, quien fungió como director de la Policía Federal en Coahuila durante el sexenio pasado, un funcionario que a pesar de ser de los pocos elementos de esa corporación que tienen fama de honestos y capaces, pasó a vivir en el error con la actual administración, sin embargo, por la experiencia adquirida cuando estuvo al frente de la corporación en los tiempos más difíciles para Coahuila fue tomado en cuenta para exigirles a los muchachos de la seguridad estatal que se pongan las pilas y no bajen la guardia ante los embates que realizan un día sí y otro también los traviesos. Al parecer don José Luis no solo no ha dado los resultados esperados, sino que se muestra esquivo con la incómoda prensa que lo cuestiona y poco cooperativo con sus compañeros de gabinete, entre muchos otros detallitos que acabaron por decepcionar al mandamás coahuilense.

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Como un balazo en el pie fueron consideradas las declaraciones que dio el jefazo de Transporte Público en Torreón, Edmundo Castañeda, quien además de echarle la bolita al Gobierno del estado sobre las condiciones actuales en las que operan en la ciudad las unidades de transporte público, entiéndase camiones, se le ocurrió decir que el Municipio realizaba operativos de revisión a diario y que sus muchachos muy madrugadores empezaban su ardua tarea desde las cinco de la mañana y supervisaban que los autobuses salieran a recorrer las rutas limpios y sobre todo en buenas condiciones mecánicas, aunque el mismo reconociera que más de la mitad de estos vehículos superan la norma oficial de antigüedad y sobrepasan los doce años. Nuestros subagentes, disfrazados de inspector desvelado, nos informan que lo extraño es que muchos usuarios se empezaron a preguntar de cuáles autobuses hablaba el funcionario, porque con lo que se encuentran quienes a diario tienen que llegar a su trabajo o escuela en el vapuleado sistema público de transporte es con unidades en condiciones precarias, sucias y en muy mal estado, sumado al mal trato de los operadores y su terrible forma de conducir. Según don Edmundo, fue el Estado quien les dio a los transportistas la posibilidad de operar con unidades de hasta 15 años de antigüedad, aunque en un lapsus al funcionario se le olvidó que fue la administración de su jefe, el alcalde Jorge Zermeño, la que autorizó el incremento del pasaje de 11 a 13 pesos, sin exigirles a los concesionarios invertir en mejorar el servicio; por el contrario, al flamante director le salió su lado caritativo diciendo que el Ayuntamiento entendía que los camiones nuevos eran muy costosos y por eso sus dueños no los renovaban, como si no fuera un modelo de negocio, por cierto, harto lucrativo durante muchos años por la falta de exigencia en la modernización de las unidades.

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Y es que, según parece, los funcionarios municipales se están volviendo expertos en lavarse las manos, ya que luego de que en las inestables redes sociales se balconeara a un par de vendedores despachando cerveza desde una tina en condiciones poco ortodoxas, por decir lo menos, en pleno Territorio Santos Modelo, el siempre confundido director de Inspección y Verificación del Ayuntamiento de Torreón, Rolando Anaya, solo atinó a decir que eso era un tema de la Profeco o en todo caso de la Jurisdicción Sanitaria, que pertenece al Gobierno de Coahuila, que cuando mucho él recomendaba mejor tomar la cerveza en bote y bien helada, pero de ahí en más que el Municipio tenía al estadio de futbol como una especie de zona franca adonde no podían llegar, que máximo ellos inspeccionaban a los vendedores ambulantes alrededor del estadio y que solo entraban si había un buen clásico, de preferencia con el América o las Chivas, pero jamás de los jamases a inspeccionar los horarios, condiciones o aplicación de las licencias, aun cuando son expedidas por las autoridades municipales. La cosa es que pa’ pronto el video causó todo tipo de reacciones, y no es para menos si se tiene en cuenta que el TSM es uno de los lugares donde más costoso sale tomarse una cerveza, razón por la que le llovieron todo tipo de comentarios a través de las redes, sin que ninguna autoridad municipal, o federal se pronunciara al respecto, nuestros subagentes sedientos anoche en pleno estadio nos reportaron que los que se presentaron previo al juego del Santos con Correcaminos para clausurar algunos refrigeradores fueron las autoridades de la Secretaria de Salud del Estado, claro, a petición del propio club deportivo.

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Por más que la alcaldesa electa de Gómez Palacio, Marina Vitela, se esfuerce por convencer a las autoridades federales de la Cuarta Transformación que su pasado priista quedó atrás y que ahora sus convicciones están con Morena, no ha logrado siquiera un acercamiento con la dirigencia estatal de su partido. Nuestros subagentes, infiltrados en las filas de la 4T en la capirucha del smog, nos reportan que son ya varias las veces que se ve a alguna comitiva de la hermana república de Gómez buscando un acercamiento con el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Ricardo Mejía Berdeja, a quien han apelado por el solo hecho de ser lagunero, sin tener en cuenta que el funcionario cercano al jefazo Alfonso Durazo tiene mucho tiempo alejado de las grillas regionales, luego de haber sido diputado en Coahuila. La cosa es que doña Marina sigue con la estrategia de la invisibilidad y, a pesar de que ya tiene los nombres de quienes la acompañarán durante los próximos tres años al frente del Municipio lagunero, ha preferido esquivar a los medios, en parte, porque dicen sorprenderá al público con una lista de funcionarios más cercanos al Partido Revolucionario Institucional que al partido por el que fue electa. ¿Será?

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