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Cultura

El cine al rescate de Cuatro Ciénegas

SAÚL RODRÍGUEZ
TORREÓN, martes 23 de julio 2019, actualizada 9:51 am

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Hace aproximadamente 15 años, Valeria Souza y Luis Eguiarte, investigadores de la UNAM, arribaron a Cuatro Ciénegas para estudiar la vida que poblaba las aguas del valle. Sus ojos han visto cómo este ecosistema se ha escurrido dramáticamente por la tierra.

En 2013, Valeria Souza le pidió al periodista y cineasta David Jaramillo, realizar un libro sobre el valle de Cuatro Ciénegas. El documento debía tomar cartas de diferentes perfiles como habitantes de la zona, estudiantes del CBTA 22, artistas, periodistas y científicos de todo el mundo.

También se contempló la inclusión de material fotográfico para ilustrarlo, fue así como paralelamente se inició el proyecto de un largometraje documental de 71 minutos y que vio su estreno a mediados de 2018.

En entrevista para El Siglo de Torreón, David Jaramillo compartió que para la grabación de este material realizó nueve viajes a Cuatro Ciénegas durante tres años y medio. En su odisea, exploró las riquezas biológicas, los factores sociales y revisó las posibilidades del cambio que se puede generar para el rescate del paraíso coahuilense, que en los últimos 40 años ha perdido más del 90 por ciento de su humedal.

El documental muestra la necesidad del suministro del agua por parte de los ejidatarios y los abusos de la agroindustria que utiliza métodos no sustentables para regar sus cultivos día y noche sin parar, a través de pivotes centrales.

"También damos a conocer el punto de vista de los alfalferos de Cuatro Ciénegas, que a pesar de que aparentemente el ejido es más pequeño que la industria, abogan por usar un canal de riego revestido y abierto al cielo en época de canícula, lo que facilita la evaporación de miles y miles de litros de agua a través de 18 kilómetros desde la poza de la Becerra hasta el ejido de Ciénega".

El documental también aborda la esperanza que late en el corazón del valle y trata de asentarse en la educación a las nuevas generaciones a través del arte y la ciencia. Por ello, físicos de la UNAM colocaron en el lugar un laboratorio de ecología molecular destinado a los hijos de los alfalferos y demás jóvenes de la región, con el fin de cambiar la perspectiva de vida ante la realidad que azota a una Cuatro Ciénegas herida de muerte.

"Nadie va a cuidar lo que no conoce. Este es un proceso de transformación a través de la educación. La película muestra democráticamente el punto de vista de todos los escenarios y de todos los personajes".

El documental Cuatro Ciénegas de David Jaramillo fue estrenado en 2018 durante el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG). Recientemente fue seleccionado para participar en el Ecozine Film Festival de Zaragoza, España.

EN PELIGRO

Además del macrocidio ecológico que supondría la desecación total de Cuatro Ciénegas, con la desaparición de miles de especies endémicas de flora y fauna (como la tortuga bisagra), también se esfumaría una esperanza que podría auxiliar en problemas ambientales a futuro.

Las investigaciones de la doctora Valeria Souza han destapado la presencia de microorganismos ancestrales en el cada vez más visible fondo de las fosas. Según los estudios de Souza y lo recolectado por Jaramillo, estos estromatolitos podrían ayudar a limpiar desastres ecológicos como lo ocurrido en el mar de Cortés con el derrame de ácido sulfúrico de Grupo México, ya que son organismos que han sobrevivido durante miles de años. "Estos microorganismos datan del precambrico y no se encuentran en ninguna otra parte del mundo".

Por ello, David Jaramillo no quita el dedo del renglón y ha vuelto a Cuatro Ciénegas para revisar los últimos detalles de la publicación del libro que detonó su trabajo de investigación. Éste será un coffee table donde se mostrarán 50 cartas de todas las personas involucradas en el caso del valle de Cuatro Ciénegas. Asimismo, buscará plasmar la parte emocional y sentimental por parte de los habitantes.

"Tal vez éste es el método para dar a conocer la riqueza biológica y ecológica que tenemos que cuidar de este tesoro natural que se ha conservado".

En su recorrido, el cineasta aprovechó para tomar fotografías en la poza de Los Güeros, que pertenece al sistema Churince. Se plantó frente a la montaña, disparó su cámara y lo que retrató fue un paisaje desolado donde apenas en 2013 había una laguna que oleaba tras la caricia del viento.

En la fotografía se percibe un 75 por ciento de desecación. Se alcanzó a observar cómo los estrematolitos se están desecando, al igual que los tapetes microbianos se van volviendo lodo para después pulverizarse.

Jaramillo denunció que CONAGUA no ha tomado cartas en el asunto y alertó que la arena en el reloj de Cuatro Ciénegas cada vez cae con mayor rapidez.

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