24 de agosto de 2019 notifications
menu desktop_windows
EDITORIAL

El adiós de Urzúa

GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
domingo 14 de julio 2019, actualizada 8:46 am


Enlace copiado

Como balde de agua helada cayó la noticia. El por todos respetado y apreciado titular de la Secretaría de Hacienda, considerado símbolo de la moderación y el pragmatismo del nuevo gobierno, no solamente renunció, sino que lo hizo con una carta en la que no hay una palabra de sobra. Un texto que no tiene desperdicio.

Acusa Carlos Urzúa en su misiva algunas cosas que ya sabíamos o al menos intuíamos: diferencias irreconciliables con varios de sus coequiperos, la falta de oficio de otros y, para terminar de copetear la misiva, la acusación de algo que puede ser muy grave: el conflicto de intereses de alguien muy cercano e influyente en el ánimo presidencial.

Pero eso es lo relativamente secundario. El verdadero fondo de la renuncia, lo que en realidad debe inquietarnos, es un señalamiento implacable: la toma de decisiones de políticas públicas sin sustento en la realidad, en la evidencia. Un durísimo veredicto acerca de la manera en que el presidente López Obrador y su gobierno conducen no sólo la hacienda pública, sino sus principales proyectos.

La renuncia impactó más de lo que sorprendió, porque como señalé arriba, era de muchos conocido el distanciamiento entre Urzúa y algunos integrantes del más cercano círculo presidencial. Y el sobresalto ha sido aún mayor porque en México no se acostumbra ventilar las diferencias cuando un alto funcionario renuncia o es removido de su cargo. Fue el caso de Germán Martínez cuando renunció al IMSS, pero el impacto se moderó primero porque no era visto como químicamente puro por muchos en la Cuarta Transformación, y segundo porque aunque importante ese puesto, no se compara con la Secretaría de Hacienda.

Es de agradecerse la apertura y transparencia, pero será benéfico que muy pronto sepamos, ya sea por boca de Urzúa o por otros medios, a quién o quiénes se refirió en su misiva, porque lo único peor que señalar a presuntos responsables es dejar que la especulación tome vuelo y pueda salpicar a quienes no tengan vela en esta procesión.

A una semana de los festejos por el aniversario de su triunfo, la renuncia es al mismo tiempo un duro golpe y una oportunidad múltiple para el Presidente. La primera reacción fue venturosamente rápida y acertada: al proponer al subsecretario Arturo Herrera, quien goza de prestigio y representa continuidad en materia de política económica, López Obrador supo atajar rumores y conjeturas. Los mercados reaccionaron favorablemente.

Pero la verdadera oportunidad que se le presenta al Presidente es la de hacer ajustes, así sean modestos, al rumbo de sus políticas y, sobre todo, a dar una nada modesta sacudida a su equipo de trabajo. En lo primero caben pocas esperanzas: en su mensaje dejó muy claro que no habrá cambio ni de rumbo ni de forma.

Pero en el segundo aspecto, López Obrador está frente a una coyuntura inmejorable -y tal vez irrepetible- para sacudirse muchos lastres que le pesan a él y por lo visto también a muchos de sus mejores colaboradores.

Las llamadas "crisis de gabinete" son en realidad bandejas de plata para dejar ir a quienes por una u otra razón le restan eficacia y prestigio al actual gobierno. Y si de paso se limpia el ambiente ante sospechas de conflictos de interés, tanto mejor para el Presidente y para el país.

Carlos Urzúa le dio a López Obrador credibilidad y prestigio en un rubro en el que hace apenas un año existían comprensibles dudas. Fue un leal y dedicado secretario de Hacienda y sumó mucho más que otros de los cercanos a Palacio. Merece por ello respeto y reconocimiento.

Pero tal vez su mayor aporte fue la manera en que dijo adiós, diciendo verdades incómodas y pagando el costo de asumirlas. Ojalá su despedida no sea en vano.

Twitter: @gabrielguerrac
RELACIONADAS
COMENTA ESTA NOTICIA
Cargando comentarios...
Cargando más noticias...
Cargando tendencia...