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EDITORIAL

Apostar por el acuífero, no por la potabilizadora

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ
miércoles 17 de julio 2019, actualizada 7:24 am


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Durante los meses recientes, en particular desde el señalamiento presidencial que asocia la cuenca lechera lagunera con la presencia de arsénico en el agua del subsuelo, se viene debatiendo el ya añejo problema del agua en esta región, y digo añejo porque para muchos era conocido desde hace medio siglo y, si bien algunos académicos y ambientalistas hemos insistido sobre la necesidad de resolverlo, fue ese señalamiento externo lo que motivó entre la élite política y empresarial local la urgencia de atenderlo.

Al parecer todos coincidimos en el diagnóstico: el arsénico en el agua subterránea se origina en la sobreexplotación que se viene realizando, desde hace décadas, del acuífero principal, es decir, en la extracción que se efectúa del agua muy por encima de la recarga, según el último estudio técnico de disponibilidad de la Comisión Nacional del Agua (Conagua, 2018), se bombean 1,088.5 hm3 y solo se recargan 534.1 hm3, factor que ha contribuido en su contaminación. Pero no todos coincidimos en la solución.

Algunos creemos que no hoy, sino desde hace cuando menos una década, el problema, que ya ha sido suficientemente estudiado, debió atenderse por la Conagua, pero esta institución carece de capacidades institucionales para regular las extracciones y le apostó a la tecnificación del riego agrícola asignando importantes subsidios a los usuarios para que al tecnificar sus sistemas de riego ahorraran volúmenes de agua, pero no los obligó a medir esos volúmenes bombeados del subsuelo de modo tal que se desconoce el impacto de esta medida, en el mayor de los casos los usuarios agrícolas utilizaron los volúmenes ahorrados para ampliar sus superficies de cultivo y no para recargar el acuífero. Mucho dinero invertido y pocos resultados.

Esto condujo a que se agravara el problema como se observa en algunas mediciones de concentraciones de arsénico en el agua del subsuelo de hasta 90 veces más de lo establecido por la Organización Mundial de la salud como el estándar internacional de calidad de agua para consumo humano, o 36 veces más que el límite establecido por la Norma Oficial Mexicana. Cualquier persona que consuma agua en forma prolongada de esta fuente presenta un serio riesgo de exposición a su salud, no es agua potable porque está claramente contaminada.

Para fines de mayo pasado el coordinador de programas federales de Coahuila convoco a un foro sobre Agua y Desarrollo Sustentable, al parecer la intención era que los laguneros nos expresáramos con respecto a la problemática regional del agua y sus posibles soluciones. En el foro no se realizó discusión alguna, solo presentamos nuestras propuestas en varias mesas de trabajo, mismas que recogió un comité técnico que las analizaría y posteriormente nos comunicaría los resultados. A la fecha aún seguimos esperando.

Tal parece que el evento fue un ejercicio más de simulación, ya que antes de instalarse las mesas los secretarios de gobierno de Coahuila y Durango, así como el alcalde de Torreón, se pronunciaron por la construcción de una planta potabilizadora como la solución al problema, nos dieron a entender que asistíamos al foro a validar la solución escogida por quienes les informaron que era la mejor alternativa, pero no es así. Nos están diciendo que con la potabilizadora se termina el problema de sobreexplotación y contaminación del agua del subsuelo, cuando con esta obra lo que harán es potabilizar 120 hm3 de agua del río Nazas, volumen que actualmente se extrae del subsuelo para abasto de la población.

La potabilizadora suministrará agua sin arsénico a la población pero no implica frenar la extracción desmedida de agua del acuífero, los 120 hm3 no son suficientes para recargarlo además de que se proyecta continuar el bombeo en 76 hm3 para cubrir una demanda estimada de 196 hm3 en 2040.

La potabilizadora resuelve el problema urgente de suministro de agua sin arsénico para la población, lo hace dependiente de aguas superficiales (es decir, vulnerable a las sequías) pero la sobreexplotación del acuífero continúa, a menos de que se frene reduciendo la extracción ilegal de agua con una medición confiable a los volúmenes concesionados, es decir, que solo se permita bombear 647 hm3 y se recuperarán 441 hm4 que actualmente se roban usuarios, y son estos los que se oponen a establecer un sistema de medición telemétrica.

Algunos ciudadanos diferimos de los políticos y empresarios que promueven la potabilizadora, creemos que es una solución que evade el problema principal que es frenar la sobreexplotación de nuestro acuífero, que le debemos apostar a primero a recuperar este cuerpo de agua subterránea que es y será la más segura reserva de agua dulce para los laguneros, la que nos permitirá continuar realizando actividades económicas sostenibles (con menor demanda de agua que las actuales) y el abasto para la población.

Si hubiera suficiente dinero público o aportaciones privadas para ambas cuestiones, la potabilizadora y la medición telemétrica, que se lleven a cabo, aunque la segunda cuesta el diez por ciento de la primera, pero no lo hay y buscarlo mediante deuda no es la opción. Desde luego que no son las únicas alternativas ya que resolver esta problemática requiere una estrategia que contemple otras opciones como la recarga artificial del acuífero, la tecnificación del riego agrícola y la propia potabilización del agua superficial en menor escala y costo; la inversión de que pretende aplicar en la gran potabilizadora rendiría más si se aplica en varias opciones que verdaderamente se enfoquen en recuperar el acuífero principal.

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