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Columnas Social

Circunstancias

El dilema del libre albedrío

MTRO. FRANCISCO PINEDA
jueves 18 de julio 2019, actualizada 9:38 am


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"El hombre puede hacer lo que desea, pero no lo que quiera". Arthur Schopenhauer, filosofo alemán (1788-1860).

A pesar de investigaciones psicológicas y neurológicas sobre el libre albedrío, además de las tradicionales posturas filosóficas, aún no se tiene un buen consenso sobre su existencia. De ahí su dilema.

Con cierta frecuencia, he observado personas dialogar sobre el término libre albedrío, y me he dado cuenta que algunas de ellas lo utilizan como sinónimo de libertad o fuerza de voluntad. Sin embargo, la palabra tiene un significado más específico y profundo. Tradicionalmente, el libre albedrío ha sido un tópico dominado por los campos de la filosofía y la religión, pero en la actualidad, ha sido abordado por la psicología, y la biología con sus perspectivas genéticas y neurológicas. La Real Academia Española define al libre albedrío como "potestad de obrar por reflexión y elección", es decir, tener el poder de hacer lo que uno desee al presentarse la opción. A diferencia de la voluntad que consiste en la fuerza para hacer lo que se quiere hacer, el libre albedrío se puede definir como la libertad de la gente para hacer lo que quiere hacer.

El británico Christian List, filósofo y catedrático de London School of Economics, y autor de artículos sobre el libre albedrío, explica que este es un "fenómeno de alto nivel" que no puede ser entendido en términos de las ciencias de la Física como la Economía o la Ecología, y que "sobreviene" o sucede en forma improvisada (J. Horgan, junio 2019, Scientific American). En su opinión, existen académicos que niegan el libre albedrío como resultado de la popularidad de la perspectiva reduccionista del mundo científico que ve las cosas como procesos físicos y materialistas, por ejemplo, el funcionamiento del cerebro.

Por otro lado, el Dr. Sam Harris, neurocientífico de UCLA y autor de artículos y libros sobre libre albedrío y moralidad, afirma que nuestra voluntad no depende de nuestros deseos, ya que nuestras intenciones y pensamientos en general surgen de factores de los cuales no estamos conscientes, por consiguiente, no tenemos control sobre muchas de nuestras conductas. Para el Dr. Harris, el libre albedrío es una ilusión, o concepto imaginario, porque nuestras conductas están determinadas por una estructura cerebral que rige nuestros pensamientos y conductas. Nos describimos como personas libres porque sentimos que tenemos opciones para escoger, pero en realidad, nuestros procesos ya están predeterminados por una función cerebral.

Para ilustrar estos puntos de vista, utilizaré una experiencia personal. En una mañana fría y nublada de un domingo de diciembre de 2017, me detuve a observar a un hombre enfrente de la Plaza de Armas de Torreón. La persona hablaba consigo mismo como si estuviera discutiendo con otra persona. El hombre parecía molesto al estar posiblemente sufriendo alucinaciones auditivas, o sea, escuchando voces que sólo el podía escuchar. Además de ver esta situación como un caso de enfermedad mental, reflexioné sobre la capacidad del hombre para controlar su experiencia psicótica. ¿Hasta que grado la persona tenía la libertad de poner un alto a las voces que escuchaba y reconectarse con la realidad? ¿Hasta que grado su cerebro estaba en control de su conducta? ¿Donde estaba su capacidad de libre albedrío? Es decir, su libertad de eliminar los síntomas de su condición mental.

Existen muchas otras circunstancias en donde estamos predeterminados a actuar de cierta manera debido a influencias de tipo biológico, como son algunas enfermedades, para las cuales desafortunadamente aun no existe remedio. Sin embargo, este concepto determinista tiene sus problemas, ya que algunos lo utilizan como excusa para justificar adicciones u otras desviaciones de conducta. Algunos psicólogos y psiquiatras lo ven como un concepto que obstaculiza efectividad en ciertos tratamientos, por ejemplo, el caso del alcohólico quien ve innecesario un tratamiento debido a su predisposición hereditaria. Admitir que el libre albedrío existe tiene sus ventajas porque de acuerdo a este concepto una persona tiene la capacidad de elegir, por consiguiente, es capaz de controlarse y ser responsable de sus actos.

No hay duda que muchas conductas son predeterminadas, pero también es importante admitir que el libre albedrío nos permite tener la capacidad de controlar nuestras circunstancias externas y algunas de nuestras capacidades mentales. El dilema reside en que tenemos opciones en el medio ambiente, pero nuestra conducta también está fuertemente influidas por factores biológicos. Un determinismo o un libre albedrío puro no me parece realista cuando se estudia la conducta humana. Así que, es mejor que utilicemos nuestro libre albedrío al enfrentarnos ante un suculento pastel de tres leches después de la cena. Gracias por su interés en esta columna.

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